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Espiritual Fe

La Coronilla de la Misericordia, una súplica en tiempos de pandemia.

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Mediante la Fe que tenemos los católicos rezamos la Coronilla a la Divina Misericordia, suplicando al Padre con «potencia interior», y con la certeza que la fe actualiza los efectos salvíficos obtenidos por Jesús en su Pasión y en el Calvario, ya que todo ese poder redentor y transformador, desciende como torrentes de Sangre y Agua que sana, libera, perdona y vence las manifestaciones del Mal que nos afectan.

La Coronilla de la Misericordia es una poderosa plegaria de intercesión y reparación con la cual presentamos al Padre Misericordioso lo que más le conmueve; la Pasión de Cristo su Hijo amado. Mediante ella suplicamos al Padre que vea compadecido nuestra humanidad a través de las Heridas de su Hijo amado jesucristo: quién se entregó por nosotros para reconciliarnos e impulsarnos a una vida de conversión.

Cuando rezamos; «Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero»«Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero«; le señalamos al Padre Dios, que vea a Jesús crucificado qué se hizo «sacrificio propiciatorio» para restablecernos en la comunión que nosotros rompimos por el pecado. Jesús nos abrió el camino de la misericordia al Corazón Paternal de Dios, y al rezar con la Coronilla entramos en un diálogo que finalmente es un encuentro de nuestra miseria con la misericordia; 

                “¡Padre, fíjate en la entrega de Jesús, mira nuestra Fe en él y no te fijes en nuestro pecado que ciertamente merece el más fuerte de los castigos!”, ¡Pero Padre mira a Jesús en la cruz“; Él se ofreció por amor para reparar todo el caos de nuestro pecado y satisfacer tu justicia gravemente ofendida por nuestra rebeldía!”, “¡Padre mira la víctima inocente, atiende la Fe de tu Iglesia en Él, y no nos trates como merecen nuestros pecados!” “¡Padre Misericordioso concédenos por la dolorosa Pasión de tu Hijo la conversión, queremos vivir en tu gracia!”.

Este potente clamor, es propio del «sacerdocio común» de los fieles, porque si bien estamos llamados a «ofrecer» los trabajos y luchas cotidianas, tenemos así mismo el deber de dirigir al Padre Dios oraciones por la santificación personal, familiar y del mundo, lo cual se vive más estrechamente en la Santa Misa, donde unidos al Sacerdote, como asamblea espiritual, acompañamos su plegaria al presentar al Padre el sacrificio Vivo y Santo; «oblación y víctima de suave aroma» (Ef 5, 2).

Realmente cuanto describe la coronilla a la divina misericordia en el ofrecimiento, es lo que más viva y eficazmente comunica el sacrificio incruento de la Santa Eucaristía en los altares. Sabemos que no hay oración más poderosa que nuestra Eucaristía, por eso la gran necesidad de nuestro pueblo por entenderla mejor, y celebrarla cuanto antes en este tiempo de Pandemia.

Sin embargo, podemos reconocer un fuerte valor eucarístico en la plegaria de la Coronilla a la Divina Misericordia; al impetrar misericordia, estamos uniéndonos a toda la Iglesia que le ofrece al Padre Eterno: el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero, en esa medida ofrecemos la víctima agradable que está presente en los Sagrarios y en los altares, como un intercambio divino para que el Padre tenga Misericordia y piedad de nuestra humanidad herida.

Mediante la Fe, los católicos rezamos la Coronilla a la Divina Misericordia, suplicando al Padre con «potencia interior«, y con la certeza que la fe actualiza los efectos salvíficos obtenidos por Jesús en su Pasión dolorosa, ya que todo ese poder  redentor y transformador, desciende como torrentes de Sangre y Agua que sana, libera, perdona y vence las manifestaciones del Mal que nos afectan, ese torrente de gracia se despliega sobre la humanidad doliente y agobiada por la Pandemia del Covid-19 en nuestros días.

Santa Faustina en su Diario «la Divina Misericordia en mi alma», nos describe cómo recibió la Coronilla en una revelación privada, en medio de un inminente castigo que ejecutaría un Ángel sobre la tierra a causa de los pecados. La oración fue efectiva para impedir aquel castigo. Podemos decir que tal plegaria busca aplacar la ira divina.

«Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios.  Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salían rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra.  Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia. Pero mi súplica era nada comparada con la ira de Dios. En aquel momento vi a la Santísima Trinidad.  La grandeza de su Majestad me penetró profundamente y no me atreví a repetir la plegaria.  En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de Dios.  Oh, qué grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible su santidad.  No trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal como es.  Me puse a rogar (197) a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mi. (DSF # 474).

«Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados.  Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces.  Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros». (DSF # 475)

Algunas promesas asociadas al rezo de la Coronilla de la Misericordia, las encontramos en el Diario de Santa Faustina, y refieren a la asistencia de la misericordia en la hora de la muerte y la obtención de la gracia de la conversión. Por ejemplo; de innumerables gracias gozarán quienes la recen y por quienes se rece; “Cuando la coronilla es rezada junto al agonizante -dijo el Señor Jesús- se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma”  (DSF # 811). 

 “Quienes recen esta coronilla, me complazco en darles todo lo que me pidan (DSF # 1541, (…….) si lo que me piden está conforme a Mi voluntad”  (DSF # 1731).

Por el rezo de esta coronilla -dijo Jesús- Me acercas la humanidad (DSF # 929).

A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte” (DSF # 754).

Sobre el Autor

Miguel Salvador Fernández Ospino

Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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1 Comment

  • Exelente legado nos dejó nuestra hermana santa Faustina, gracias hermano Miguel Fernández por permitirnos esté aprendizaje y conocimiento de la divina misericordia,, que tú misericordia señor se derrame sobre nosotros como lo esperamos de ti.amen.amen y amén