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Al momento de publicar esta nota, hace aproximadamente 33 años recibí de manos de un devoto esta Oración a la Santísima Virgen del Carmen, con la historia sobre su origen. Al menos, de cómo se conoció y difundió esta devoción a partir de un hecho acaecido cerca de Marsella, en Francia.
La devoción fue autorizada por el Obispo de entonces, quien la aprobó una vez se confirmó el hecho auténtico del milagro concedido a quien la llevaba consigo y que fue salvado de un ahogamiento inminente, conforme a la promesa que más adelante confirmaría la mismísima Virgen María a Fray Alonso Rodríguez.
Lo relevante es que el testimonio de la persona de cuyas manos la recibí, confirma dicha promesa. Siempre me inquietó ver cómo, en diferentes ocasiones, esta persona fue especialmente protegida y preservada de la acción de maleantes y de otros muchos peligros. Pero cuando me obsequió la oración, unos días antes de su muerte, fue cuando pude comprenderlo y constatar su autenticidad, así como la veracidad de las promesas asociadas a esta devota oración.
Me comprometí a difundirla y propagarla, lo cual he hecho a través de una sencilla hoja impresa a lo largo de estos años, y debo confesar que en los últimos seis la había casi dejado por completo en el olvido, aunque siempre llevaba conmigo una copia de ella en la billetera.
Pero fue durante el Sacramento de la Confesión que el Sacerdote me recordó la celebración de la Fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de los conductores, navegantes y de los caminantes. Y entonces el recuerdo de esta oración se hizo nueva y plenamente vívido en mi mente, conmoviéndome hasta lo más hondo.
En ese momento recordé una muy dura y dolorosa experiencia vivida hacía apenas 20 días, que me obligó a caminar 17 kilómetros en subida, por una carretera, condiciones personales muy difíciles, incluso deshidratado y desmoralizado, sin saber cómo podría hacerlo, bajo el sol canicular de las dos de la tarde, desde un pueblo hasta la pequeña casa de campo en la vereda en la que vivo. Lo hice en tres horas.
Durante el trayecto, me entregué a los Corazones de Jesús y de María, orando por mí, por mi familia, por mi país y por la Iglesia, y pidiendo de manera especial la protección de la Santísima Virgen María. Aunque la travesía supuso un enorme esfuerzo físico, toda la experiencia fue profunda y de un gran recogimiento interior. A lo largo del trayecto los síntomas de deshidratación se fueron moderando, y puede llegar bien a mi casa. Ni en mi rostro o cuello quedó ninguna quemadura del sol o señal de insolación. No tuve irritación en la piel ni en el rostro, pese a no llevar sombrero o visera, y tampoco esta descaspó después.
Veinte días después, durante la confesión, comprendí lo que realmente había ocurrido. En tantos años, apenas entendí lo que significa ser caminante, es decir, un Peregrino, en todo el sentido de la palabra. Por eso, después de esta epifanía, la comparto hoy, en vísperas de esta Fiesta.
Sobre todo, invito a cada uno y desafío a quien no crea, que pruebe ponerse bajo el amparo de la Santísima Virgen del Carmen, recitando y llevando consigo esta oración. Le ocurrió a aquel pobre hombre arrojado al mar en 1893, en Francia, y me ocurrió a mí el 20 de junio de 2025 en Colombia. Y la confirmación del hecho llegó por la vía de la Gracia Sacramental a través del Sacerdote en la confesión.
ORACIÓN
A LA
Santísima Virgen del Carmen
Jesucristo, Hijo de la Santísima Virgen del Carmen; Virgen Purísima que diste a luz al Salvador del mundo, ruega por mí a Dios, Nuestro Señor, hermosa azucena, más bella que el sol y todas las maravillas.
Corona de los ángeles, de los serafines y de todos los mártires, ayudadme, cuidadme, fortalecedme; fuente de bondad, de gracia y de misericordia; templo y sagrario de la Santísima Trinidad, muestra en mí las maravillas de tu preciosísimo Hijo, para que me perdone y traiga a mi alma la verdad, la penitencia y lleve a su santísima gloria cuando de esta vida salga. Amén.
Se reza una Salve a la Santísima Virgen y tres Credos a la Santísima Trinidad, diciendo: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, por los nombres de Jesús, María y José, líbranos de todo mal.
ORIGEN DE ESTA ORACIÓN
Refiere la historia que, en el año de 1893, fue arrojado en altamar un pobrecito hombre a quien pusieron muy pesadas cadenas para que se ahogara, pero viendo que iba sobre las aguas sin suceder nada, lo cogieron prontamente, le quitaron las cadenas y los vestidos, y le encontraron la anterior oración, que fue aprobada por el santo Obispo de Marsella, Diócesis en donde sucedió este milagro.
Luego se propagó la devoción de esta santa oración hasta el punto de que la Santísima Virgen se apareció en persona al santo y virtuoso padre Fray Alonso Rodríguez, a quien le prometió que quien lleve esta oración con fe, aunque no sepa leer, será librado de las acechanzas de sus enemigos, libre de toda tentación y peligro en la tierra y agua, no tendrá muerte repentina ni violenta, será eficaz milagro en el trance del parto de las mujeres, en la casa no caerán rayos ni centellas, no sufrirá por causa de los temblores, incendios o asaltos de bandidos.
Es promesa de la Virgen del Carmen que quien la lleve consigo, aunque no sepa leer, será libre de todo mal, de todo pleito, tendrá buena muerte y pronta libertad del purgatorio.
Puede imprimirse Bernardo Arzobispo
Certifico que está bendita Rafael Martínez,
Pbro.