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Cultura Razón

COVID-ismo, el fundamentalismo aceptable para la élite

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Escrito por Redacción R+F

El radicalismo COVID es visto como signo de ilustración y progreso, mientras que el escepticismo es visto con desdén por conservador y reaccionario.

En su último artículo para el portal Mercatornet.com, el profesor de filosófía Phillip Devine, señala tres características preocupantes que han aflorado en el manejo de la pandemia del COVID-19:

la presunción de “culpa”, la supresión de los científicos con opiniones disidentes y un ánimo antirreligioso exhibido por muchas autoridades civiles.

Mientras las iglesias se cierran con urgencia, licorerías (en Boston, Nueva York y en otras ciudades de izquierda), clínicas de aborto y otros comercios ha permanecido abiertos, al tiempo que se han impuesto restricciones a la libertad personal y sistemas de vigilancia, hasta hace poco impensables en países occidentales.

Claudia López ha encarnado esa posición radical en Colombia, culpando a toda la humanidad por la aparición del coronavirus, abogando por una cuarentena estricta y larga “hasta que haya vacuna“, apagando “nuestra economía hasta entonces” y cerrando las iglesias afirmando sin fundamento que son 500 veces peor que un día sin IVA.

“…tenemos que cambiar nuestros hábitos de vida, tenemos que desarrollar una nueva normalidad, entonces no habremos aprendido nada…Ese nivel de aglomeración, esa manera de consumir y vivir simplemente no es sostenible, ya nos lo decía la crisis climática…”

Claudia López

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López inclusive ha aprovechado la crisis pública para promover ridículas medidas feministas como el “pico y género” o al afirmar que había que convocar “en particular a las mujeres en la ciencia” para buscar soluciones.

En una sociedad que ha renunciado a casi todos los bienes morales como propósitos sociales legítimos, la conservación de las condiciones materiales de vida se alza como el objetivo supremo y unificador, haciendo que posturas extremas como las de López, sean aceptables para una élite social que quiere conservar la vida “a cualquier precio”.

En la misma medida, posturas disidentes, como la de los católicos que insistimos en celebrar los sacramentos, y a ponemos la preocupación por la salud física como subordinada a la salud espiritual, convocan el repudio inmediato de la vanguardia progresista del país, como lo ilustra el ataque que recibió una comunidad en Bogotá por periodistas de Noticias Uno.

Católicos creen “que tienen el derecho a profesar su fe”, dice Noticias Uno | Razon+Fe

La falta de cuidado en el acceso de la parroquia católica de San Juan Bosco en Bogotá, que celebraba misas de forma privada, permitió que dos periodistas de Noticias Uno se colaran a grabar y a usarla como excusa para exagerar el riesgo de contagio del coronavirus en las misas.

Toda ideología tiene elementos de verdad, pero aplica el principio expuesto por el filósofo escocés David Hume según el cual “La razón es, y solo debe ser esclava de las pasiones, y nunca puede fingir tener otro oficio que no sea servirlas y obedecerlas”.

La parte de verdad que predica el COVID-ismo es que el COVID-19 en ocasiones puede ser mortal, y que el impacto de este virus a largo plazo es todavía impredecible.

Fundamentalismo científico y el uso falaz del argumento del miedo: bases teóricas del COVID-ismo

Según el profesor Devine, el fundamentalismo científico de los covidistas consiste en afirmar de que quienes cuestionan el “consenso” son anticientíficos o culpables de “negación”, como ha sucedido con quienes cuestionan la efectividad de las cuarentenas estrictas o del uso del tapabocas.

Capítulo aparte merece el trato dado a quienes promueven el uso de tratamientos económicos como la hidroxicloroquina, en medio de legítimos debates científicos sobre su efectividad, pero que los “chequeadores” de los principales medios en internet se han esforzado en censurar.

Como decía el politólogo Charles Krauthammer “No hay nada más anti-científico que la idea misma de que la ciencia está establecida, estática, impermeable al desafío”.

También suelen ser tildados de “conspiracionistas”, antes de escuchar cualquier argumento, quienes apuntan a una responsabilidad del Gobierno Comunista Chino en el origen del virus, la complicidad por parte de la OMS o el abuso de la élite progresista en la restricción de las libertades, en línea con lo que Denis Praeger ha denunciado como “un ensayo general para un estado policial”.

Mientras tanto, posturas como la de Claudia López, que culpa al ser humano en general, insinuando un exceso poblacional como responsable (“ese nivel de aglomeración, esa manera de consumir”), o la del Papa Francisco que aseguró que el coronavirus era un “castigo” de la naturaleza a la raza humana, son vistas como aceptables, en tanto sustituyen la visión cristiana del pecado original, por la de un pecado contra la naturaleza, que se alza como el nuevo “dios” del occidente no cristiano.

Por otra parte, el miedo irracional va más allá de recomendar unas precauciones normales para este tipo de situaciones, para imponer unas medidas desproporcionadas que se enfocan en el COVID-19 como única fuente de peligro, desestimando otros riesgos y fuentes de peligro, que pueden llevar a que la cura termine siendo peor que la enfermedad.

Es el caso del cierre total de los colegios, que está afectando la salud mental de muchos niños por cuenta del encierro, mientras que existe un consenso médico, que podría variar, pero que en principio establece en una bajísima tasa de mortalidad para los niños (uno en un millón).

El confinamiento, junto al ambiente de miedo generalizado que este provoca, ha incidido en que baje el control y diagnóstico de muchas otras enfermedades, la destrucción de empresas y fuentes de trabajo (entre el 10 y el 20% de la economía en algunos países), decaimiento de la salud mental en la población general (ansiedad y depresión), de la mano con el aumento en adicciones, el suicidio (50% en California) y muertes por otras causas relacionadas (sobredosis, intoxicación, cirrosis), situaciones que en este momento reciben poca atención en la agenda pública, lo que hace poco probable una respuesta adecuada.

“Los ciudadanos y los políticos, al tomar decisiones prudenciales sobre la salud pública, necesitan liberarse hasta donde sea posible, de las distorsiones ideológicas. Las precauciones tomadas contra Covid-19 pueden hacer más daño que el virus en sí”, así que es un buen momento para preguntarse : ¿soy inmune a la distorsión ideológica?, concluye Devine.

Fuente: Covidism as an ‘ideology’

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