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George y Barbara: 73 años de amor y poder

George H.W. Bush y su amada esposa Barbara Pierce Bush hicieron historia. Los dos murieron en este año 2018 que termina, consolidando 73 años de matrimonio, récord sin precedentes en el país de Washington y Lincoln.

Se conocieron en un baile: ella tenía 16 años, él 17. Fue amor a primera vista. Corría el año de 1941. Pronto se daría el ataque japonés contra Pearl Harbor, acto infame que oficialmente impulsaría que los Estados Unidos entraran de lleno en la Segunda Guerra Mundial.

Ella había crecido en un hogar acomodado de la ciudad más famosa del planeta, rodeada de buenas maneras y familiarizada con lo mejor de Nueva York; él, hijo de uno de los senadores más importantes del partido republicano, con prestigio dentro de una dinastía que brillaba con luz propia, allí donde colocaba sus intereses.

Eran muy jóvenes cuando se casaron en 1945. Fueron padres de un niño, a quien bautizaron George W., un año después. Como toda pareja joven, George y Bar -como se decían con cariño-  comenzaron su vida en un pequeño domicilio. Fueron años de intenso trabajo. En trece años nacieron cinco hijos más. La segunda, Robin, murió de leucemia cuando iba a cumplir apenas 4 años: fue un golpe brutal que los fortaleció como familia.

Migraron hacia Texas, lugar donde él se consolidó como empresario de la industria petrolera y pudo levantar su hogar con lujo de detalles. Los Bush marcaron tendencia desde muy jóvenes.

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La carrera de él fue meteórica: ingresó al Congreso con apenas 40 años, fue gerente del partido de los conservadores gringos, dirigió convenciones nacionales, fue director de la CIA, embajador estadounidense ante la ONU y en la lejana China, precandidato, vicepresidente y presidente de los Estados Unidos de América, para ser exactos el número 41. George H.W. Bush y su amada esposa Barbara Pierce Bush hicieron historia. Los dos murieron en este año 2018 que termina, consolidando 73 años de matrimonio, récord sin precedentes en el país de Washington y Lincoln.

Sin embargo, su legado más importante como socios de toda una vida, no está en los logros profesionales de cada uno sino en la construcción de una familia única, conformada por sus 6 hijos, 17 nietos y 7 bisnietos, a los que debemos sumar esposos y esposas correspondientes. Todo un clan de la era contemporánea.

George y Bar, como se dijeron siempre entre ellos, heredaron al mundo una relación matrimonial ejemplar, donde siempre hubo diálogo, buen humor y estrecha amistad. Impecables en las formas, fueron sabios en los fondos. Para ellos, reír y divertirse era asunto muy importante. Amigos y compinches en todo, compañeros en las buenas y en las malas, testimonio perfecto de lo que debe ser un matrimonio.

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Los Bush cumplieron a cabalidad el mandato bíblico, pues como pareja fueron un solo cuerpo y una sola alma. Por eso, el funeral de cada uno, acaecidos en abril y en diciembre, reflejaron cariño de millones de personas en los Estados Unidos y más allá de las fronteras. Como marido y mujer, fieles a las creencias cristianas en las cuales creían, jamás dieron espacio a ningún tipo de escándalo ni para comentarios que afectaran a su núcleo familiar.

Qué buen ejemplo reciben los jóvenes sobre lo que significa y debe ser todo matrimonio, si tienen presente lo logrado por esta longeva pareja. Efectivamente, el matrimonio sí pude ser para toda la vida.

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El noviazgo debe estar adornado por mensajes y detalles con kilometraje. George, al cumplir 49 años de matrimonio, le volvió a pedir la mano a su esposa, en una carta profunda, que recordaba esa lejana misiva que envió desde Japón a su amada novia, diciéndole “que quería tener la suerte de contar con una madre como ella para sus hijos”.

Porque el matrimonio es la empresa más importante de cualquier ser humano, queremos rendirle tributo en esta columna a esta pareja sin igual, no tratándolos con los títulos merecidos que ganaron en franca lid, sino como seres humanos: un papá que siempre estuvo pendiente de sus hijos, nietos y bisnietos, y una mamá que, por encima de todo, fue eso: madre.

A manera de coda: “The enforcer” (en una traducción más familiar, “la patrona”) era el apodo de la señora Bush al interior de su familia, pues era una mujer que siempre velaba porque se cumplieran las normas. Auténtica, amante y defensora hasta la muerte de su esposo, al que llamaba al final de los años “mi precioso Jorge”, tuvo a bien impulsar a sus hijos y nietos para que conquistaran las metas que se trazaron en la vida, no como los familiares más cercanos del presidente 41 de los Estados Unidos, sino como ciudadanos productivos, capaces y luchadores.

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Sobre el Autor

Francisco José Tamayo Collins

Licenciado en Filosofía y Humanidades. Publicista. Especialista en docencia universitaria. Escritor por vocación, guionista y periodista por convicción. Profesor universitario. Amante de la radio online, dirige el programa “Voces en la Periferia”, que transmite por Radio Virtual. Columnista de opinión en varios portales digitales colombianos. Como sobreviviente de un experiencia cercana a la muerte, desea compartir su testimonio, a través de medios alternativos de evangelización como Razón+Fe.

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