¡Qué bella filmografía! (It’s a Wonderful Filmography) Frank Capra

Desde Mr. Deeds hasta Mr. Smith pasando por George Bailey exclamando ¡Que bello es vivir!, las películas del director Frank Capra muestran el triunfo de la bondad en un mundo brutalmente caído, con la fe como la llave.

Frank Smith | publicado el 05/12/2006

Un hombre es empujado en un bar, se encuentra solo en la mitad de una bulliciosa muchedumbre, es Noche Buena. Lágrimas descienden por sus mejillas; sus transpiradas manos se unen y separan de forma alterada. Inclina su cabeza y reza por ayuda. Pero cuando aquella ayuda toma una forma inesperada enojado rechaza al mensajero de Dios, y amargamente proclama que hubiese sido mejor nunca haber nacido.

Muy pocas escenas en la historia de las películas son tan poderosas -o inolvidables- como esta de ¡Que bello es vivir! (It’s A Wonderful Life) de Frank Capra.

Votada como la Película Más Inspiradora de Todos los Tiempos por el Instituto de Cine Estadounidense (American Film Institute), la película cuenta la historia de George Bailey: un gran soñador en un pequeño pueblo que ha visto la vida, como él la percibe, pasar penosamente frente a él. Sacrificando sus sueños mientras cuida de otros, sus esperanzas llevadas por la marea mientras los años pasan apurados, finalmente George llega a una noche oscura para el alma en que la esperanza y la fortaleza fallan. Pero cuando todo parece perdido, milagrosamente Dios interviene. Y en una hora (y una vida después), los ojos de George han sido abiertos frente a ls incontables maneras en que Dios ha tocado su vida-y la vida de otros a través de la suya.

Maestro de la eucatástrofe

Pocos directores han tocado tantas vidas como Frank Capra, quien fue criado en la religión católica y nunca dejó de ir a Misa en Pascua—”para contemplar el milagro de la Resurrección,” como dijo una vez. La visión de Capra fue de victoriosa bondad e inocencia en un mundo egoista y calculador, del “hombre pequeño” triunfante-no porque fuera pequeño, sino porque representaba a todos los hombres del mundo.

Nunca esquivando los hechos del sufrimiento humano o las dificultades de todos los días, Capra solía poner a sus personajes en situaciones de juicio en las que su fe era duramente puesta a prueba. Entonces haría que las cosas estuvieran en su lugar con lo que posteriormente sería llamado por J.R.R. Tolkien como la eucatástrofe: una salvación milagrosa en la que el bien es vencedor, la fe es premiada y la sabiduría de Dios es afirmada.

Tolkien escribió que la eucatástrofe “puede dar al niño o al hombre que la presencia un nuevo aliento, un nuevo latir y un levantamiento del corazón, que lo podrá llevar (o lo llevará) a las lágrimas”—y esta renovación de esperanza, esta fortaleza interna que otorga un nuevo agarre a nuestras manos cansadas, era la meta de Capra, una meta que pensaba le había sido dada por Dios.

En su autobiografía The Name Above the Title (El Nombre Sobre el Título), Capra narra cuando fue visitado por un extraño mientras se encontraba hospitalizado por tuberculosis, lo que ocurrió poco después de su primer gran éxito. El pequeño hombre miope — ¿quién era? Capra nunca lo supo — no se presentó. Simplemente se sentó cerca del director y, tras uno o dos momentos de silencio, lo acusó de cobardía.

Antes de que el enfermo (y atónito) Capra pudiera reaccionar, continuó: “¿Escuchas a ese hombre ahí adentro?” Desde una radio en un cuarto adjacente venía la voz de Adolfo Hitler. “Ese hombre malvado está intentando envenenar al mundo con odio. ¿Pero ante cuántas personas puede hablar, y por cuánto tiempo? ¿Quince millones? ¿Veinte minutos? Usted, señor, puede hablar a cientos de millones, por dos horas—y en la oscuridad. El talento que usted tiene Sr Capra, no le pertenece. Dios le dio esos talentos; son Su regalo para usted, para ser usados según las intenciones de Él.”

