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Testimonios

Ronald Alcón: «Tenemos raíces indígenas, pero también españolas»

Ronald Alcon

Entrevista a Ronald Alcón, profesor hispanista boliviano de escuela secundaria. Análisis a la realidad del sistema educativo nacional que se rige bajo la propaganda indigenista y marxista.

Razón+Fe consiguió entrevistar a Ronald Alcón, profesor boliviano de secundaria. Hablamos sobre la educación en Bolivia, la hispanidad y el indigenismo. Su área de enseñanza es la de Ciencias Sociales, que es como se llama a la asignatura de Historia en este país gobernado por el Movimiento Al Socialismo (MAS).

Ronald Alcón es profesor en la provincia Caranavi de La Paz desde hace un par de años. Se tituló como profesor de secundaria en Ciencias Sociales y egresó de la Licenciatura en Pedagogía. Es además titulado como técnico superior electrónico y ha sido consultor independiente para pequeñas y medianas empresas durante cuatro años, en mantenimiento de telecomunicaciones y cableado estructurado externo de redes. En 2016, dirigió talleres de capacitación a los padres de familia del colegio San Luis en la ciudad de El Alto. En 2018, fue profesor suplente en la Unidad Educativa Pucará, distrito Laja de la provincia Los Andes de La Paz. A principios de 2019, fue auxiliar de profesorado en la Unidad Educativa ‘Jaime Escalante’ de El Alto.

Evo Morales indigenismo

La ideología masista (del MAS) implantó el paganismo andino como religión de Estado.

R+F: ¿Cómo describiría su experiencia en el sistema educativo boliviano?

Ronald: El sistema educativo boliviano, lastimosamente, está limitado por las propias directrices que han tomado varios gobiernos, no únicamente el MAS. Esto ya viene de larga data, prácticamente desde 1952, o incluso desde la fundación misma de la república, por lo que la educación tiende a servir más a las élites que están en el poder. En la dictadura, el programa educativo no brilló por ser santo. Y en los noventa, hubo el primer atrevimiento, por así decirlo, la primera osadía durante un gobierno democrático: se creó la reforma educativa, donde el sistema se amoldó más a las exigencias del exterior o a un alineamiento más complaciente, lo que va con el inicio a la globalización. Ya posteriormente con la ‘revolución educativa’, se llevó a cabo el tratamiento de la Ley Avelino Siñani – Elizardo Pérez. Esto inicialmente con la participación de varios actores educativos. Después, fueron abandonando varias federaciones de maestros, las universidades, y el resultado fue también otro modelo que, si bien buscó en unos fines teóricos ‘redimir’, ‘reinventar’ y poner una ‘soberanía’ a la educación, siguió el mismo lineamiento donde se daba más importancia a servir al gobierno.

Lo malo es que esto no está parando. Una muestra de ello es que nuestra educación como tal no se está poniendo en evaluación con estándares internacionales. Nuestra educación actual está también con matices de improvisación en la cuestión de calificaciones, fue modificándose; no es la misma que había en 2010. Incluso el ministro de educación de más alto tiempo en cartera, que fue Alberto Aguilar, fue bastante reacio a hacer modificaciones importantes. Ya varios habían advertido que el modelo educativo boliviano necesitaba revisiones, y que era incluso acientífico, anti universal, lo cual puedo afirmar que tiene cierta validez, ya que se hace mucho énfasis a la cuestión de ‘reivindicación de pueblos indígena-originarios’, con cierta marca hegemónica andina. Y a esto incluso se le puede añadir que coliga más con el socialismo. No es de extrañar que el gobierno haya podido meter sus ideas en el sistema educativo; es probable que esto siga sucediendo.

Mural indigenista boliviano

Mural indigenista en la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz.

R+F: ¿Qué esfuerzos ha hecho usted para contrarrestar estas falencias? ¿Ha visto resultados en los niños?

Ronald: Cada profesor en el magisterio boliviano se rige por el plan de estudios de cada año y también bajo el currículum base y el currículum regionalizado. Ambos currículums tienen propuestas de contenido donde está bastante impregnado el filo indianismo o filo indigenismo, desde una visión crítica de izquierda. En el particular caso mío, que es Ciencias Sociales o Historia en secundaria, se hace un énfasis marcado hacia estos contenidos. Por ejemplo, cuando hablamos de la época virreinal o colonial, los del gobierno lo marcan como la época de la ‘invasión’, de la ‘ocupación’, de la ‘humillación’. Todos esos son adjetivos que se resumen en un juicio de valor más que en un contenido o tema a avanzar. Si el título ya te menciona, por ejemplo, «expolio del servilismo», «imposición religiosa de la colonia en el Alto Perú», todo eso… o si no, el aspecto social, «la vida social discriminadora durante el coloniaje del Imperio Español», ¿qué te están enseñando? Te están direccionando a odiar a uno de tus orígenes; y nuestro país, como tal, es mestizo. Para cambiar eso, es necesario partir de ese contenido que se está sugiriendo, pero darle una impronta mucho más objetiva.

