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Fe Vida

Tú, que eres joven, ¿sabes para qué te quiere Dios?

Vocacion
Escrito por Padre Henry Vargas
¡Difunde la cultura de la Vida!

Sabe que tu vida tiene sentido si sabes para qué Dios te ha llamado a existir. Quién sabe si quizás encontrando el sentido de tu vida encuentres también el de otros muchos.

¡Difunde la cultura de la Vida!

Joven, párate un momento, detente en tu camino. ¿Para qué? Para que te mires a ti mismo(a) y descubras el sentido de tu vida. Puedes conseguirlo, puesto que Dios te necesita para algo, y la inquietud por descubrir tu vocación es el primer paso.

Mira con objetividad tu historia para que veas de dónde vienes, contempla tu presente para que sepas a dónde vas y qué estás haciendo; y, sin miedo, mira cuál es tu meta, que será la plenitud de la realización personal.

¿Te has detenido alguna vez un instante para pensar en lo  maravillosa que es la vida? ¿Tu misma vida? ¿Has pensado el milagro que eres tú mismo(a)? ¿Te has preguntado quién eres, para qué sirves, qué es lo más importante en la vida? Sabe que tu vida tiene sentido si sabes para qué Dios te ha llamado a existir.

Lánzate entonces cuanto antes a descubrir el sentido de tu existencia, es decir, conocer la manera de vivir con ilusión.

Quién sabe si quizás encontrando el sentido de tu vida encuentres también el de otros muchos. Quizá ya has empezado a vislumbrar que tu vocación fundamental sea la de ser persona y, como tal, conocerte a ti mismo(a) para prestar un servicio; mírate a fondo y con sinceridad si eres persona en verdad.

La segunda vocación, que debes llevar a la perfección, es la vocación a la vida cristiana; es que sobre la vocación humana se encuadra tu vocación cristiana. Cristo te llama a ser hombre maduro o mujer madura para ser buen cristiano o buena cristiana.

Jesús sigue llamando o invitando a seguirle. Llama a todos, especialmente a los  insatisfechos con la farsa de la vida que llevan, a los que sueñan con hacer algo para transformar o mejorar el mundo, a los que quieren concretar los grandes ideales, a los que tienen hambre de justicia y de verdad, a los que prefieren la austeridad a la errónea sintonía con el mundo, a los que son conscientes de que nacieron para darse y no para encerrarse en sí mismos.

La vocación humana y cristiana tiene diversas formas existenciales de concretarse o de realizarse pero desde el amor.

¿Cuáles son estas formas existenciales para actuar como humanos y cristianos? Cualquier vocación es buena, lo importante es que escojas la que te corresponda según los designios divinos; es que quien te elige, dotándote de una riqueza interior, para lo uno o lo otro es Dios. Él es el protagonista principal de toda vocación.

Dios quiere que tú, joven, descubras tu lugar en el mundo y en la vida escogiendo, con recta intención, uno de los cuatro estados de vida: el matrimonio, la soltería, la vida consagrada y la vida sacerdotal.

Tienes que ser absolutamente sincero(a) contigo porque no hay que perder tiempo, esfuerzos, recursos en la búsqueda de lo que te corresponde. Tienes que ser objetivo(a) porque, si te equivocas, la primera persona perjudicada eres tú misma(a).

Cuidado con equivocarte porque una vez llegas a un punto de tu camino es muy difícil dar vuelta atrás. De la elección correcta de tu vocación dependerá tu felicidad.

¿Dios te llama al Matrimonio? La familia se funda en el amor mutuo, amor elevado a la dignidad de sacramento, por el cual los esposos (hombre y mujer) se unen generosamente de por vida haciendo de los dos un solo ser, del que brotan los nuevos hijos de Dios.

Para formar familias cristianas es necesario que los jóvenes, que se sientan llamados al matrimonio, no elijan a su futuro cónyuge basándose sólo en su atractivo o en los sentimientos, sino que deben buscar, a la luz de Dios en la oración, cuál es la persona que Dios tiene designada para cada uno y con la cual solo se pueden realizar.

¿Dios te llama a la soltería? La soltería no es un lugar de resignación para quien por inmadurez, miedo o traumas psicológicos no encontró su manera de formar familia o de entrar en la vida consagrada o sacerdotal.

La soltería tiene que ser una opción basada en el conocimiento de ti mismo(a), opción tomada en la libertad y a conciencia; se supone que las personas que optan por la soltería no se deben convertir, menos aún posteriormente, en padres o madres.

La soltería tiene que ser un estado de vida vivido, como todos los demás estados, con suma responsabilidad sabiendo a qué se renuncia.

La soltería tiene sentido cuando la persona se quiere dedicar de manera exclusiva a un servicio, tanto en el ámbito social como eclesial, o cuando la persona se quiere entregar de tiempo completo a un ideal.

Quienes sean llamados al matrimonio o a la soltería han de descubrir sus carismas, aptitudes o cualidades para que se desempeñen con gran competencia en un trabajo (profesión) a través del cual se construya el reino de Dios.

¿Dios te llama a la vida consagrada? El consagrado o la consagrada es un(a) cristiano(a) que desea pertenecer a Dios y a su Iglesia de manera más exclusiva y completa.

Es el peregrino o peregrina que se proyecta más allá de su ámbito personal y con su labor apostólica prepara la segunda venida de Cristo. Su meta es la santificación personal y la de su prójimo.

Si tú sientes que Dios te puede llamar a realizarte en una vocación de especial consagración, sin duda te preguntarás dónde y cómo. Existen muchas y variadas opciones, tantas cuantas familias religiosas e instituciones seculares existen en la Iglesia.

Tienen que coincidir tus talentos y aptitudes con el apostolado y el carisma del instituto religioso en el que Dios te quiere.

Eso sí, ten presente que la vida consagrada no es el lugar de refugio o de escape de gente frustrada.

¿Dios te llama a la vida sacerdotal? ¿El sacerdote quién o qué es? ¿Cuál es su identidad?

El sacerdote es un ser humano como los demás que Dios elige y llama de entre los hombres para ser ‘otro’ Cristo. Él no es sacerdote para sí mismo, como si se tratara de un privilegio personal, es sacerdote para servir a los demás. Por eso es el hombre del evangelio, él lo predica. Él es quien repite los gestos de Cristo en los sacramentos, y tiene el poder de administrar la gracia de Dios a quienes la deseen. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios a los seres humanos.

El sacerdocio es la vocación que más discernimiento debe tener. Pues es la misión más empeñativa o comprometedora.

Sepas, joven, que Cristo tiene necesidad de labios para seguir predicando oralmente la buena nueva del Evangelio; tiene necesidad de manos para partirlo y repartirlo, como pan eucarístico, a la humanidad hambrienta; tiene necesidad de pies para llegar a las periferias existenciales y/o geográficas; tiene necesidad de varones para continuar su misión de mediador entre Dios y los seres humanos, para continuar su presencia en el mundo. Sepas, joven, que el sacerdote es venerado por unos, incomprendido por otros, pero necesitado por todos.

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