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Anticonceptivos: lo que no te han contado

Escrito por Choose Life

En el siglo XX se desarrollan con fuerza los movimientos feministas que, en un principio, reclamaban la igualdad de la mujer con respecto al hombre. Sin embargo, la justa lucha por la igualdad en dignidad y derechos se deformó, y las diferencias biológicas empezaron a ser el problema. De este modo, la maternidad vino a convertirse en algo que ponía a la mujer por debajo del hombre y la oprimía. Los tiempos modernos, por “fortuna”, traían también una solución: los anticonceptivos.

*Por: Laura Gutiérrez Ochoa

La realidad es que la maternidad hace parte del cuerpo femenino. No todas las mujeres serán madres, pero muchas de ellas sí. Por lo tanto, convertir en un enemigo a algo tan consustancial y fundamental en la mujer como es la maternidad, es causarle una nueva opresión, especialmente en relación con aquellas que ven en la maternidad un Don. La maternidad debe ser valorada y no presentada como una traba. Del mismo modo, la paternidad tampoco debe ser vista como un problema en la vida del hombre.

Los anticonceptivos proponen una cultura que desvincula la maternidad de la paternidad y ambos de la relación sexual. Lo natural es que la vida provenga del sexo. Sin embargo, con los anticonceptivos se ha introducido la idea de que lo uno puede desconectare de lo otro. Esto genera cierta tendencia a vivir la sexualidad de una manera irresponsable en la que ninguno de los dos involucrados está dispuesto a asumir su consecuencia lógica.          Por otra parte, la mayoría de los anticonceptivos son de uso femenino. Esto propicia que el hombre se desentienda con más facilidad del embarazo: si la mujer no se cuidó, fue su culpa.

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La libertad de la mujer nunca se logrará si decimos que quien la oprime es la fertilidad y la maternidad de su propio cuerpo. Por si fuera poco, los anticonceptivos atacan físicamente el cuerpo femenino con una gran variedad de posibles efectos secundarios. Y se oponen a su libertad produciendo unos abortos que ella no ha elegido, pues, en la mayoría de casos, muchas mujeres no saben que los anticonceptivos pueden ser abortivos.

Un anticonceptivo, como su nombre lo indica, es aquello que impide la concepción: la formación de una nueva vida después del encuentro del óvulo y el espermatozoide. Los anticonceptivos de barrera y las esterilizaciones permanentes actúan de este modo. No obstante, los anticonceptivos hormonales pueden llegar a actuar después de la concepción, interfiriendo con lo que ya es una nueva vida.

Los anticonceptivos hormonales, como las píldoras, los parches, los implantes subdérmicos, las inyecciones y otros, actúan sobre tres diferentes frentes. Uno de ellos es las trompas de Falopio, donde impiden la ovulación y alteran la motilidad. También actúan sobre el moco cervical para espesarlo, de este modo se dificulta el paso de los espermatozoides. Su tercer lugar de acción es el endometrio, la capa más interna del útero donde se implanta el embrión para desarrollarse durante todo el embarazo. Como un efecto secundario, pero “deseado” viene la debilitación del endometrio. En caso de que los dos primeros mecanismos de acción fallen y se dé la concepción, el embrión no se podrá implantar en un endometrio debilitado y será expulsado. La mujer acaba de abortar sin darse cuenta de ello.

Efectivamente, las mujeres que usan un anticonceptivo lo hacen en muchos casos porque no quieren quedar embarazadas en ese momento, pero ¿cuántas de ellas aceptarían el aborto como una opción? La mayoría no está informada de que esta es una posibilidad real.

Tampoco hay suficiente información sobre como los anticonceptivos hormonales pueden afectar la salud femenina. Sus efectos secundarios varían desde el aumento de peso, los cambios de ánimo y la disminución de la líbido, hasta efectos permanentes o mortales. Una de las afectadas es la alemana Felicitas Rohrer, quien demandó a la farmacéutica Bayer por sus píldoras anticonceptivas Yasminelle. Estas le causaron un tromboembolismo pulmonar que la dejará con consecuencias adversas durante toda su vida. Como ella, unas 10.000 mujeres han demandado a Bayer en Estados unidos por efectos secundarios de sus píldoras1.  Y es que los anticonceptivos hormonales suponen riesgo de coágulos en la sangre, lo que puede llevar a trombos u otras enfermedades relacionadas.

El riesgo de cáncer de seno también se aumenta debido al uso de anticonceptivos hormonales, como lo constató el New England Journal of Medicine en un estudio de 20172.  Por otra parte, el American Journal of Psychiatry los encuentra relacionados con el riesgo de suicidio en jóvenes3. El JAMA Psychiatry, en un estudio publicado en 2016, asocia los anticonceptivos hormonales con el aumento en el primer uso de antidepresivos y primer diagnóstico de depresión4. Además, existen muchos otros posibles efectos secundarios que no alcanzamos a mencionar aquí.

