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Colectivo Lgbti lastimó a joven que marchaba por la familia: ¿con licencia para golpear?

Escrito por Redacción R+F

En Manizales, en la marcha #NiCartillasNiDecretos, después de que los manifestantes llegaron a un parque, donde se generó un altercado con jóvenes feministas. Comandante de la Policía afirma que estos últimos reconocieron haber golpeado al otro joven, pero que no podían alejarlos del sitio. Concejal señala la pasividad de la Policía y denuncia el saboteo a la marcha. En ciudades como Cali, en cambio, la fuerza pública atajó a este colectivo y no hubo golpeados.

A sus 20 años y como un católico convencido, Alejandro Luna salió a protestar pacíficamente el 6 de noviembre ante la imposición de la ideología de género vía decretos Lgbti. Como el joven explicó -racionalmente-, se está vulnerando el derecho que tienen los papás para educar a sus hijos, así como el principio de subsidiariedad vs. la intervención totalitaria del Estado. Su primera marcha terminó, sin embargo, en un acto irracional: golpeado y cortado en su rostro.

“Cuando llegamos al parque vimos cómo el grupo Lgbti, unas 20 personas, estaba saboteando la marcha, porque con la bulla de sus instrumentos nos interrumpían, y solo teníamos un megáfono y un micrófono. Después, estando delante de ellos, escuché un golpe, me di la vuelta y vi una de sus carteleras en el suelo. Al frente había alguien que marchó con nosotros, diciéndoles: ‘respeten’, y el grupo que estaba ahí se fue contra él para exigir lo mismo, pero se lanzaron a agredirlo. Así que me metí cuando le intentaron pegar un golpe a él y lanzaron otro, el cual recibí. En ese momento entró la Policía y los ánimos se calmaron”, relata.

Por su parte, la líder de la “Abrazatón por la diversidad”, como llamaron la actividad de “resistencia” frente a la marcha nacional #NiCartillasNiDecretos, indicó que los agredidos fueron ellos, es decir, se victimizaron a través de las redes sociales. Llama la atención que, de haber sido lastimados -como asegura-, no haya publicado fotos con la evidencia.

Para el concejal Jorge Alberto Betancurt, quien promovió y participó de la marcha, más allá de quién dio el primer paso en este altercado puntual (y dando por cierto lo de la cartelera -con beneficio de inventario-, esto no es equiparable a un puñetazo), lo evidente es que la presencia, las carteleras con frases desafiantes, el uso de tambores y cornetas y las actitudes del colectivo Lgbti fueron “un sabotaje y una agresión programada”. También “fue una provocación de su parte, como si nosotros hiciéramos un rosario en la mitad de una marcha del ‘orgullo gay’”.

¿Sabotaje sin sanción?

Ahora, si la misma Policía confirma que quienes lastimaron físicamente a Alejandro sí eran del grupo de feministas: “incluso ellos (Lgbti) manifestaron que las otras personas (de la marcha) los habían ofendido y de ahí una persona pasó a las vías de hecho, de manera irracional, golpeando al joven”, según el coronel José Arturo Sánchez, comandante operativo de la Policía Metropolitana de Manizales,

¿por qué no aprehendieron al responsable?, ¿por qué no intervinieron antes para evitar los puñetazos?, ¿por qué permitieron que llegara y permaneciera allí el grupo Lgbti, ante el ambiente agitado?

Razones tiene Silvio Villa, diácono de la Arquidiócesis de Manizales que organizó la marcha pacífica en la capital caldense, para estar indignado: “nos vulneraron el derecho constitucional a manifestarnos. Nosotros teníamos el permiso de la Alcaldía para el uso del parque, los otros no. Hablé con la Policía para que los retiraran, pero no lo hicieron”.

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Tanto él como el concejal Betancurt, quien llamó el día anterior al coronel Sánchez solicitándole especial apoyo para la marcha por la “respuesta” que preparaba ese colectivo, coinciden en dos cosas: la Policía, con unos 10 uniformados, fue pasiva y reaccionó cuando ya se había lesionado a una persona (quien podría denunciar por lesiones personales), y la irrupción del colectivo Lgbti amerita una sanción.

