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Hacia el abismo de la izquierda conducidos por una derecha ciega. ¿Qué ocurre con la derecha colombiana?

Francisco Flórez
Escrito por Francisco Flórez

Mientras que la derecha se levanta en Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y España, en Colombia pierde su norte y abona el  camino para que la izquierda llegue al poder. ¿Qué le pasa a la derecha colombiana?

En el mundo se está poniendo de moda la derecha y los únicos en no percatarlo son los políticos colombianos. No solo el Centro Democrático y el Partido Conservador ignoran éste hecho. El viejo liberalismo, que de vez en cuando asumía banderas derechistas (lo hizo con J. C. Turbay, algo con Virgilio Barco y sin duda con Álvaro Uribe), tampoco se percata de la torpeza estratégica que implica aferrarse al desgastado discurso izquierdista.

De las últimas 5 elecciones presidenciales, 4 de ellas fueron ganadas por el candidato que los colombianos percibían como derechista. Sin embargo, ni la clase política ni la prensa han tenido la capacidad – o la voluntad- de reaccionar a tal tendencia.

Una generación contestataria frente al establecimiento de izquierda.

La juventud de clase media (o los “post- millenials”) ha sido protagonista de éste renacer derechista en varios lugares. Nietos de hippies, hijos de madres solteras que no ponían un pie en la casa y educados por mediocres profesores marxistas, encontraron que el establecimiento de izquierda en el que fueron criados no era el jardín de rosas prometido.

Lo anterior hace que, como lo dijo recientemente Paul Joseph Watson: “conservatism is the new punk”.

Además, en la juventud existe una particular tendencia por cuestionar el orden establecido y para todos los efectos, el establecimiento de hoy es de izquierda y lo conservador resulta ser contracorriente. Salvo en lo que tiene que ver con enriquecerse ellos mismos, los grupos “mainstream” de poder financiero, mediático, académico, cultural y político son de izquierda.

Una imagen lo dice todo. Bono, la estrella de U2, posó hace poco con su íntimo Bill Clinton para que reporteros de la CNN desplegaran el amistoso encuentro. ¿Podría concebirse una foto de Bob Dylan abrazando a Richard Nixon en 1970?  Evidentemente, ¡The Times They Are a-Changin! Quizás desde la Unión Soviética no se veía una coincidencia tan armónica entre los intereses ideológicos del entretenimiento masivo con los del poder político.

Lo anterior hace que, como lo dijo recientemente Paul Joseph Watson: “conservatism is the new punk”. Ello atrae a cierto sector de la juventud, hostigada con la sociedad de lo políticamente correcto, que amenaza con silenciar violentamente  todo lo que sea “ofensivo”.

La industria del entretenimiento y los políticos de izquierda nunca habían estado tan cerca.

“Violencia contra los fascistas” Un lema contraproducente.

La violencia de la izquierda contrasta con sus consignas antifascistas. Los dos comportamientos la apartan de la sintonía popular. La manía de llamar a todo el que no comulgue con su ideología un “fascista de extrema derecha”, es una estrategia de ataque contraproducente. Porque según la izquierda, son fascistas de extrema derecha desde las señoras de Emaús que rezan contra el aborto, hasta los economistas que quieren reducir el gasto público.

Pero sin duda, han sido los ataques violentos de la izquierda lo que más les espanta electorado. Por no mencionar el obvio caso de las FARC, los episodios violentos protagonizados por la izquierda “no armada” son abrumadores. El país observó aterrado cómo durante las manifestaciones estudiantiles de noviembre Bogotá fue vandalizada, los buses destruidos, las iglesias grafiteadas y las fuerzas del orden agredidas.

Los medios de comunicación repiten como loros que “son casos aislados”. No lo son, es más bien la norma que se repite sistemáticamente siempre que hay una movilización convocada por la izquierda, y la gente lo sabe. ¿Cuántos transmilenios fueron incendiados en la movilización de 2008 que se convocó contra las FARC? ¿Cuantos cocteles molotov explotaron durante la multitudinaria marcha que la derecha convocó el año pasado contra el gobierno de Juan Manuel Santos? Ahí no hubo un solo “caso aislado”, ¿por qué en las protestas de izquierda si hay violencia y en las de derecha no?

En la prensa repiten como loros que los actos violentos  “son casos aislados”. No lo son, es  la norma que se repite siempre que la izquierda hace un paro.

