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¿Por qué queman las iglesias? Porque quieren un cambio cultural

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Escrito por Redacción R+F

Con una claridad que les vendría bien tener a nuestros políticos y obispos actuales, la periodista Vanessa Vallejo editora del PanAmPost, analizó en una reciente columna un aspecto poco estudiado de las movilizaciones callejeras de la izquierda: la vandalización de las iglesias católicas.

Pero no hablan solo de un cambio de sistema económico, digo que lo que ocurre en Chile no es solo el típico socialismo que quiere estatizar la economía y quedarse con el poder político, los chilenos enfrentan una amenaza que va mucho más allá. El fondo, el objetivo final, es un cambio cultural que ni siquiera los mismos cabecillas de estos grupos tienen claro a dónde nos conduciría, pero lo que sí tienen claro es que necesitan deconstruir la cultura occidental. Lo que conocemos como natural. Por eso atacan las iglesias, por eso atemorizan a los creyentes de esa forma.

Y conecta estos actos vandálicos con las ideas  planteadas por la escuela de Frankfurt:

Lukács, por ejemplo, planteaba la necesidad de sumir a las personas en el pesimismo y hacerlas creer que vivían en un “mundo olvidado por Dios”, para de este modo tener las condiciones necesarias de desesperación social que permitirían la adhesión de nuevos militantes a la causa marxista. La iglesia, católica o protestante, es una barrera de contención contra el socialismo.

Y esa misma estrategia es la que conlleva a los ataques sin cuartel contra la institución natural de la familia, al tiempo que a la promoción sin límites de la promiscuidad:

Eso sí, tienen claro, y escriben ampliamente al respecto -en libros como “Eros y Civilización”- que la destrucción de la cultura occidental pasa por la eliminación de cualquier restricción a la conducta sexual y la normalización del desenfreno, consiguiendo que cualquier cosa que antes pudiera ser tildada de aberrante ahora deba ser aceptada. La familia, como la conocemos, debe desaparecer, la monogamia es para ellos una atadura y los hijos no deben ser de los padres sino del Estado, de la «comunidad». Y por supuesto la religión es un impedimento para la consecución de todo esto.

El artículo completo puede leerse aquí

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