Es cierto que un profesor tampoco puede, por así decirlo, dar los contenidos que le gusten sin ton ni son. Respetamos, el orden o la sugerencia de contenido que se nos da, pero en mi caso particular, yo doy a los estudiantes primeramente el título, voy acotándolo. Luego, voy viendo la historia en su amplitud, es decir, no solamente la versión que los del gobierno cuentan o que nos inducen a estudiar, sino también la otra, donde se reconoce que el Imperio Español, que los virreinatos, otorgaban o reconocían derechos a los indígenas con muchos más avances que en la república. De a poco, esto en el nivel secundario puede hacerse con mucha más pertinencia. Pero en el nivel primario, con los niños, hay que hacerlo de forma más sencilla para que ellos entiendan; esto se hace de a poco. Uno debe escoger objetivos que se pueden dar a largo plazo, porque no se puede dar de inmediato. Que de un día a otro tú le compartas una visión objetiva a los chicos no va a hacer que al día siguiente puedas decir: «¡Ya estos muchachos no tienen ningún recelo hacia España!». No. Es un proceso, y los resultados esperan verse a mediano y largo plazo. Sobre todo, hay que hacerles despertar la curiosidad, no únicamente repetir proselitismo.

Wiphala en el ejercito boliviano

La wiphala, bandera indigenista aymara, fue declarada símbolo patrio por el gobierno de Evo Morales y se la usa incluso en el ejército. Es equivalente a la esvástica nazi.

R+F: ¿Es un esfuerzo conjunto el que usted hace con sus colegas profesores? Si no, ¿ha tratado de persuadirlos para que hagan lo mismo?

Ronald: En el magisterio, existen dos modalidades de trabajo. En una de ellas, todos los profesores de especialidad se reúnen y elaboran juntos un plan de estudios para cada nivel educativo. A partir de eso, los profesores en conjunto pueden organizarse para ver cómo pueden elaborar un tema, qué fuentes utilizar. La otra consiste en que cada profesor, siguiendo este plan de estudios anual elaborado entre todos, va decidiendo respecto a su tema, a su conocimiento, cómo va a impartir cada clase. Hay cierto celo de los profesores por sus aulas, y eso se respeta como profesional, porque que otra persona te venga a decir cómo tienes que hacer tu trabajo, causa cierta susceptibilidad, cierta molestia. Esto puede corregirse siendo más cauto, más amable, pero en mi experiencia personal no se ha podido lograrlo. He ido trabajando en unidades educativas bastante pequeñas, donde el único profesor he sido yo; a lo sumo, he tenido otro colega.

También está presente la indiferencia, es decir, los profesores van a actualizarse en TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), metodologías, currículums y gestión administrativa, pero no ocurre lo mismo con las especialidades. No quiero desmerecer a ninguno de mis colegas, pero es algo que se ve acá a nivel general, y tampoco hay mucha oferta en mi especialidad. Cuando fui a buscar diplomados por la carrera de Historia de la UMSA (Universidad Mayor de San Andrés), no había ninguno para profesores. En cambio, para especialidades de Ciencias Exactas, como física y matemática, sí había diplomados dirigidos a profesores, y esos diplomados eran los que reforzaban la especialidad, el área de formación. También esto obedece a cómo hemos sido formados en la Normal.

En la Normal, o la Escuela Superior de Formación de Maestros, como se le llama desde hace más de diez años, la visión con la que se da la formación a los profesores es netamente pro izquierdista, pro indigenista, y muy repetitiva. Desde ahí viene la cuestión. Entonces, el profesor está formado desde su época estudiantil de normalista hacia una historia victimista tendiente al izquierdismo; repiten ese discurso. Y las universidades, al menos en el caso paceño, desde hace unos años, no estaban ofreciendo una capacitación mucho más amplia. No puedo aventurarme a decir cómo será la formación en la carrera de Historia, ya que no la he pisado y no he visto ningún diplomado porque tampoco lo han ofertado, pero a nivel general, considero que también debe de ser pro izquierdista, filo izquierdista. Esto suena a que los cursos de actualización del gobierno también obedecen a esa línea. Lastimosamente, es complicado que los demás colegas, los demás profesores, sean más abiertos a enseñar contenidos más objetivos y, ¿por qué no decirlo?, pro hispanistas, o mejor dicho, más conscientes de su origen. Porque el nuestro es un origen americano, indígena, pero por supuesto también europeo e hispano.