En efecto, el artículo 53 del nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia es suficientemente claro en que la multa que aplicaría para este caso sería la más alta, equivalente a 32 salarios mínimos diarios legales, es decir, $833.324.

Respuestas que no convencen

Al preguntarle al comandante de la Policía de Manizales si procederán a aplicar la multa al grupo Lgbti por haber irrespetado la marcha por la familia, responde: “no, allí no se aplicó esa medida, porque quienes llegaron primero al sitio (Lgbti) estaban tocando unos instrumentos sin ir en contra ni alterar la otra manifestación (los videos muestran lo contrario), y pararon cuando les dijimos. Unos y otros estaban alterados y se faltaron al respeto. Usted debe partir del principio de que es un espacio público, allí no solo estaban estos grupos, sino otras personas”.

– Coronel, pero ¿por qué la Policía permitió que estuviera el colectivo Lgbti en el parque, cuando no tenían permiso y su objetivo era, en palabras de los manifestantes, “sabotear” la marcha?

“La protesta en Colombia es un derecho y en este caso se les estaba garantizando a ambos grupos. Ese grupo llevaba cerca de una hora y media en el parque, así que llegar a desplazarlo de un espacio público, cuando también tienen derecho a la protesta, generaría también otra violación de derechos a esas personas. Lo que se espera es que ambos grupos tengan derecho a la libre expresión de sus ideas, pero no que pasen a las vías de hecho, como sucedió”.

Incluso en esta “particular” interpretación del artículo 37 de la Constitución Política de Colombia, el concejal plantea que, ante el eventual conflicto por derechos, la prelación la tendrían quienes pidieron permiso para ocupar un espacio público y realizar una actividad programada con antelación. “Creo que hay que aplicar con lógica y sentido común el derecho constitucional, y en el derecho a la protesta hay que tener unas reglas de juego claras”.

Marcha en Cali, salvaguardada por Tránsito, Defensa Civil y la Policía, que mantuvo alejado al colectivo Lgbti / Cortesía.

Un ejemplo de esto se observó en Cali, donde también un grupo Lgbti organizó una “contramarcha” y la fuerza pública lo mantuvo distante a unos 300 metros de los manifestantes por la familia. Los organizadores de la marcha solicitaron, además de la Policía, refuerzo de la Policía Militar (del Ejército), lo que garantizó la seguridad y que no hubiera lastimados.

“Nunca nos ponemos del lado A o del lado B en este tipo de manifestaciones, sino que actuamos dentro del marco legal. Claro, todo el mundo es libre de protestar, pero si alguien trata de atacar a otro porque cree que tiene la razón o no comparte sus ideas, vulnerando en este caso los derechos de la otra persona, tampoco lo podemos permitir”, explica con sensatez el teniente coronel Ómar Arciniegas, comandante del Batallón de Policía Militar Número 3 de Cali.

En lo que todos pueden (y debemos) coincidir es que deseable era que no ocurrieran los hechos de violencia registrados en Manizales, y por eso inspiran historias como la de Bogotá, donde jóvenes católicos se arrodillaron en silencio ante los jóvenes Lgbti, quienes terminaron dándose un abrazo como signo de reconciliación.

Alejandro Luna, después de la atención médica recibida / Cortesía.

Quedan, sin embargo, el sinsabor y más preguntas en el tintero: ¿lo que sucedió en la capital caldense es fiel reflejo de que quienes pretenden imponerse a la fuerza esconden heridas profundas en su propia afectividad?, ¿el lobby Lgbti termina instrumentalizando los deseos y las emociones de jóvenes para que se conviertan en vehementes feministas?, ¿normas como el Código Nacional de Policía -art. 40- ratifica que la fuerza pública está condicionada a proteger de manera preferente a grupos Lgbti sin considerar los derechos legítimos de otros grupos?, ¿es justo y razonable que después de una agresión, como la reportada, no haya consecuencias?

El mismo Alejandro, quien afortunadamente (y gracias a Dios) no sufrió más que un rasguño y un corte superficial en su párpado derecho, y está dispuesto a seguir dando la cara en la defensa de la familia natural, concluye esta historia con una frase de Santo Tomás de Aquino que resulta contundente:

“Justicia sin misericordia es crueldad y misericordia sin justicia genera disolución”

*Fotomontaje principal: Razón+Fe. 


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