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Razón Vida

Las diferencias morales en las vacunas contra el COVID-19 son relevantes

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Escrito por Redacción R+F

Entre el 20% de la población en el Reino Unido y el 23% en Estados Unidos, han dicho a distintas encuestadoras que no piensan vacunarse, cuando esté disponible una vacuna contra el COVID-19.

Existe muchas razones por las que las personas toman esa posición, desde una baja percepción del riesgo frente al coronavirus, hasta una desconfianza a las vacunas en general (movimiento anti-vacunas).

Pero una de las razones poco analizadas para este rechazo consiste el uso inmoral que hacen algunos laboratorios, de células de bebés abortados para su trabajo de investigación.

Vacunas y aborto

Luego de años de controversia, en la que con frecuencia los activistas provida fueron señalados de conspiranoicos, la revista Nature reconoció la controversia ética que suponía la investigación médica con dos líneas celulares, debido a la falta de consentimiento de las mujeres involucradas para experimentar con ellas.

Entre esas estaba la línea celular fetal WI-38, obtenida en 1962 de una mujer sueca que se hizo un aborto legal de cuatro meses de gestación, debido a que no quería tener más hijos.

Los pulmones del feto fueron extraídos y enviados al Instituto Wistar de Anatomía y Biología en Filadelfia, donde fueron procesados ​​y cultivados por Leonard Hayflick.

La línea WI-38 se distribuyó a compañías farmacéuticas e investigadores de todo el mundo y se ha utilizado para crear vacunas contra la rubéola, la rabia, el adenovirus, la poliomielitis, el sarampión, la varicela y el herpes zóster.

Al respecto existen objeciones pro-vida que señalan la injusticia del aborto y la complicidad moral del aborto realizado para adquirir tejido fetal y usarlo para la fabricación de productos, las cuales incluyen la administración y recepción de vacunas derivadas de él.

La vacuna de Oxford contra el Coronavirus

Un documento informativo publicado por el Anscombe Bioethics Centre (Oxford) confirma que la vacuna desarrollada por es universidad, utiliza células de bebés abortados:

“Una de esas líneas celulares utilizadas en la investigación de la vacuna COVID-19 (incluido un proyecto de la Universidad de Oxford5) es la línea celular HEK 293 modificada a partir de tejido extraído del riñón de un feto abortado probablemente en 1972, mientras que otra es la Línea celular PER C6 del tejido retiniano de un bebé de 18 semanas abortado en 1985″, afirma la investigadora Helen Watt.

El informe presenta los argumentos para presentar una objeción de conciencia contra ese tipo de vacunas:

“Existe una cadena de acciones desde el aborto original y la recolección de tejido fetal, hasta la creación de una línea celular fetal, su uso en la creación de una vacuna, la comercialización y compra de la vacuna, así como la oferta y su uso por parte del público. ¿Hay complicidad en todas las etapas y, de ser así, en qué medida? “

La Encíclica Dignitatis Personae (“La dignidad de las personas”, 1995), aclara la posición de la Iglesia Católica al respecto: los científicos tienen el deber de rechazar el uso de material producido ilícitamente “incluso cuando no existe una conexión estrecha entre el investigador y las acciones de quienes realizaron la fertilización artificial o el aborto”, afirma.

Este deber “surge de la necesidad de apartarse, dentro del ámbito de la propia investigación, de una situación jurídica gravemente injusta y de afirmar con claridad el valor de la vida humana”.

Pero también aclara que la responsabilidad que tendría un científico a oponerse a trabajar con ese tipo de materiales ilícitos, no es la misma que la que le corresponde al padre de familia que procura la salud de sus hijos:

“Así,… el peligro para la salud de los niños podría permitir a los padres utilizar una vacuna que fue desarrollada a partir de líneas celulares de origen ilícito, teniendo en cuenta que todos tienen el deber de dar a conocer su disconformidad y pedir que su sistema de salud haga otra tipos de vacunas disponibles. Además, en las organizaciones donde se utilizan líneas celulares de origen ilícito, la responsabilidad de quienes toman la decisión de usarlas [directivos, científicos] no es la misma que la de quienes no tienen voz en tal decisión [pacientes, padres de familia, etc.]”

En todo caso debe respetarse la objeción de conciencia y se debe promover una censura moral a ese tipo de productos, en especial en un ambiente social en el que se pierde progresivamente conciencia de la gravedad del aborto, y se busca convertirlo en un acto intrascendente.

También es importante tener en cuenta que, habiendo tantas líneas de investigación para la vacuna contra el COVID-19 (140 en todo el mundo), la mayoría de las cuales son moralmente lícitas, como ciudadanos deberíamos pedir a nuestro gobierno que dé prelación a aquellas vacunas que reconocen y respetan la dignidad del ser humano.

Fuente: Mercatornet.com

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