Revista artistica e ilustrada 12 de Octubre de 1926

Revista boliviana que reivindica la hispanidad (1926).

R+F: ¿Qué tanta diferencia hay entre lo que usted aprendió en el colegio sobre historia con lo que se enseña hoy a los niños y adolescentes?

Ronald: El nivel de izquierdismo desde que yo era estudiante se ha incrementado exponencialmente. Cuando yo era estudiante, no hablábamos de ‘despatriarcalización’, ‘descolonización’; se hablaba más de una historia básica, por así decirlo. En primero de secundaria había historia universal, orígenes del hombre, del universo y del cosmos; de ahí pasábamos a la Edad Antigua. Segundo de secundaria: Edad Media. Y así posteriormente con los grados: Edad Moderna, Edad Contemporánea. Y todo eso dando una visión tal vez muy oficial, una visión romántica, aunque no había tanto vicio. Sin embargo, en la historia nacional, ahí sí se notaba realmente que había cierta inclinación hacia el victimismo anti colonial, tanto indígena como republicano; eso era para un estudiante de colegio.

Ahora, en la Normal, tuve una formación, digamos, híbrida. Por un lado, docentes que se guiaban por aquella corriente. Hubo pocos, uno que otro que compartía formas de investigar y también de asumir una historiografía mucho más objetiva, neutral y amplia, pero eran muy pocos. Y el resto, que empezaban con esos discursos: «Antiimperialismo, descolonización, despatriarcalización, ¡los pueblos!»… Ya estaban dando esa formación; igual en las universidades. Eso sí, al entrar aquí en la Normal, había un direccionamiento pasivo y amable, por así decirlo. Me parece que en la universidad es un poco más frontal, más directo, más explícito. En la Normal, se iban midiendo conforme pasábamos los grados. No tanto, poco a poco, pero había docentes que ‘le metían’ de golpe.

Cuando estaba comenzando los primeros semestres en la Normal, algunos docentes ya nos invitaban para ir a marchas a favor de la promulgación de la Nueva Constitución. Y esa constitución no era otra cosa que el texto que habían redactado los masistas. No nos decían «esto va a ser por puntos, es obligatorio», sino solamente «¡vengan!, ¡vamos!, ¡apoyemos, muchachos!». No nos decían con amplitud que era necesario, pero de forma pasiva animaban a ser parte de estos movimientos. Así terminó mi formación en la Normal, que por un lado respondía a la formación universal, y por otro, a la formación izquierdista filo indigenista. Ya posteriormente, mis colegas, a quienes les tocó la formación de cinco años de licenciatura, tuvieron por completo una formación más izquierdizante, más anticolonialista, de forma mucho más fatal. Esto lo puedo notar porque mis colegas que salieron de esa formación prácticamente se desviaron. Y ya para el colegio, la vida laboral, los planes de estudio que marcaban de los años setenta, con modificaciones de los noventa, fueron cambiados repentinamente para una orientación abiertamente izquierdista, indigenista y marxista.

Debate indigenismo

Adolescentes repitiendo propaganda indigenista en diciembre de 2016 en el programa “Tejedores del futuro: la revolución india de Fausto Reynaga”. Canal RTP.

R+F: En cuestiones de fe, ¿ha despertado también en el sistema educativo boliviano una hostilidad contra el cristianismo?

Ronald: El ámbito de la fe y de la religión ha sido frontalmente atacado, se lo ha cambiado. Cuando yo era estudiante, en la primera década del 2000, todavía existía en los colegios la materia de Religión, Ética y Valores, que se complementaba en secundaria con Cívica, pero ahora esa materia ya no existe. Actualmente se llama ‘Valores, Espiritualidades y Religiones’. Ya no se está reconociendo la fe: es la obediencia a la Constitución, donde se ve la influencia de un Estado laico. Hoy, desde primaria, se puede ver que la enseñanza de la fe cristiana, que es la mayoritaria de nuestro país, está ausente. Yo no considero que la religión o fe cristiana sea una imposición hoy; no hay que tomar anacronismos de hace 500 años. Actualmente, la fe cristiana es parte de la cultura, de la identidad. En provincia, campo y ciudad, la fe es parte de todo eso.