Capra quería alentar a sus conciudadanos

El pequeño hombre se levanto, le dijo adiós a Capra y se marchó escaleras abajo, nunca más fue visto u oído. Pero sus palabras cambiaron completamente la vida del director—podríamos agregar que fue en un estilo muy Capra. Capra se mejoró, se dio de alta del hospital y llevó a su familia lejos de Beverly Hills y Hollywood. Su tuberculosis se curó de forma milagrosa, regresó su creatividad y su vigor y una nueva meta—el usar su don para entretener, lo invadió y le dio coraje a este hombre—fue energizar sus películas.

Esta visión combinada con la maestría de Capra como director y escritor le permitió crear una trayectoria de trabajos inolvidable, lleno de imágenes que—como la escena de It’s A Wonderful Life—nos dejó con el corazón enriquecido y con el espíritu en alto.

Generalmente Capra es recordado como un “católico practicante” quien podría haberse convertido en algún momento a la Ciencia Cristiana, según el sitio adherents.com.

Aquí tienen una visión más cercana a tres más de las mejores películas de Capra – sobre la espiritualidad y la imagen bíblica que llevan dentro.

‘Cada uno es un pedazo de su Creador’

Lady for a Day (1933) en la ciudad de Nueva York ocurre un cuento de hadas con Apple Annie, u a”gin-sodden old haybag” quien vende manzanas en una esquina de la calle pasa sin inquietudes—todo para proveer a una hija ilegítima que abandonó en su infancia.

La hija está siendo educada en un convento europeo, y cree que su madre es una glamorosa patrona de la lata sociedad. Sus cartas son el único lugar brillante en la vida de la anciana. Pero las fantasías de Annie comienzan a caerse al leer sobre el compromiso de su hija al hijo de un conde español-y se cae con la noticia de que los tres están navegando a Nueva York para juntarse con ella.

Vemos a Annie caminar de forma extraña a la calle. No vemos sus ojos, su parte de atrás rajada, quienes la ven en la calle se burlan de ella, y la policía enojada la espanta lejos de ellos. Toda esperanza parece perdida.

Pero la mano de Dios está trabajando, y a pasos el menos probable de los ángeles: Dave the Dude, un jugador/apostador, quien considera que la manzana de Annie es un amuleto de buena suerte. En un chorro de gracia, tan gracioso como rico—con donaciones de jugadores, discursos instructivos de artistas de la estafa y la habilidad para maquillar de las bailarinas de los clubs nocturnos (miembros de bares y pecadores todos) se agregan a la mezcla—Annie es transformada y transfigurada.

La cámara de Capra lentamente se da vueltas emintras la mujer mayor—la caída al litro de gin—se gira para mirar directamente al espejo. Nos mira a los ojos y nosotros vemos los de ella mientras se sumerge en el vidrio… y rompe a llorar. Un mendigo que está en una esquina de la calle, un cínico artista de la estafa, su vida ha esta llena con estafas ordinarias y esperanzas rotas. Ahora no puede creerle a sus ojos. Mirándola de vuelta desde el espejo hay una radiante reina cubierta de blanco, su rostro brillando y su cabello hermosamente ordenado.

El musculoso (tipo guardaespaldas que hace el trabajo sucio) contratado Big Mike que perplejo y responde justo lo necesario en ese momento: “¡Jefe! ¡Miré! ¡Ella … ella es como una cucaracha que se ha convertido en una mariposa!”

Capra estaba acertadamente consiente del valor y dignidad que tiene de por si cada hombre y mujer, como portadores de la imagen divina. Como después escribiría: “Sea él un santo o un picador, rico o pobre, blanco negro, cobarde o héroe… sea fome, aburrido o ciego… cada uno (cada persona) es un pedazo de su Creador.”Esta creencia sale a la superficie en todas sus. En Lady (y su posterior adaptación, Pocketful of Miracles), el mueve el velo de forma momentanea para que todos también podamos verlo.

Un hombre de buenas Obras (Deeds)

Mr. Deeds Goes to Town (1936) fue el segundo intento de Capra-tras su epifanía en el hospital-para hablarle directamente a su audiencia. Como él lo dijo: “Ahora mis películas deben decir algo. No más alardes de mis poderes para filmar una cabina telefónica y hacer que parezca divertido… Estoy determinado a cambiar el “usar” películas, para servir a las películas…. (en lugar de lo que hacen los) grandes empresarios de las películas, me he propuesto servir al hombre y al Todopoderoso.”


