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¿Buscando al enemigo afuera? “La crisis de la práctica religiosa y la participación en los sacramentos”, una tesis controvertida

Templo vacio
Escrito por Edwin Botero Correa

Tras la afirmación de Francisco, según la cual «La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos», el autor desnuda una falacia: los hechos están claros, pero la causa es otra…


Haciendo eco de las recientes declaraciones de Francisco, el autor del artículo se pregunta:

«¿La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos?».

Carlos Esteban | 24 noviembre, 2021 | Infovaticana

De las tres “hipótesis” posibles, a saber: la pandemia, las ‘medidas tiránicas’ impuestas por las autoridades o la ‘actitud asumida por los pastores’, el autor controvierte la “tesis” de Francisco y señala cómo, en lo opinable, lo que procede es redireccionar la atención hacia “la verdadera causa”.

Este es un debate que se sitúa y va más allá de ser tan sólo ‘interesante’. En un artículo anterior nos preguntábamos “¿Acaso queda ya algo que nos pueda sorprender? – Razon+Fe (razonmasfe.com)”. Pues bien, aunque parezca que no, estas nuevas declaraciones lo hacen. En especial, porque se enfocan hacia una presunta “crisis de la práctica religiosa y la participación en los sacramentos”, desviando la atención de la que quizás es la razón principal: la crisis de fe por la pérdida de la unidad doctrinal dentro de la misma Iglesia.

El artículo firmado por Carlos Esteban y publicado en Infovaticana con el título “¿La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos? (infovaticana.com)”, lo pone de manifiesto, da razones y cita argumentos verificables históricamente de por qué es una falacia centrar la atención en la pandemia como causa de “…la crisis de la práctica religiosa y la participación en los sacramentos”.

El artículo no tiene desperdicio, y amerita ser leído en su totalidad. El debate resulta, por demás, bastante iluminador.


¿La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos?

Es lo que ha dicho el Santo Padre en su videomensaje a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura pero, no siendo una declaración magisterial ex cathedra, propongo aquí respetuosamente mis dudas.

Carlos Esteban | 24 noviembre, 2021 | Infovaticana

Que la práctica religiosa ha caído significativamente entre los sedicentes católicos tras año y pico de pandemia oficial es una cuestión de números, algo medible, no opinable. No lo es, en cambio, si la causa ha sido la pandemia en sí misma o, más bien, las medidas tiránicas y sin precedentes que han adoptado nuestras autoridades y, muy especialmente, la actitud de nuestros pastores en esta emergencia.

Su Santidad parece un firme defensor de lo primero. Todas las veces en las que ha hablado de la cuestión, y no han sido pocas, siempre ha atribuido directamente todos los grandes cambios a la expansión del virus, a la realidad sanitaria, sin insinuar una sola vez, más bien al contrario, que la respuesta de autoridades civiles y religiosas pueda haber sido la verdadera causa.

Pero esto choca frontalmente no solo con lo que sabemos o creíamos saber del ser humano, sino con la propia experiencia histórica. Históricamente, las pestes que han azotado a la humanidad han servido más bien para recordar a los hombres que son mortales y les han urgido a un reencuentro con la transcendencia. Basta recordar que la segunda parte de una de las oraciones más comunes del católico, el Avemaría, se compuso con motivo de la Peste Negra medieval, cuando Europa perdió, según cálculos de los historiadores, entre una cuarta parte y un tercio de su población.

Por tanto, lo racional es preguntarnos qué ha sido distinto esta vez para que la reacción haya sido un enfriamiento paradójico de la práctica religiosa. Y la dolorosa respuesta es: la actitud de la Iglesia, de los pastores.

Muchos historiadores y no pocos santos contemporáneos, por ejemplo, achacan a la actitud de la Iglesia naciente y aún ilícita durante la terrible Peste Antonina la primera gran oleada de conversiones masivas de paganos. La razón es que, como narra el contemporáneo San Dionisio de Alejandría, “La mayoría de nuestros hermanos cristianos mostraron un amor y una lealtad sin límites, sin escatimarse y pensando solo en los demás. Sin temer el peligro, se hicieron cargo de los enfermos, atendiendo a todas sus necesidades y sirviéndolos en Cristo, y con ellos partieron de esta vida serenamente felices, porque se vieron infectados por otros de la enfermedad (…) Los mejores de nuestros hermanos perdieron la vida de esta manera. Un cierto número de presbíteros, diáconos y laicos llegaron a la conclusión de que la muerte de esta manera, como resultado de una gran piedad y de una fe fuerte, parece en todo similar al martirio”.

Esa caridad que despreciaba el peligro contrastaba con fuerza con el terror egoísta con que actuaban los paganos que, “desde el mismo inicio de la enfermedad, echaron a los que sufrían de entre ellos y huyeron de sus seres más queridos, arrojándolos a los caminos antes de que fallecieran y trataron los cuerpos insepultos como basura, esperando así evitar la extensión y el contagio de la fatal enfermedad; pero haciendo lo que podían siguieron encontrando difícil escapar”.

En esta pandemia -afortunadamente, en nada comparable a esas pestes espantosas- hemos visto una respuesta marcadamente diferente, obviando honrosos casos personales. La jerarquía eclesiástica no solo se ha plegado en todo a las instrucciones arbitrarias y desmedidas de protección, sino que en ocasiones ha ido aún más lejos en la cautela.

Francisco: «La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos».

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