Esta asignatura ya la han tergiversado desde el nombre, y los contenidos desde primaria dicen «todas las religiones son iguales». Dicho de otro modo, se está politizando el asunto. Esto puede ser, para muchos ateos, liberales, relativistas, laicos, un gran ‘avance’, pero la religión no se estaba imponiendo, porque la espiritualidad cristiana es parte de nuestro pueblo; remitirnos a 500 años no tiene nada que ver. Y se está negando en la enseñanza el reconocimiento a esta realidad. Pasivamente, de forma frontal, en primaria se está enseñando que «no hay una sola religión», que «todas tienen que convivir».

Representacion andina de la Virgen Maria

Representación andina de la Virgen María, algo que repudian los marxistas indigenistas.

En cuanto a los textos, hay bastante inclinación hacia los ritos paganos, andinos, también hacia rituales que existen en el oriente; se enseña de todo. La materia abarca un poco la formación de valores, un poco de antropología, un poco de esto y lo otro… ya, no estaría mal, siempre y cuando correspondiera a Ciencias Sociales, y solo para los temas que les compete. Estamos relativizando bastante la enseñanza desde primaria en los colegios. Y en secundaria, tanto en Sociales como en Religión, se da un ataque frontal a toda la fe. El currículum base, el currículum regionalizado, el plan de estudios, ya te sugieren que el contenido que vas a otorgar tiene que estar dirigido a esto. Por ejemplo, uno de esos títulos es «posición colonial en las espiritualidades del Abya Yala», o bien encuentras «destrucción de las espiritualidades andino-amazónicas durante el periodo colonial», «imposición estatal, social, religiosa, económica durante los primeros periodos de la república». Así es como estamos abordando.

El profesor que quiere hacer bien su trabajo, si el gobierno y las unidades educativas le están indicando qué es lo que tienen que enseñar, obviamente no lo va a permitir. Y los textos guías, de referencia y de consulta deben de tener lo mismo, bastante. Por otro lado, en los cursos de formación complementaria, seminarios donde yo participé como oyente, donde había auditorios de 300 personas, también repetían lo mismo. Es el discurso rosa de los indigenistas: «¡Profesores, hay que despertar! Hay que decirles que hace 500 años han venido con todo, con la cruz, con la espada, ¡hasta a nuestro dios nos han quitado! Con todo el respeto que se merezcan los católicos», «si hay profesores evangélicos fanáticos, con el respeto que se merezcan, ja, ja, ja, ja… dicen que también hay unas comunidades cristianas, ja, ja, ja, pero con todo respeto, los fanáticos…». Una pasividad medio agresiva, ¿verdad?

Y en el Profocom (Programa de Formación Complementaria para maestros), en la misma Normal, en la Escuela de Formación de Maestros ‘Simón Bolívar’ de la ciudad de La Paz, lo propio: el ataque contrario hacia la fe, con mucha más saña incluso ahí. Colegas, futuros profesores que están ahí para obtener el título de licenciatura: «¡Hay que deconstruir esa mentalidad colonial!, ¡hay que deconstruir todo eso!». Si les dices «¡pido la palabra!», te responden: «¡Espere un momento!, va a tener su momento de réplica… ¡hay que deconstruir todo eso! ¡Ese catolicismo, esos evangélicos! Hace 500 años aquí había pueblos que tenían su religión, no les consultaban!». ¡Carambas! Estamos con esa mea culpa de los 500 años, 500 años… pero por otro lado, también eso les han inculcado a los profesionales, incluso con ataques a la palabra ‘Bolivia’. «¡Qué mal! Nos han llamado ‘indios’ porque creían que esto era la India… ¡mestizos! ¡Qué mal! Esa palabra ‘mestizo’… ¡no tienes identidad!». Todo un sinfín, todo una cuestión de teorizaciones. Cuando llega el momento de la réplica: «¡Uy!, ya no hay tiempo, ¡Vámonos!, ¿sí? Vámonos todos». Los oyentes se iban, cansados de escuchar, y lastimosamente eso se les quedaba, esa teoría. En resumidas cuentas, la fe ha sido tergiversada, denostada y atacada en la materia de Religión, en la formación a los profesores, e incluso en las capacitaciones de actualización.

Carlos IV como defensor de la Eucaristia

Pintura virreinal boliviana: Carlos IV como defensor de la Eucaristía.