Este fenómeno de violencia es global, y por ello el desencanto con la izquierda se ha generalizado. En Buenos Aires, centenares de feministas marchan cada año hasta la Catedral para profanarla, escupir y agredir a los fieles que intentan impedirlo. En noviembre pasado la casa del periodista conservador de la cadena FOX, Tucker Carlson, fue vandalizada por izquierdistas radicales que lo amenazaban de muerte a él y a su familia. En octubre un hombre casi fue linchado en Andalucía por llevar unas tirantas con los colores de la rojigualda y el propio Pablo Iglesias ha convocado, como Gustavo Petro en Colombia, marchas para “defender la democracia” tirando piedras y portando capuchas. Ni para qué mencionar la aterradora experiencia venezolana que día a día desacredita más el proyecto de la izquierda radical.

El reciente descontento con esa izquierda violenta, soberbia y autoritaria tuvo su primer efecto mundial con la elección de Donald Trump. Y es falso afirmar que Trump haya sido electo por radicales del Ku Klux Klan, como afirman hasta el cansancio todos los medios gringos y repiten en su mediocridad todos los colombianos. Porque ni a Trump lo eligió el KKK ni a Iván Duque los paramilitares.

Ni a Trump lo eligió el KKK ni a Duque los paras. Fueron electos por gente más centrada en la educación y la seguridad de sus hijos que en el calentamiento global y el derecho de los pollos a ser libres.

Ambos fueron electos por una clase media sencilla, sin las pretensiones esnobistas de esa inteligentzia gran citadina que acá votó por Fajardo y allá por H. Clinton. El mismo pueblo llano que está más preocupado porque haya trabajo, bajen los impuestos y se recupere el orden, que por el derecho de los transgéneros a que el Estado financie la mutilación de sus miembros. Gente más centrada en la educación y la seguridad de sus hijos que en el calentamiento global y el derecho de los pollos a ser libres. La misma gente que en el 2016 votó a favor del Brexit y la misma que eligió a Jair Bolsonaro en octubre presidente del Brasil.

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La izquierda se obsesiona en dibujar dicho electorado como unos neonazis fanáticos. Y ello es quizás por temor a reconocer que su agenda pueda parecer inconveniente, e incluso odiosa, a un cada vez mayor número de personas razonables por todo el mundo, que no son ni nazis, ni extremistas.

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La prensa «mainstream” de izquierda versus la prensa “underground” de derecha.

La caída en los “ratings” de la prensa liberal anglosajona ha sido monumental en los últimos años. Y aunque ello se debe en gran medida al auge del Internet, también obedece, precisamente, a que es por la red como muchos informativos y comentaristas de derecha capturan audiencias cada vez mayores. Comentaristas como Ben Shapiro, Jordan Peterson, Steven Crowder, Paul Watson o Milo Yiannopoulos, todos con millones de visitas en sus contenidos de Youtube, le han puesto seria competencia a las plataformas de CNN, CSNBC y la BBC. Informativos como Infowars, ChurchMilitant e Intereconomía también están desajustando la audiencia de las corporaciones mediáticas tradicionales.

Debo advertir que en la selección anterior no se encuentra un solo auto denominado fascista. Hay desde ateos libertarios como Peterson hasta cristianos liberales como Crowder. Ninguno de ellos es un católico reaccionario, pero sí comparten su interés por hacerle frente a la izquierda, que tiene colonizados los medios tradicionales de comunicación en los Estados Unidos e Inglaterra.

P.J Watson, youtuber independiente que se enfrenta a la gran prensa británica.

La realidad anterior tiene un interesante paralelo en Colombia, pues ningún medio alternativo – o no alternativo- ha logrado contrarrestar la unanimidad que en materia de “progresismo” comparte nuestra prensa. Quizás con la excepción de El Colombiano, los periódicos y revistas en Colombia podrán diferir en lo que afecta los intereses económicos de su respectivo dueño, pero van al unísono para promover toda la agenda feminista, pro aborto, pro eutanasia, anti Iglesia, etc.

 

«La Pulla», youtuber que trabaja en el diario del grupo Santodomingo.

Resulta irónico que en Colombia el fenómeno del “youtuber” – que en el mundo se caracteriza como la única opción para que una voz independiente pueda ser escuchada – acá tenga como exponentes a Daniel Samper, del grupo editorial de Felipe López, y a María Paulina Baena “la pulla”, del grupo editorial de los Santodomingo.