El dispositivo intrauterino (DIU) es otro anticonceptivo ampliamente usado, puede tener acción hormonal o tener un componente de cobre. En ambos casos, es un dispositivo ajeno que se introduce en el útero y le produce una reacción hostil, por esto presenta una importante probabilidad de ser abortivo5 .

Una gran cantidad de efectos secundarios de gravedad pueden derivarse del uso del DIU, algunos de los riesgos más relevantes son las perforaciones uterinas, la enfermedad inflamatoria pélvica, el embarazo ectópico, el dolor y sangrado prolongado. Además de estos hay muchos otros riesgos. No entraremos en detalle sobre ellos, pero para dar una idea de su incidencia decimos que la FDA (organización encargada de regular los medicamentos en Estados Unidos) recibió entre el año 2000 y el 2013 unas 70.000 quejas sobre el DIU de marca Mirena6.

El camino que proponemos

Muchas personas podrán sentirse abrumadas ante la realidad de los anticonceptivos, ¿qué opciones quedan? Lo primero que debemos tener en cuenta es que la fertilidad no es una enfermedad y el embarazo no es nuestro enemigo. Debemos aprender a valorarlo de la manera adecuada. Para llevar una familia con responsabilidad existen herramientas como los métodos de reconocimiento de la fertilidad (MRF) y, sobre todo, la educación en el amor propio y a la pareja en una inestimada e incomprendida virtud: la castidad, de la cual hablaremos en otra ocasión.

Para quien escucha por primera vez sobre los MRF vale decir que son métodos con fundamento científico y que, usados de la manera adecuada, pueden reportar una efectividad tan alta como la de cualquier anticonceptivo hormonal. A diferencia de ellos, se basan en la identificación de los signos naturales del cuerpo femenino que indican los periodos de fertilidad e infertilidad en cada ciclo menstrual. Los signos más evidentes son la temperatura basal, el moco cervical y los cambios del cuello uterino.

Algunos de los MRF son: el método Billings, el método sintotérmico y el modelo Creighton. No se requiere que una mujer sea de ciclos regulares para utilizarlos, basta con aprender de un profesional. También son muy efectivos para ayudar a una pareja que ha tenido dificultades para concebir. Además, las parejas que los utilizan reportan que les han ayudado a mejorar su relación, pues requieren de la cooperación de los dos y de una mentalidad que reconozca todo el verdadero valor del sexo.

Son económicos, son ecológicos, no tienen efectos secundarios y son muy efectivos. Así que esta es tu oportunidad, investiga y aprende más sobre ellos. Ya seas una mujer que se valora a sí misma, ya seas un hombre ama a su pareja: el amor quiere el bien del amado, no te conformes con los anticonceptivos.

La Iglesia Católica nos enseña que el uso de anticonceptivos va en contra del plan de Dios, y nos da la posibilidad de usar los MRF para llevar una paternidad responsable. Toda la información al respecto puede encontrarse en la encíclica Humanae Vitae, que hace poco cumplió 50 años de publicación. Recomendamos a todo católico que quiera aprender más sobre el tema, el anterior enlace cuya información es corta y de fácil acceso a todos.

*Imagen principal: tomada de www.fucsia.co

Fuentes

  1. Juicio contra Bayer por sus píldoras anticonceptivas Yasminelle y Yaz. El Universal. 15 de diciembre de 2015. Recuperado de: http://www.eluniversal.com.co/salud/juicio-contra-bayer-por-sus-pildoras-anticonceptivas-yasminelle-y-yaz-214007
  2. Contemporary Hormonal Contraception and the Risk of Breast Cancer. Mørch, Lina et al. 7 de diciembre de 2017. Recuperado de: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/nejmoa1700732
  3. Association of Hormonal Contraception With Suicide Attempts and Suicides. Skovlund, Charlotte et al. 17 de noviembre de 2017. Recuperado de: https://ajp.psychiatryonline.org/doi/10.1176/appi.ajp.2017.17060616
  4. Association of Hormonal Contraception With Depression. Skovlund, Charlotte et al. Noviembre de 2016. Recuperado de: https://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/fullarticle/2552796
  5. Mechanisms of action of intrauterine devices: Update and estimation of postfertilization effects. Stanford, Joseph. Mikolajczyk, Rafael. American Journal of Obstetrics and Gynecology. ]Recuperado de https://www.ajog.org/article/S0002-9378(02)00493-3/fulltext
  6. Cuando el DIU se convierte en una pesadilla. Blackstone, Elena. Broadly. 17 de junio de 2016. Recuperado de: https://broadly.vice.com/es/article/xyenn4/diu-efectos-secundarios-mirena

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