R+F: ¿Ha notado usted algún cambio significativo en la malla curricular escolar durante el gobierno de Jeanine Áñez?

Ronald: A grandes rasgos, puedo decir que hubo buenos cambios en ese momento. Con la ministra de entonces (Virginia Patty), la que fue sustituida posteriormente por Víctor Hugo Cárdenas, hizo buena gestión con las federaciones de maestros urbanos; me sorprende que también con la federación rural, ya que los maestros rurales abrazan fuertemente la ideología, la doctrina y el pensamiento del gobierno. En cuanto a gestión curricular, se hizo un buen avance en tan poco tiempo. Uno de los reclamos por años que se tuvo de parte del profesorado boliviano hacia el ministro Roberto Aguilar, fue que la cuestión bimestral de avance estaba muy mal estructurada. Cada dos meses había que presentar notas, exámenes… el tiempo no alcanza para un profesor de secundaria. Muchos se encuentran con los chicos una vez a la semana, en un mes cuatro veces, en dos meses ocho veces. Y de ahí, tener que dividir para revisión de trabajos y tomar exámenes… no alcanzaba el tiempo.

El ministro no daba buenas respuestas, pero con el gobierno de transición, esto cambió a un modelo trimestral que nos facilita mucho más las cosas no solo a profesores, sino también a estudiantes. En dos meses, cuando tenemos un plan anual y debemos cumplir con un montón de contenidos, a veces son muchos, son demasiados, tenemos que dosificarlos, tenemos que hacer bastante artificio creativo para dar clases. Eso se volvía complicado y pesado para los chicos, para cada materia. Pero esto, con el gobierno de transición, fue un acierto tan bueno, que incluso hasta el día de hoy el modelo de educación trimestralizado continúa vigente. No hemos vuelto al bimestralizado, que estuvo durante tantos años y que no se lo quiso tocar.

Respecto a la malla curricular, en especial de las Ciencias Sociales, yo diría que hubo un buen avance, ya que los contenidos ya no estaban tan dirigidos: ya no estaban recurriendo a la victimización, al odio contra lo colonial o contra lo virreinal. Los contenidos tenían una visión mucho más creativa, directa y completa; se sugería incluso trabajar con la autoestima del boliviano. En nuestro país, al momento de asumir su historia, siempre la cuentan desde ‘los derrotados’, ‘los vencidos’, ‘los agredidos’, ‘los oprimidos’, ¡siempre! Pero aquí me sorprende que hayan hecho el rescate de un buen historiador boliviano, que es Jorge Abastoflor, quien hizo un estudio de las trece guerras bolivianas, de las que él nos da un enfoque veraz en el que el pueblo boliviano, con su ejército, peleó en varias contiendas, y en la mayoría de ellas ganó. Todo este contenido formaba parte de la malla curricular que tenía que avanzarse el año pasado. Esto para el curso de segundo de secundaria, y en otros cursos también había temas sugeridos que tenían esa línea. Ya no se recurría a la victimización socialista, indigenista, izquierdista.

Lo malo es que no haya podido esto llevarse a cabo la continuidad de esa malla curricular, ya que el 12 de marzo de 2020 el sistema educativo boliviano paralizó actividades en casi todo el país, salvo pequeñas excepciones. Ahí fue la debacle, y hasta el día de hoy hemos vuelto nuevamente a la malla curricular planteada por el gobierno, que abraza el izquierdismo. Hubiera sido bueno que aunque sea por un año se haya impartido esos contenidos bastante interesantes con un enfoque bastante acertado en los colegios, pero no se dio, y hemos vuelto a lo mismo de siempre, a los contenidos sugeridos. Es cierto que el gobierno no nos está poniendo a punta de pistola «enseña esto así tal y como está», pero también se tiene que cumplir. Los profesores tenemos cierta ventaja, que es el currículo diversificado, donde nosotros podemos incluir temas que consideremos que van a ser útil al estudiante; pero con el currículum diversificado no podemos reemplazar los otros.

Martin de Loyola y Beatriz Nusta princesa del Peru

El mestizaje fue una de las características destacadas de la época virreinal.

R+F: ¿Cómo se ha formado usted en cuestiones de hispanidad? ¿A qué edad le surgió el interés?

