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¿Iglesia y discotecas al mismo nivel?

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Escrito por Redacción R+F

¿A qué «juega» el Ministro de salud cuando decide y anuncia que las «Iglesias abrirán cuando lo hagan discotecas y casinos»? ¿Y el Presidente Iván Duque, tan católico y tan dispuesto –según él mismo lo ha dicho en varias ocasiones, y más aún al anunciar la cuarentena con motivo de esta pandemia– a «consagrar» el país a «esa patrona de Colombia, la Virgen de Chiquinquirá»?

Esto es lo que ocurre cuando hay ignorancia religiosa y litúrgica, es decir, un desconocimiento de lo que éstas son, de lo que contienen, de lo que expresan y de cómo lo hacen. Es así como un funcionario –incluso al más alto nivel– acaba equiparando la Sagrada Liturgia a los «cultos», porque no la entiende ni distingue a ésta de cualquier otra forma de congregación fiestera, de bazar o de reunión en montonera.

Y como en tales ‘cultos’, lamentablemente, lo que se ven son personas gritando y brincando casi sin control, cayendo de un lado a otro, o sumidas en una histeria colectiva al ritmo de música estridente o de un constante bailoteo –cosa que algunos grupos católicos han copiado y hacen–, entonces son vistos como el equivalente religioso de los bares y discotecas seculares.

Duque ‘piensa en que Colombia «se encomiende» a la Virgen de Chiquinquirá y al Sagrado Corazón de Jesús’

Los Templos Católicos son lugares de reverencia, especialmente Consagrados para el Servicio Divino, en los que priman la Devoción, el Silencio, el Santo Recogimiento, el Orden, el Respeto, las Buenas Maneras y la Santa Compostura por parte de los Sacerdotes que presiden los actos Litúrgicos y de los fieles que participamos en ellos. Esto es muy diferente de aquello con lo que ahora los equipara el señor ministro, al parecer con la anuencia del Presidente Duque.

¿Hasta cuándo padeceremos esto? ¿Hasta cuándo y hasta dónde llevarán este constreñimiento religioso? ¿Hasta cuándo y de qué otro modo violentarán la libertad de conciencia y religiosa? ¿Hasta cuándo dejarán a los fieles sin la Santa Misa y sin los Sacramentos? ¿Puede un Ministro llevarse por delante las realidades Sagradas equiparándolas a las actividades profanas? ¿Acaso no ve la diferencia?

Pero no sólo él. Parece que ya nadie la ve. ¿Y el silencio y la complacencia del señor Presidente? ¿Tampoco la ven los llamados a hacer notar y a mantener la preeminencia Divina, como los obispos, que también permanecen en silencio, y con su mutismo parecen dar el «placet» a lo que establezca la autoridad civil, en este caso, sólo por una analogía? Como si ‘culto’ y discotecas fueran lo mismo.

Esperamos, rogamos a Dios y confiamos en Él –apelando al «sensum fidei» que aún les quede a nuestras autoridades– que todas estas personas recapaciten y, por fin, le devuelvan a Dios el lugar, la honra y la reverencia que le corresponden, para que podamos tributarle el auténtico culto que le agrada, con religiosa piedad y reverencia (Hebreos 12, 28). Porque, además, Él es el autor de la vida, de la medicina (Eclesiástico 38), y el único que puede con su luz ayudarnos a superar esta y cualquier otra dificultad.


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