Longfellow Deeds (Gary Cooper) es un protagonista clásico de Capra, un buen hombre perpetuamente asombrado por la vida mientras persigue sus dos amores: tocar la tuba en la banda de su pequeño pueblo, y componer jingles para las cartas. Cuando la repentina muerte de su tío lo deja extremadamente rico. Llevado a la Ciudad de Nueva York para encargarse del patrimonio heredado, se enfrenta a un mundo diferente, metropolitano, que con estilo intenta convertirlo y con una prensa sarcástica que lo ridiculiza por cada cosa que hace.

Al comienzo la sabiduría de Deeds lo guía bien. Pero su nueva polola “Mary Dawson” es en realidad Babe Bennett, la cínica reportera que se alimenta de sus dificultades para adaptarse y las envía a los periódicos. Y sus abogados, en un comienzos estupefactos por su extraña mundanidad y posteriormente enojados por la misma (“¿Por qué mi Tío me dejó todo este dinero? No lo necesito”), están planeando deshacerse de él. Para su enojada sorpresa, Capra revela el odio que la oscuridad de este mundo siente por la luz, que no puede comprender.

A medida que la película avanza, los ojos de Babe se abren a la pureza del corazón de Deeds, y se da cuenta que se ha enamorado de él sin quererlo. Pero antes de que pueda confesar su secreto, Deeds la descubre por sus propios medios. Y mientras digiere esta noticia, se encuentra en un juicio por demencia: con sus abogados como los demandantes en su contra, y con las palabras de babe utilizadas para condenarlo.

Cooper era el ideal de Hollywood del hombre entre hombres—pero el ojo de Capra para elegir su elenco nunca le falló, y la escena en que Deeds se entera del engaño de Babe es profundamente conmovedora. Mientras internaliza la verdad, Deeds camina en medios círculos, hablando exaltado, frases entrecortadas. Su cara cambia de forma repentina, su voz se devanece… y entonces se detiene. Deteniéndose a la sombra de un pilar gigantesco, comienza a llorar. Es difícil comprar esta escena de un hombre vulnerable con cualquier película de los treintas y cuarentas—o cualquier otro director, además de Capra, que lo intentara.

Desilusionado y traicionado, Deeds se levanta frente a sus acusadores en una escena llena de tención que recuerda a Cristo frente a Pilato; su complete silencio, su rechazo a contestar cualquier acusación o decir simplemente una palabra, hace que esta metáfora sea más fuerte. En la angustia de Babe por su traición—desesperadamente llora gritando a Deeds que se—Capra nos recuerda el tormento que sintió Pedro (San Pedro).

Gracias a Dios, Babe también experimentará la misericordia que se le dio a Pedro (y a todos nosotros). Al final Deeds es vindicado, y llevado a fuera del juicio como triunfador… pero regresa para tomar sorpresivamente a Bebe, quien llora sin parar, en sus brazos, Besándola, y luego la lleva afuera, caminando mientras amanece. Ella, quien traicionó al hombre que amaba, encuentra el perdón—y una invitación para compartir la victoria de su amado.

Luchando por el hombre indefenso

Mr. Smith Goes to Washington (1939) fue su homenaje a la democracia, estrenada solo unas semanas después de que Hitler invadiera Polonia. Su intense amor por la libertad. Capra escribió: “Los rastreros seguidores del Gran hermano dicen que no hay un Dios, que no hay una verdad, que no hay una libertad… pero como un cineasta yo lucharé por el hombre común indefenso y su renovación hacia la fe, y le daré fomentaré su libertad.”


Este intenso amor a la democracia (Capra era hijo de inmigrantes italianos) se deja ver en toda la película. Irónicamente, en un principio fue recibida con protestas desde Washington-muchos creyeron que era un golpe a la imagen de Estados Unidos admitir la posibilidad de corrupción en el Senado. Hoy día, esos miedos parecen indescriptiblemente ignorantes

Mr. Smith comienza con la poderosa maquinaria política de Taylor golpeando un bloqueo que impedía el paso por la calle. Uno de sus corruptos senadores ha fallecido, en un momento en que no hay “substitutos” disponibles. ¿Su solución? Hacer que el gobernador designe al honesto e inocente líder de “Boy Ranger” (Boy Scouts) Jefferson Smith (perfectamente interpretado por Jimmy Stewart) para que reemplace al senador en Washington.