Ronald: A partir de mis 20 años. Ya desde colegio, desde que era un adolescente, siempre fui curioso, siempre me llamó la atención la investigación histórica.  Lastimosamente, en esa edad yo no tenía ni el conocimiento ni los recursos propios para indagar, para buscar autores que no sean de la historiografía oficial. Solamente veía libros de texto donde se nos repetía lo mismo de siempre. Cuando ingresé a la Normal, ya tuve más conocimiento de qué autores, a quiénes podía recurrir. Internet me ayudó bastante, ya que puso variedad de fuentes a mi disposición de manera sincrónica. Ya desde mis 19 o 20 años, descubrí que la realidad boliviana se debe a sus orígenes, y sus orígenes son mestizos, y que acá no hubo una invasión. «No somos ningún pueblo desligado de sus raíces, y nuestras raíces comunes son americanas y europeas»: a partir de ese razonamiento, ya fui inclinándome a ver las cosas con mayor claridad: «¿Y si España no fue tan mala con nosotros?».

También al indagar la historia de los pueblos indígena-originarios, conocí que este mundo sin los españoles tampoco era un lecho de rosas: existían sacrificios humanos, invasiones e incluso limpiezas étnicas. En los libros de texto nos dicen que los quechuas, los incas, a pueblos que eran revoltosos o belicosos, «los removían de su lugar de origen a otro para que se adaptaran mejor». ¡Eso es limpieza étnica! Poner gente de un lugar para otro, separarlos, eso es limpieza étnica. Entonces, ahí me di cuenta de que los autores no se animaban a decir las cosas como eran. «Ciertas minorías, reinos indígenas eran sanguinarios, ¡pero eso era para sobrevivir!». Si estamos en esa lógica, entonces acá ningún pueblo humano ha sido malo por experiencia, sino que todos lo hacían «para sobrevivir».

Entonces, a partir de ahí ya vi que con la llegada de los españoles, con la fusión de los dos mundos, en la que hubo violencia, se trajeron buenas cosas: la principal es la fe, y también el idioma que nos puede llegar a hacer comunicar con mucha más gente. Y también entendí que los mismos españoles reconocían la nobleza indígena, que si bien incluso tal vez no se llegó a aplicar como debió haber sido, el mismo rey de España tenía la intención de proteger al pueblo indígena americano, y que ese reconocimiento perduró. Ya incluso cuando estudié historia republicana, vi que las élites de la república hicieron mucho más daño que los ‘malvados conquistadores’ a los pueblos indígenas. Los títulos que dio el rey de España, de reconocimiento a tierras comunales en el caso propio de los indígenas de La Paz, ¡es un hito! Y que los hacendados republicanos de ese entonces estaban prácticamente enojados porque hace centurias, los indígenas, «estos indios que no tenían derechos» ya tenían un reconocimiento formal, legal y oficial de parte del rey de España. Entonces, ¿qué acaso no eran los españoles ‘invasores’?, ¿no eran los malos a más acabar? Ahí fue mi despertar, a partir de los 19 y 20 años con más profundidad.

Fausto Reynaga autor indigenista

Fausto Reynaga, autor indigenista muy aclamado por la propaganda ideológica del MAS.

R+F: ¿Qué periodos de la historia republicana de Bolivia son los más vituperados por la propaganda o los más mitificados? ¿Los cuestiona usted también?

Ronald: De la historia republicana, los periodos que se ensalzan como ‘avances inclusivos’, de entre todos, serían los de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El liberalismo, o como le llaman a secas en los libros de texto, «la modernización del país»; eso con el enfoque de antaño. Ahí se ponía bastante flores a los liberales, a los emprendimientos empresariales. Que «el país se modernizó», que «vino la luz», «¡el primer automóvil en Bolivia!». Vaya… ¡uf! Ponerle cierto énfasis a una importación particular ya da indicios de que algo no está bien. El periodo liberal como tal fue un periodo de bastante enajenación, donde se traicionó entre su propio bando a los indígenas, donde se implementó el sistema de abolición, de expoliación, mejor dicho, a las tierras comunales, con mucha más fuerza. Ahí fue donde ciertos empeños de abuso se vieron concretizados. Por otra parte, también desde el periodo anterior, la Guerra del Pacífico, a pesar de que se muestra cierta estabilidad, también ahí podemos ver que solo se obedece a intereses empresariales. Pero los textos de antaño los veían como parte de un periodo de organización: «Fue un periodo de estabilización, de avance, ¡de modernización!». Ese periodo, en su amplitud, sembró las raíces de la injusticia, de mezquindad política, económica y social. Incluso en lo espiritual, la realidad no coincidía con lo que mencionaban los partidos. Una tendencia religiosa o conservadora realmente no se implementó en el país, o no hubo la voluntad para que esta obra benefactora pudiera ampliarse.

