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Fe

¿Se puede quitar del espacio público lo relacionado con la fe?

Padre Henry Vargas
Escrito por Padre Henry Vargas

«El hecho de que un Estado sea laico, no significa que en tal país se deba prohibir a los ciudadanos ejercer su libertad individual o colectiva, religiosamente hablando, ya sea dentro o fuera del espacio público».

La pregunta denota dos realidades: Por un lado una preocupación ampliamente difundida en el ámbito de la vida de la Iglesia. Y por otro refleja una actitud antagónica por parte de la sociedad cada vez más secularizada de hoy que ve en las expresiones religiosas algo retrógrado, sin importancia o, incluso, algo ofensivo o negativo.

Lo que atañe a la vida de la Iglesia y/o de los creyentes como son, por ejemplo, los símbolos religiosos, las devociones, el arte religioso, etc., no debe desaparecer del espacio público.

Todo ello tiene su doble efecto o impacto:

1.- Efectos internos: Todo ello favorece la vivencia, el mantenimiento y el crecimiento de la fe. Tiene un carácter integrador entre las personas que confiesan la misma fe.

2.- Efectos externos: Todo ello favorece el testimonio y la comunicación de la fe. Externamente permite reconocer a la Institución y distinguirla.

La fe es algo que cada persona debe y puede ejercer, pues se debe respetar su libre albedrío. Es, pues, importante que la fe no pueda ni deba estar relegada, única y exclusivamente, al ámbito privado.

Así como en el ámbito civil existen y deben existir en el espacio público unos símbolos que se deben respetar, cuidar y apreciar, y aquí –entre otros ejemplos– hablamos de los símbolos patrios (Escudos, banderas, himnos, lemas, esculturas de próceres, etc.), de la misma manera nada que pertenezca al ámbito religioso se debe eliminar del espacio público.

Tanto lo uno como lo otro hace parte de la identidad de un pueblo, de la historia de una nación, de las raíces y de la verdad de una sociedad; son elementos que no se deben ni ignorar ni menospreciar ni relegar a un rincón o al pasado.

La Declaración Universal de Derechos Humanos afirma, en su artículo 18, que todas las personas tienen derecho a sus propias creencias, a tener una religión, o a no tenerla o a cambiarla.  

Indiferentemente de las creencias de las personas todas tienen que involucrarse en el esfuerzo por construir sociedades en paz que defiendan, entre otras realidades, la vida, la dignidad humana y la sana convivencia.

Con referencia al tema de la simbología religiosa es importante y necesario mantenerla y respetarla, pues ella hace parte esencial de la libertad de los pueblos y/o de los ciudadanos; libertad que debe reinar sobre todo en los Estados laicos en el marco de la democracia.

Y como una parte de esta libertad es la libertad religiosa, cada quien debe y puede ser libre de vivir, expresar o difundir sus creencias o su fe de manera pública pero con respeto, con equilibrio, con prudencia, etc…; sobre todo cuando esa religiosidad sea factor de fermento de una sociedad mejor, digna del ser humano, y dicha religiosidad no violente, no ofenda, no impida, no irrespete las expresiones religiosas ajenas. Por otra parte esa religiosidad debe gozar del debido respeto por parte de los que crean diversamente.

De la misma manera no se deben impedir otras expresiones religiosas siempre y cuando éstas y sus símbolos no vayan en detrimento del orden público, no contradigan la ley, las sanas costumbres y/o la moral pública; en caso contrario sí deberían ser retirados o impedidos.

El hecho de que un Estado sea laico, no significa que en tal país se deba prohibir a los ciudadanos ejercer su libertad individual o colectiva, religiosamente hablando, ya sea dentro o fuera del espacio público.

De la misma manera el gobierno de un Estado laico no puede favorecer ninguna religión o credo en particular; así como tampoco puede promover el ateísmo.

Cuando se dice que un Estado es laico sencillamente se está diciendo que, desde el punto de vista jurídico, no habrá un credo o una religión oficial en la constitución política de dicho país.

Un Estado laico debe mantener una neutralidad confesional, por tanto no privilegia un credo religioso particular sobre otros, sino que más bien reconoce, protege y garantiza la libertad de conciencia, la libertad religiosa y de culto para todas las personas, a la vez que defiende la igualdad entre todos los credos y garantiza la no discriminación, porque reconoce el valor de las expresiones de esas creencias personales ya sea en el ámbito religioso, espiritual o ético.

Un Estado laico incorpora dentro de sus valores el respeto a la diversidad y a la libertad y, por ende, garantiza la protección a los derechos humanos sin distinción alguna y por igual para todos sus habitantes.

Parte fundamental de la protección de la libertad religiosa y de su libre ejercicio es mantener con respeto y en su lugar, incluso en el espacio público, lo que ya está, lo que siempre ha existido y está ligado, sobre todo históricamente, a la religiosidad del pueblo; es decir, lo que identifica al pueblo, no se debe retirar pues sería, entre otras cosas, una afrenta a la fe del mismo pueblo y a su historia; así como negación de una neutralidad que debe tener en cuenta la autoridad de un Estado.

Y menos aún se deben retirar los símbolos religiosos si estos tienen un valor histórico-artístico, y han trascendido alcanzando un valor cultural y patrimonial reconocible por el conjunto de la sociedad.

Uno de los elementos propios de la religiosidad de un pueblo, y que fueron construidos o erigidos para estar a la vista del público en general, aunque no estén necesariamente en un espacio público, son las ermitas, capillas, santuarios, templos; sería insensato tirar al suelo esas obras religiosas, símbolo por excelencia de la fe del pueblo, sean o no patrimonio de la nación, con el argumento de que en dicho país rige un Estado laico.

P. Henry Vargas Holguín

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Sobre el Autor

Padre Henry Vargas

Padre Henry Vargas

Sacerdote colombiano incardinado a la Diócesis de Urgell en España. También ha colaborado con Aleteia en España y en Colombia

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