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Fe Vida

Toda vida es sagrada, o no lo es ninguna

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Escrito por Redacción R+F
¡Difunde la cultura de la Vida!

El padre Daniel Callan publicó una interesante reflexión en la revista Catholic Insight,  sobre la importancia de tener claros los fundamentos  a la hora de emprender la defensa de la vida ante la opinión pública.

El padre comienza señalando que Jesús, el amor a Dios, nos da una motivación para actuar que en términos prácticos se traduce en el amor al prójimo.

Cuando el amor es la motivación de un empresario, por ejemplo, en sus negocios se enfocará dar el mejor servicio a sus clientes mejorando la calidad o reduciendo el costo de sus productos.

En cambio si su objetivo se enfoca en las ganancias, su principal preocupación va a ser “¿Cuánto es lo máximo que podremos cobrar sin afectar a nuestro negocio?”.

John Henry Newman era plenamente consciente de la trascendencia que tienen las diferencias en las motivaciones. 

De hecho, llegó a decir que las discusiones eran una pérdida de tiempo cuando los interlocutores tienen puntos de partida radicalmente diferentes: 

“Cuando los hombres comprenden lo que realmente piensan los demás, las controversias son, por lo general, o innecesarias o inútiles.”[1] 

El Card. ingles ilustró su punto de vista poniendo como ejemplo la doctrina de la Trinidad que, como católicos, reconocemos como comienzo y cumbre de nuestra fe. 

Newman parte de un hecho: la divinidad plena de Jesús se describe ambiguamente en el Nuevo Testamento. En ocasiones se afirma con claridad, como ocurre con el grito de Tomás luego de la resurrección: “¡Señor mío y Dios mío!” [2]. 

Pero en otros apartados esa doctrina parece cuestionable. Por ejemplo, cuando Jesús dice: “El Padre es mayor que yo” [3]. 

Y tal ambigüedad es aún más pronunciada en las referencias al Espíritu Santo. 

Sin embargo, esta situación no presenta ninguna dificultad para los católicos porque nuestro punto de partida es doble: Escritura y Tradición

Y la Tradición, como la encontramos expresada en el Credo de Nicea, por ejemplo, es clara y definitivamente trinitaria. 

En cambio, para otros como los protestantes, cuyo punto de partida es la Biblia y nada más, pueden terminar negando la divinidad de Jesús, como hacen los Testigos de Jehová.

Newman diría que no se gana nada argumentando el punto porque los dos lados tienen diferentes posiciones iniciales, con el resultado de que cada uno es perfectamente lógico y, por lo tanto, completamente defendible dentro de su propio sistema.

El padre Callan desarrolla el planteamiento de Newman con otro ejemplo que parte de un hecho: no existe una diferencia esencial entre un niño que está por nacer y uno que acaba de nacer. 

El Papa San Juan Pablo II lo explicó así: 

“Si usted está de acuerdo en que el infanticidio debe ser ilegal, siendo lógico, usted debería aceptar que matar a un niño antes de que nazca también debería ser ilegal”. 

Precisamente, el profesor de filosofía en la Universidad de Princeton, Peter Singer, utiliza el mismo argumento pero al revés. 

Dado que es legal matar a un bebé antes de que nazca, debería ser legal matarlo después de nacido: 

“Los humanos recién nacidos no comprenden el sentido de su propia existencia durante un largo tiempo. De modo que matar a un recién nacido nunca equivale a matar a una persona, es decir, a un ser con la voluntad de seguir viviendo”. [4] 

Y asumida su premisa, Singer es elocuente en su defensa: una vez que ha nacido el niño, los médicos puede examinar sus reflejos y su inteligencia antes de decidir si matarlo o dejarlo vivir. 

Al igual que como sucede con la Trinidad: no es posible un debate porque las dos partes tienen puntos de partida radicalmente opuestos. 

En palabras del mismo Singer, “el Papa y yo tenemos las únicas posiciones lógicamente defendibles en este asunto”, y esto es cierto, ya que la posición de cada uno es el desarrollo de sus convicciones básicas. 

Para el Papa, la vida humana es sagrada porque es dada por Dios. En cambio para Singer “El concepto de que la vida humana es sagrada po el simple hecho de ser humana, es medieval” (y todos sabemos que no hay nada más despreciable que ser medieval). 

El punto de partida de Singer consiste en que un ser humano tiene que justificar de alguna manera su derecho a seguir viviendo. 

El axioma de Newman sobre la imposibilidad de discutir sobre las conclusiones remotas que surgen de principios esencialmente diferentes, puede seguirse desarrollando en otro tema de actualidad: el estatus jurídico de los animales. 

Aquí hay otro hecho: los animales merecen cuidado y protección, por lo tanto no se debe abusar de ellos. 

Pero hay diferentes puntos de partida para llegar a esa conclusión. En la Biblia, el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto es superior a todos los demás animales, es su dueño:

Le diste dominio sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies, todas las ovejas y los bueyes, y también las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar, todo lo que pasa por las sendas del mar. [5]

Ser soberano es actuar con responsabilidad, es reconocer la obligación de salvaguardar nuestro entorno físico porque Dios nos lo ha confiado. 

No está prohibido explorar y explotar los recursos de la Creación, ya sea haciendo un violín, construyendo un rascacielos o tomando animales para hacer ropa y preparar comida. 

Pero también está el punto de vista opuesto: uno que niega el estatus especial del hombre en la Creación; de modo que es un animal como cualquier otro y por tanto debe tratarlos como a sus iguales.

Si los seres humanos deben ser respetados, todos los demás animales deben recibir el mismo respeto. 

Y así como sucede con el argumento del aborto, este segundo punto de vista también puede invertirse: en el mundo animal una especie se alimenta de otra: “La naturaleza está cubierta de rojo en los dientes y en las garras”. [6] 

Por qué, entonces, ¿no deberían los humanos comportarse más o menos de la misma manera? 

Y hay ejemplos de sociedades que hoy en día viven bajo este precepto. De acuerdo con una publicación realizada por el movimiento Falun Gong, hay “amplia evidencia de que. . . miles de presos de conciencia en China. . . pueden haber sido asesinados por sus órganos en hospitales estatales, con el fin de impulsar el comercio de turistas de trasplantes que produce ganancias multimillonarias para el Estado”.

¿Podría Newman tener razón al afirmar que no hay posibilidad de argumentar en contra de tales prácticas? ¿Estamos realmente al borde de un cataclismo moral? 

En todo caso este es un llamado para a cada uno para revisemos nuestros principios básicos. 

Como cristianos, los encontramos explícitos en el Evangelio, afirmando que todo ser humano es precioso a los ojos de Dios, ya que ha sido creado en primer lugar, y luego recreados con la gracia que recibimos por la muerte y Resurrección de Jesucristo, Nuestro Señor y Salvador.

[1] John Henry Newman, “Faith and Reason Contrasted as Habits of Mind,” Fifteen Sermons Preached before the University of Oxford (London: Longmans, Green, and Co., 1896), p. 201.

[2] Jn 20.28

[3] Jn 14.28.

[4] Cf. internet: “Peter Singer”

[5] Ps 8.6-8.

[6] Alfred Lord Tennyson, In Memoriam A. H. H.

Fuente: Every Life Sacred, or None Are

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