También está la Revolución del 52: nos enseñan que fue una conquista de las mayorías. Es cierto que todo lo que llamamos ‘la rosca’, ‘el pongueaje’, estuvo muy fuerte, pero olvidan mencionar que ese orden tan nocivo, tan injusto, fue fruto del liberalismo y del mal llamado ‘conservadurismo’ del siglo XIX. Ciertamente, la gente motivada por buenos fines, llevó a cabo la revolución, el alzamiento, pero sin embargo, durante ese decenio, durante esos doce años, se hizo unos cambios que vinieron de mano con la violencia, con el pongueaje político para los campesinos. Prácticamente, con un expolio para otras posturas que eran contrarias. La Revolución no fue una reacción de parte del hacendado, de los mineros, sino que, otros movimientos políticos que buscaban alternativas mucho más justas para el país fueron borrados del mapa, fueron borrados de forma brutal. Eso no se cuenta, es una reducción. Y en el nuevo enfoque, si bien son críticos con el liberalismo de principios del siglo XX, ensalzan lo contrario: al indigenismo, a la emancipación de las izquierdas, al inicio de los partidos comunistas o filo izquierdistas. Y bueno, si es necesario refutar algo, eso no quiere decir que tengamos que hacer propaganda al lado contrario o a un movimiento político, pero eso se está haciendo ligeramente con la nueva visión educativa del gobierno.

Miembro de la nobleza indigena

Miembro de la nobleza indígena en el Virreinato del Perú.

Y con lo controvertido de las dictaduras (de la segunda mitad del siglo XX), podríamos decir que es difícil sacar algo bueno, ya que durante ese periodo, de ambos bandos se buscó y se utilizó la violencia para llevar sus fines, tanto de izquierda como de derecha. Ambos, serviles a respectivos imperialismos. Eso no ha cambiado mucho desde los antiguos contenidos educativos de los noventa, donde siempre se hacía ver como el malo a los gobiernos dictatoriales. Es cierto que no eran malos, algunos aciertos tuvieron, pero tampoco se mencionaba que los grupos de izquierda estaban asustando gente, utilizaban tácticas terroristas, también asesinaron; eso no se menciona. Y ya con el gobierno actual, con la visión política educativa, se ensalza a los movimientos de izquierda, se ensalza tácticamente y ya se criminaliza a los de derecha, a los de la dictadura, aunque eso no es nada nuevo. Pero sorprende que a movimientos peligrosos, armados, se les tenga como idealistas, como jóvenes que querían lo mejor para el país. En esa época convulsa, ambos bandos querían luchar. Mucha cola de paja que pisar.

Como un pequeño complemento: toda visión educativa de antaño y la actual nos hacen ver a la democracia como un fin, un propósito que asegurar, que perseguir como individuos, como país, como pueblo… cuando la democracia no es más que una forma de gobierno, un sistema con muchas falencias. En la malla curricular de antaño, es «la conquista de la democracia». Con la actual, lo mismo, «la conquista de la democracia», pero demandando mucho más: «la democracia neoliberal, burguesa, representativa». Llega 2006: «¡La reconquista de la democracia popular indígena, de los pueblos para los pueblos!». Se van echando flores ellos mismos, cuando olvidamos que los gobernantes no son más que seres humanos como nosotros, que se pueden equivocar y se han equivocado no solo desde 2006, también desde 1982. Pero vemos que «dictaduras, ¡terminó lo malo! Ahora viene lo bueno». Esa es una parte de los contenidos que ahora se está repitiendo. En la actualidad, mucho se ha visto de la ‘historia crítica’, que los estudiantes tienen que hacer una ‘historia crítica’: «cuestionar a lo que dicen los libros de texto». No se está cuestionando como se debería a «la conquista y reconquista de la democracia», y no se ve más allá de ese discurso.

Vestimenta virreinal espanola de ultramar

Vestimenta virreinal española. El traje de la mujer hoy se muestra como estilo ‘cholita’ o indígena originario.

R+F: ¿Qué consejo daría a los profesores que tienen la intención y la voluntad de dar una buena enseñanza dirigida hacia la verdad en las Ciencias Sociales o en Historia?

