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Niña llora al verse perseguida por su sombra

Nina asustada con su sombra
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Escrito por Redacción R+F
¡Difunde la cultura de la Vida!

Miedo y Pedagogía. Una situación cotidiana nos insta a pensar sobre la relación que hay entre la fe y la educación.

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En un “trino” que hace honor a aquello de que “una imagen vale más que mil palabras“, Monseñor José Ignacio Munilla presenta un elocuente video.

Se trata de un video familiar, en el que una madre ‘explica’ a su hija, una pequeña que apenas se adentra en el uso de razón, a la que intenta hacerle entender que “es normal” que su sombra se proyecte y que aparezca siempre pegada a ella. Pero la niña, como es apenas natural a su edad, llora, asustada, y no entiende la situación.

¿Y por qué el Obispo Munilla publica este video? Al parecer, lo hace para ilustrar el comentario que encabeza el trino, y que dice:

«El cristiano no tiene nada a qué temer, excepto al miedo mismo».

Obispo José Ignacio Munilla en su cuenta de Twitter

Llaman la atención las respuestas y reacciones a la publicación, en las que algunos “dan lecciones” a la mamá sobre la forma de afrontar la situación y la ‘pedagogía’ con la que debió proceder. Otros responden al trino adosando reflexiones y frases en torno al tema propuesto por Monseñor Munilla: los cristianos y el miedo.

En el trino no se ve información que identifique a la fuente, ni su fecha y lugar de publicación o procedencia. La madre habla portugués, con un acento y una cadencia que parecen del Brasil.

¿Y nuestro propósito al comentar la publicación?

  • En primer lugar, compartir una situación familiar común, por la que pasamos los padres y miembros de las familias en el proceso de crianza de nuestros hijos.
  • En segundo, hacer eco a la reflexión propuesta por el Obispo, y de paso invitar a reflexionar sobre si el ejemplo propuesto realmente se ajusta al fin catequético.
  • En tercero, aprovechar la publicación para reflejar y plantear cuestiones que muchas veces quedan en el aire, como la capacidad e intencionalidad educativa de los padres y cómo se complementan con las de la escuela.

Todo esto bien se podría enmarcar en una reflexión más amplia sobre nuestra madurez espiritual, y cómo esta puede abarcar y modular tanto nuestra fe como nuestras “competencias” educativas familiares.


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