Todo lo anterior confirma la miopía de la derecha colombiana, pues desde que desaparecieron noticieros como el 24 horas o periódicos como La Prensa y El Siglo – el de Gómez Hurtado-, no ha sido capaz de crear una plataforma mediática significativa que haga contrapeso al periódico de Luis Carlos Sarmiento o a las emisoras que dirigen los Julios Sánchez. Fernando Londoño es la excepción a esta desoladora regla.

El “Milagro” de Vox: ¿En España vuelve a amanecer?

En octubre de este año, Santiago Abascal, líder del partido Vox, atiborró un estadio en Vistaalegre, cerca de Madrid. Mientras se hondeaban cientos de banderas rojigualdas y se escuchaban los gritos y aplausos entusiasmados, Abascal dio un discurso sobre “la España de Lepanto” y “la España viva”. Quizás más de uno recordó otra intervención similar que Blas Piñar pronunció el 18 de julio de 1981, en la plaza de toros de Aranjuez, para conmemorar el levantamiento del general Francisco Franco en el 36.

Abascal ya se perfila como el futuro líder de la derecha en España.

Sin lugar a dudas, el “milagro” de la derecha más reciente fue el triunfo que ese partido tuvo durante las elecciones del domingo 2 de diciembre en Andalucía. Este partido, que en las últimas elecciones de 2015 obtuvo apenas 18 mil votos, ésta vez sacó 400 mil. En contrario sentido, los socialistas perdieron 400 mil sufragios  con relación al 2015. Por su parte el partido Popular, de centro derecha, obtuvo 300 mil votos menos que en el 2015. El partido Podemos, del izquierdista Pablo Iglesias, obtuvo 280 mil votos menos y el centro derecha partido Ciudadanos aumentó con 300 mil. El resultado del domingo llega después de 35 años de gobiernos izquierdistas, que a pesar de múltiples subsidios europeos dejan a Andalucía como una de las regiones con mayor desempleo y pobreza en España.

El caso de Andalucía puede marcar la tendencia que se replicaría en el resto de autonomías españolas y probablemente en las eventuales elecciones generales que se convoquen el año entrante. Hay una nueva generación de españoles que ya no cree en los dos partidos tradicionales, se aleja de la izquierda y le apunta a opciones de derecha como Vox.

La figura central de Vox, Santiago Abascal, es un vasco de 42 años que a pesar de ser estigmatizado por la izquierda  como un monstruo “plurifóbico”, en realidad es un padre de familia que cree en las instituciones democráticas, el estado de derecho y las garantías civiles. Eso sí, a diferencia de sus contrincantes de centro del partido Popular (que él llama la “derechita cobarde”) y de Ciudadanos (que llama las “veletas naranjas”), Abascal tiene un discurso claro, que sin complejos le ha propuesto a los españoles como opción de gobierno.

A diferencia de sus contrincantes de centro del partido Popular, que él llama la “derechita cobarde”, Abascal tiene un discurso claro y sin complejos.

Vox se atrevió a proponer una disminución drástica del tamaño del Estado y su gigantesca burocracia, una reforma integral de la Constitución para suprimir las ociosas “autonomías suicidas”, recortar y suprimir impuestos confiscatorios o defender el derecho a la vida de los niños en los vientres de sus madres. Siendo España el lugar por el cual ingresa la mitad de la inmigración ilegal a Europa, Vox propone una política de fronteras que garantice la seguridad de los ciudadanos.

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Y aunque Abascal no pregona la persecución de nadie por razones de raza, religión, sexo o inclinación sexual, y en reiteradas ocasiones ha reafirmado sus convicciones en favor del orden constitucional y de la democracia, la prensa de izquierda lo ha venido devorando, con particular encono desde el triunfo que tuvo el 2 de diciembre en Andalucía. Abascal, el político que hace las propuestas anteriores bajo el marco y el respeto por la democracia liberal, es para ellos un “ultra”, un fascista.

Se le acusa, al igual que a Trump y a Bolsonaro, de obtener votos gracias al “miedo y al odio” que infunde, cuando en realidad ha sido la incapacidad de la izquierda y del centro – mal llamado de derecha-  para solucionar los problemas reales de los españoles lo que ha impulsado su repentina disparada electoral.