Ronald: A los profesores bolivianos les invitaría a que primero hagan una reflexión acerca de sus orígenes no solo familiares, sino también de nuestro pueblo, que es andino-amazónico, llanero, chaqueño y valluno. Todo eso compone nuestro pueblo, no únicamente nuestro terreno. Obviamente, somos muy querendones del viejo terruño, de la patria chica, pero hay que ver que como pueblo boliviano somos bastante extensos, bastante diversos, y que nuestros orígenes que se remontan no solo a la época precolombina, sino también a la época virreinal, a la ‘época colonial’, donde para bien o para mal, hemos adquirido y adoptado costumbres, creencias, fe, tradiciones y un idioma también. Todo eso no tenemos que verlo como algo malo: tratemos de verlo como algo bueno, ya que cuando nos remitimos a ese pasado, siempre hay algo malo: que «a mi abuelo le han pegado», que «al abuelo le han asaltado», que «le sacaban el ojo», que «le cortaban la mano»… a esos discursos indaguémoslos. No nos remitamos a una teoría de izquierdas.

Yo les animaría a que asuman esa conciencia de que somos un pueblo de marcados orígenes indígenas y europeos por igual. Un pueblo que está dividido contra sí no tiene futuro, y si odiamos y renegamos de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestra cultura, ¿qué nos espera? Dividirnos, separarnos, asumir un colectivismo que se ampara en el odio. «¡Porque yo estoy a favor de la reivindicación indígena! ¡Vamos a sacar a esos k’aras (blancos)! ¡Vamos a sacar a esos extranjeros!»hemos llegado a ese extremo de llamar extranjero a alguien que tiene la piel un poco más clara, alguien que es de este país, ¡por favor! Yo les pediría que primero hagamos un énfasis en asumir nuestros verdaderos orígenes, que somos mestizos, y ser mestizo no tiene nada de malo.

También he de recomendarles que lean a autores neutrales: Enrique Finot, Roberto Querejazu, Gabriel René Moreno. Igualmente, recomiendo libros que tengan una variedad de autores más cercanos a la corriente conciliadora, ya que la hegemónica actual es la que se va al indianismo, indigenismo. ¡Es cierto! Somos indígenas, tenemos raíces indígenas, pero también españolas: no se trata de solamente ver el mundo desde el cristal de la wiphala; no es solamente interpretar cosas históricas a partir de aquello, sino ir mucho más allá. En cuanto a videos documentales, todo documental puede ser malo, lo malo es que no somos críticos respecto a ellos. Muchos profesores ven un documental y «¡Pam! Si dice esto, entonces debió ser tal como lo indican ahí». No siempre, no es así. Es mejor ser suspicaces en el beneficio de la duda y buscar qué es lo mejor para los bolivianos. Nuestro pueblo no está clavado en el occidente, en el oriente, en el norte o en el sur: todo eso junto comprende nuestro pueblo.

Finot Querejazu y Moreno

Finot Querejazu y Moreno, autores recomendados para contrarrestar la propaganda ideológica indigenista.

Por último, invito a mis colegas y futuros colegas a que dejemos de tener a los orígenes étnicos en un pedestal: que «nuestra gente está llegando a oriente», que «nuestra gente está llegando al sur», «¡ah! Ya tenemos ahí a nuestra gente». ¿Entonces, la raza, la pertenencia racial implica e importa mucho para clasificarnos de ese modo? «¡Ellos no son aymaras!, ¡ellos no son andinos!». Abracemos con ese término, «nuestra gente», a toda la bolivianidad, no únicamente a los que nos rodean o a los que tienen nuestras características físicas y somáticas, sino a aquellos que han vivido desde centurias en nuestro país. Debemos reconocer a aquellos como bolivianos, tal y cuales como nosotros. A veces, crecer cerca de la sede de gobierno, quiere decir que un boliviano únicamente tiene que ser como el occidental, tiene que defender los intereses regionales, nacionales, ¿pero tal como nos dicen los de acá? No, no siempre. Si vamos a asumir la pertenencia étnica como algo supremo, no va a haber la voluntad para buscar a otros autores. Esta cuestión inicial es importante. Invito a que asumamos que nuestros orígenes diversos merecen reconocer a toda su amplitud: oriental, occidental, norte, centro y sur. Y busquemos autores mucho más allá de aquellos que estén alineados con la izquierda: vayamos más allá de Silvia Rivera Cusicanqui, René Zavaleta, ¡que deben de tener también sus aportes!, pero suelen victimizar a ciertos grupos étnicos. Eso es lo que yo recomendaría.

Incas del Peru

Incas o emperadores del Perú, entre los que se incluye a los reyes españoles como continuidad del imperio andino.


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