En un comienzo el único amigo de Smith es el también senador Joseph Paine, mientras su idealismo comienza a acentuarse y a provocar rencor, tanto por los periodistas del congreso y por su secretaria que está harta de la política, Saunders. Gradualmente el logra ser aceptado y seguido. Hasta que Smith conoce al Gran Jefe Jim Taylor, y cuando este rechaza la oferta de Taylor, es emboscado y atacado en el piso del Senado—por nada menos que el propio senador Paine.

Dos facetas de Mr. Smith son inolvidables. La primera es la descripción de la corrupción que hace Capra—que fue hecha más efectiva (y siniestra) por no explicitarla. Mientas la máquina de Taylor opera, vemos la falsa camaradería, a los “Joes” y los “Jims,” la falsa camaraderia que poco a poco acelera el proceso por el que cada miembro del grupo pasará por encima del otro si es necesario. Hace que uno recuerde la descripción del infierno de C. S. Lewis en The Screwtape Letters, y la vision de Capra sobre la silenciosa y descendiente sábana de la corrupcioón (en una brillante escena con Claude Rains como el senador Paine) nos recuerda cuan fácil es llegar a ese punto: “el gentil descenso, el suave caminar, sin los giros repentinos, sin los malos momentos que te marcan, sin los signos y avisos …”

La otra es la electrificante interpretación de en el clímax de la película, mientras desesperadamente intenta sacar a la luz la verdad de la maquinaria de Taylor a través de la figura del filibustero del senado. Mientras la cámara se mueve, vemos a Smith en una escena que recuerda a la Crucifixión—literalmente temblando con dolor y cansancio, está afligido y solo, su cabello mojado por sudor mientras cuelga rebelde sobre su rostro.

Algunos días antes era el hazmerreir favorito de las multitudes, y elevado como el campeón del pueblo. Ahora ambos grupos lo han abandonado y solo escucha quejas—una muestra de resentimiento del hombre “decente” al que está intentando defender. Al parecer completamente derrotado mientras la película se acerca a su final, lentamente levanta su cabeza y habla. Su vida parece gastada y su voz es solo un murmullo. El mismo murmullo carraspeado, tal vez, ¿qué se hizo desde la cruz?
Capra complete la analogía al hacer que su protagonista se desmaye al final. Mientras que Mr. Smith finalmente triunfa (finalmente su conciencia despierta por el colapso de Smith, Paine intenta suicidarse gritando “es verdad, todo es verdad”) no comparte la victoria, al menos en pantalla … el único protagonista de Capra que termina de esta forma.

Un ser humano extraordinario

Hace tiempo que es reconocido como uno de los maestros del cine estadounidense, Frank Capra era un hábil técnico, un virtuoso escritor, un conciliador natural en el set y un director brillante, cuyo don de concentración controlada al formar finalmente una película no tenía igual.

Sin embargo sus más grandes atributos fueron personales. Actores, quienes trabajaban en las películas-incluso compañeros directores-se sentían sumamente afectados por él, solían hablar sobre su paciencia, sentido del humor y amabilidad. Un guionista (storyboard artist) dijo que ella “nunca trabajó con un mejor ser humano, tanto dentro del negocio como fuera.” Este testimonio hizo eco en casi todas las personas que trabajaron con Capra durante sus 40 años haciendo películas.

Y su visión de amar a Dios y a nuestro vecino, su deseo de llamarnos a todos a tomar un gran respiro-resistir la oscuridad-y hacer lo mismo, instalar esperanza y coraje en los corazones estadounidenses durante los días más oscuros. Todavía lo hace hoy. Vea una película de Frank Capra, y descúbralo por usted mismo.


Frank Smith es un escritor que vive con su esposa y dos hijos en Charlottesville, Virginia.

© Frank Smith 2006, sujeto a acuerdo de licencia con Christianity Today International. Todos los derechos reservados.

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