¿Qué ocurre en Colombia?

Gran parte de la derecha colombiana es, para usar el término de Abascal, una “derechita cobarde”. Sobre la reducción del Estado, ¿a ningún político de derecha se le ocurre que el dinero invertido en asambleas departamentales, infinidad de entidades descentralizadas y un sinfín de departamentos administrativos se podría invertir en más y mejores jueces?

Ser de derecha en Colombia no es ser partidario de alias “Jorge 40”. Es estar del lado de Nicolás Gómez Dávila, Miguel Antonio Caro, Álvaro Gómez o Julio Arboleda.

Sobre materia tributaria. ¿Quién propone una política fiscal que reduzca y no suba los impuestos que ahogan a la clase media?

Sobre las FARC.  ¿Quién propone que los acuerdos con las FARC son el producto de una sucesión de golpes de estado y que hay que enmendar ello con su inmediata anulación, y la puesta en prisión de los terroristas que ahora se sientan en el Congreso?

Sobre la JEP. ¿Quién propone que la JEP, también resultado de unos acuerdos ilegales, es una entidad espuria, ilegítima, y que hay que devolverles la justicia a los jueces y magistrados de la República?

Sobre el aborto. ¿Quién propone que se presente una reforma constitucional para que la Carta defienda la vida en forma expresa desde su concepción?  O sobre la educación de los niños y niñas. ¿Quién propone que la pornografía sea regulada y restringida para evitar que interfiera con la sana formación de toda una generación de colombianos con acceso ilimitado a ella desde la más tierna infancia?

En Colombia la agenda política la pone la izquierda, solo para que la derecha procure moderarla y hacerla menos agresiva.

Este tipo de propuestas,  que partidos de derecha en todo el mundo están impulsando y algunos implementando, en Colombia ni el más conservador de los congresistas se atrevería a siquiera sugerirlas, seguro de que la prensa lo sepultaría y su rentabilidad electoral quedaría menguada. Temerosos de ser llamados «radicales» por una prensa que de todas formas los considera como tales, prefieren moderar las propuestas, esas sí radicales, de la izquierda, que imponer ellos su propia agenda.

Porque en Colombia la agenda política la pone la izquierda, solo para que la derecha procure moderarla y hacerla menos agresiva, tal y como fue su lastimero papel ante las negociaciones con las FARC durante los pasados años.

El complejo y el temor de la derecha son un peligro, pues nuestra tibieza es lo que abona el terreno para una izquierda que sí está decidida y no anda con complejos para llegar al poder.  Todos los izquierdistas se proclaman orgullosamente de izquierdas en Colombia, mientras los conservadores, si acaso lo dicen en público, tienen que anteponer la palabra “centro” antes de decir “derecha”.

¿Cual es la vergüenza? Si la izquierda se siente intelectualmente suficiente con 200 años de tradición marxista, la derecha lo debería estar más con 2 mil años de civilización cristiana.

¿Cuál es la vergüenza? Ser de derecha en Colombia no es ser partidario de alias “Jorge 40” ni de Carlos Castaño. Es estar del lado de Álvaro Gómez Hurtado, de Nicolás Gómez Dávila, de Miguel Antonio Caro o de Julio Arboleda. Y serlo en el mundo no es ser partidario de Hittler o Musolini, sino de Juan Pablo II, J. R. Tolkien, Miguel de Unamuno, San Pio X o G. K Chesterton.

 Y si la izquierda se siente intelectualmente suficiente con 200 años de tradición marxista, la derecha lo debería estar más con 2 mil años de civilización cristiana. (Quizás por eso la quieren destruir, se quitarían de encima esa molesta competencia)

Decía al inicio que ni el partido Conservador ni el Centro Democrático parecen estar conscientes de la oportunidad histórica que desperdician, al no sumarse a una tendencia política mundial que se encuentra en su mejor hora. El problema puede ser que por cada uribista como Samuel Hoyos hay 10 como Edward Rodríguez y que por cada conservador como Miguel Gómez hay 20 como Hernán Andrade. Pero si esos pocos no asumen un liderazgo por consolidar un movimiento de derecha decidido y sin complejos, Colombia perderá su destino histórico ante las garras de una izquierda que ya cuenta los días para que llegue el 7 de agosto de 2022.


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