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La mano de Dios en el corazón de La Guajira

Sichichón, Chochoitza, Caushalain, Chutchotsira, Kasumana, Kalouyachon, Cochinamana, lugares perdidos de La Guajira colombiana que hacen parte de la historia de Amigos de Andagoya, una red de solidaridad con 9 años de vida, fruto de la conversión de Camilo Devia, un hombre entregado al servicio de los más necesitados, después de estar envuelto en una vida de fiesta, una vida disoluta.

Como fundador de este milagro y testimonio de Iglesia Invisible, Camilo afirma que su misión es despertar corazones solidarios, inspirar servicio, amor y compasión cristiana por el prójimo: “generar líderes que promuevan sus propias iniciativas de servicio y de amor donde más se necesita y en sus comunidades”.

Quienes hacen parte de Amigos de Andagoya han vivido en carne propia lo que significa despertar corazones y vocaciones misioneras. Hoy conforman una red de amor al servicio de Colombia. Encarnan una escuela donde se aprende a servir con fortaleza y excelencia para Dios, a través del trabajo silencioso y de la oración permanente.

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El camino de Amigos de Andagoya ha sido una bendición para comunidades olvidadas, y es una forma de conocer cómo llega a la gente la mano de Dios, a través de corazones generosos que reciben la guía del Espíritu Santo. “Si Dios quiere, esperamos prontamente ser una organización pontificia que lidere las obras de Misericordia de nuestra amada Iglesia”, señala Devia.

Evangelizar con el ejemplo, llevar el mensaje de Jesús, los valores que permiten comprender que la vida es una oportunidad para crecer lejos de los vicios y el pecado, a través de talleres, la entrega de rosarios y la construcción de colegios, parques infantiles y cultivos autosostenibles, que son conservados por las comunidades que los reciben, han transformado miles de almas y hoy reflejan el esfuerzo de voluntarios que, en apenas un par de días, con pico y pala en las manos, se han sabido meter en el corazón de comunidades que se han convertido en autogestoras de su propio bienestar.

Camilo Devia, fundador de Amigos de Andagoya, con niños de La Guajira.

Dentro de las misiones de Amigos de Andagoya, podemos mencionar su apoyo a comunidades en Chocó, Tunja (trabajaron con migrantes venezolanos), Mocoa (16 voluntarios trabajaron 48 horas seguidas, se recogieron 16 toneladas de alimentos, colchonetas y cobijas en 4 días), comunidades de la localidad de San Cristóbal Sur en Bogotá y, por supuesto, La Guajira, donde se ha visto cómo numerosas comunidades wayuús se han transformado, gracias al trabajo de voluntarios que, con su ejemplo –siempre el ejemplo-, han traído no sólo apoyo material, sino la conversión espiritual de muchas personas.

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Una misión con Amigos de Andagoya

Todo empieza el viernes muy temprano. Es el 21 de septiembre de 2018. 33 voluntarios, hombres y mujeres llenos de Fe se dan cita en el aeropuerto de Bogotá para tomar el vuelo de las 8:50; deben estar en Riohacha a las 11 de la mañana. Cada uno paga sus tiquetes. El reto: construir dos cultivos que beneficiarán a los habitantes de caseríos ubicados en la Media Guajira, jurisdicción de Manaure. Les espera un fin de semana de trabajo ininterrumpido que le regalan a Dios.

El primer cultivo tiene una extensión de una hectárea, y el segundo de 6.500 metros cuadrados aproximadamente. Se sembrarán semillas de yuca, sandía, maíz y ahuyama. Adicionalmente, en esta misión se llevan 600 mercados y 5.000 litros de agua, que se recogen en Riohacha, fruto de donaciones generosas de seguidores en redes sociales, familiares y amigos. Pronto se despachan los camiones. Cada voluntario lleva su mercado personal, que consta de agua y alimentos no perecederos básicos.

El desplazamiento hasta el lugar de la misión se hace en camionetas tipo van. El Ejército colabora en la logística. Sichichón y Chochoitza son los destinos escogidos. Sichichón es una pequeña población contactada hace cuatro años por Amigos de Andagoya. Allí se han llevado a cabo campañas que han permitido la siembra de cultivos, la construcción de un galpón, la instalación de paneles solares, la creación de un sistema de riego básico y la construcción de un colegio de ocho aulas y parque infantil. Las autoridades son testigos de los avances alcanzados en tan corto tiempo. Hoy los habitantes de esta comunidad actúan como multiplicadores en la región.

La conclusión es simple: sí se puede cuando los wayuús cuidan las cosas que construyen con sus manos y con esmero; sí se puede cuando la gente se hace responsable de la construcción del progreso con sus propias manos.

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Agenda apretada

La tarde del viernes se destina para arreglar los mercados y armar la logística de entrega de las donaciones. Mientras esto ocurre, los niños esperan con alegría que llegue rápido el sábado para recibir los talleres, especialmente preparados para ellos, en formación de valores. De igual modo, se definen los lugares exactos donde se harán los cultivos. El almuerzo es ligero y la cena lo es aún más. El calor sofocante obliga a tomar agua en abundancia.

La jornada del sábado comienza a las 4 de la mañana. Desayuno sencillo: arepa y café caliente. El trabajo de campo se desarrolla a dos tiempos, culminando a las 5 de la tarde. Voluntarios y pobladores se funden en un solo equipo. Se siente la presencia del Espíritu Santo, pues la gente trabaja en silencio. Se escuchan oraciones y cantos en medio de la brega, que sólo se interrumpe cuando las condiciones climáticas así lo exigen.

Los cultivos que se van a sembrar garantizarán la alimentación mensual de 80 niños, que se suman a familias enteras que se han beneficiado de las campañas desarrolladas por los Amigos de Andagoya en La Guajira.

Este trabajo está inspirado en los cultivos que existen en Israel, y ha sido planeado con el apoyo de ingenieros agrónomos voluntarios, quienes han definido las condiciones técnicas para que este proyecto tenga pleno éxito. La cercanía al mar es indispensable.

Ser Iglesia en la periferia

Amigos de Andagoya entiende que ser Iglesia en la periferia significa ganar el amor de las comunidades, a partir de la confianza y el ejemplo, que son el verdadero camino para tocar corazones.

Así se cumplen las obras de Misericordia, en el terreno. Es un asunto práctico, no teórico. Camilo es enfático: “amar al prójimo implica entrega, dolor, sudor, sacrificio. Porque el prójimo es el desconocido al cual servimos por amor: el enfermo, el que está sucio, el que da problemas para regalarle un abrazo…”

Razón+Fe te invita a conocer el blog de este nuevo colaborador. Visita www.elcieloquierevolver.blogspot.com.co

*Fotos: cortesía Amigos de Andagoya.

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Sobre el Autor

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Francisco José Tamayo Collins

Licenciado en Filosofía y Humanidades. Publicista. Especialista en docencia universitaria. Escritor por vocación, guionista y periodista por convicción. Profesor universitario. Amante de la radio online, dirige el programa “Voces en la Periferia”, que transmite por La Sergio Radio. Columnista de opinión en varios portales digitales colombianos. Como sobreviviente de un experiencia cercana a la muerte, desea compartir su testimonio, a través de medios alternativos de evangelización como Razón+Fe.

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