Fe

Pequeñas herejías dominicales: «no vamos a misa por obligación»

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Escrito por Redacción R+F

Una de las más bien intencionadas herejías contemporáneas es aquella según la cual para los católicos sólo es válido practicar su fe a partir del sentimiento y la espontaneidad.

Desde esta postura cumplir con obligaciones mandadas por la Iglesia sería un contrasentido y no tendrían valor si no van acompañadas por un sentimiento de entusiasmo y placer.

Entre las predicaciones navideñas llegó a oídos de Razón + Fe  la de un sacerdote que afirmó de manera contundente que «los católicos no vamos a misa por obligación, sino porque nos nace del amor a Cristo«.

Posiblemente la intención del sacerdote, como la del movimiento neo católico* de la que procede, es promover en la feligresía  una práctica más consciente y comprometida de la fe religiosa. Hay quienes han dicho que el cumplimiento de los deberes religiosos es una forma «falsa» de ser católicos, utilizando la engañosa pedagogía de descomponer la palabra en: «cumplo – miento».

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Otros más radicales, en particular algunos pertenecientes a una otrora admirada comunidad religiosa que parece no tener hoy más que ofrecer que escándalo doctrinal, solían enseñar en los muchos colegios a su cargo que era mejor decir un Padrenuestro con «amor», que ir a misa «desganados».

Sin embargo, el desconocer los mandamientos de la ley de Dios (santificar las fiestas),  así como los mandamientos de la Santa Madre Iglesia (oír Misa entera los domingos y fiestas de guardar),  para dar preponderancia a una visión sentimentalista de la práctica religiosa, ha sido una estrategia extremadamente efectiva para vaciar las iglesias.

Esa visión sentimentalista de la fe religiosa procede a su vez de una antropología defectuosa que desconoce, o incluso niega, la realidad del pecado original.

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Bien decía San Pablo en la Carta a los Romanos: “El querer está a mi alcance, el hacer el bien, no. De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (7:18-19).

La idea de que los «buenos católicos» hacen las cosas movidos por el corazón y los «menos buenos» movidos por la obligación desconoce el mérito de quienes, a pesar de no sentir ganas ni inclinación a cumplir sus deberes con Dios, se sobreponen a esa tendencia natural gracias a una forma más auténtica de amor a Dios: la que permite obrar bien más allá de los sentimientos.

[perfectpullquote align=»full» bordertop=»false» cite=»» link=»» color=»#313d4b» class=»» size=»»]Por eso al devaluar el esfuerzo de los católicos cumplidores de sus deberes con Dios y con la Iglesia,  se termina imponiendo una especie de «hedonismo religioso» que no ha hecho sino sembrar la semilla de su propia destrucción.[/perfectpullquote]

Imaginemos que en una reunión con alcaldes y gobernadores el Fiscal General de la Nación dijera con la misma ascendencia del sacerdote sobre su público la siguiente frase categórica: «los buenos funcionarios públicos no rechazan el dinero de las ‘mordidas’ por el temor a que los investigue la Fiscalía, sino porque les nace del respeto al presupuesto público».

Si se es consciente de que los funcionarios públicos están inmersos en una cultura que normaliza y facilita el recibo de ‘mordidas’ y beneficios económicos de la contratación pública, así como los católicos hoy están rodeados por una cultura que los impulsa a abandonar sus obligaciones religiosas,  no es una buena idea tratar a quienes se resisten de forma heroica a ceder ante esa cultura que los redea para mantenerse en el cumplimiento de sus deberes el que la autoridad que los guía les imponga además la divisa de «no ser tan buenos» por no actuar movidos por determinados sentimientos.

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(*) Por Neocatolicismo puede entenderse un movimiento dentro de la Iglesia católica, consolidado alrededor del legítimo Concilio Vaticano II, que busca una ruptura con las enseñanzas tradicionales de la Iglesia para imponer una «nueva Iglesia» y una «nueva doctrina» que esté en sintonía con las ideas, valores morales y costumbres del mundo moderno.

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