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Fe

¿La fracción del pan eucarístico disminuye la presencia de Jesucristo?

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Padre Henry Vargas
Escrito por Padre Henry Vargas

Esta pregunta implica, antes que todo, considerar una palabra clave. La palabra transubstanciación. ¿Qué significa esta palabra? Significa literalmente “tránsito de substancia”.

Esta palabra se aplica sólo para hablar del tránsito o cambio de substancia o esencia del pan y del vino para dar paso, gracias a las palabras de la Consagración, a la presencia de Jesús bajo las apariencias de pan y de vino. Es el milagro eucarístico.

En este milagro cambia sólo la sustancia o esencia del pan y del vino para pasar a ser el cuerpo y la sangre de Jesucristo, manteniendo los accidentes (lo que perciben los sentidos). Y Jesucristo, resucitado y glorioso, se hace presente en su totalidad (cuerpo, sangre, alma y divinidad).

La fracción del pan consagrado y/o del vino consagrado no divide o disminuye la presencia real y total de Jesús, el Cristo. Y esta presencia de Cristo en el sacramento eucarístico se denomina “real” sin excluir, obviamente, otros tipos de presencia de Jesús igualmente reales (Catecismo, 1374). Cristo resucitado está presente en su Iglesia de muchas maneras, pero muy especialmente a través del sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

El milagro de la transubstanciación se lleva a cabo siempre y cuando la materia de la especies eucarísticas (el pan y el vino) sea la misma que Jesús utilizó en la última cena. ¿Y cuál es la materia? El pan de trigo ázimo y el vino de uva. Tanto lo uno como lo otro no deben tener aditamentos, conservantes, colorantes, ni mezclas de ninguna clase.

La química nos dice que la sustancia de la materia no se encuentra solamente en el conjunto sino también en cada partícula separada. Lo mismo pasa con el pan y el vino consagrados. Jesús, el Cristo, se hace presente donde estuvo la esencia o la sustancia del pan, aunque sea en una parte o partícula de tamaño microscópico, y donde estuvo la esencia o la sustancia del vino, aunque sea en la gota más pequeña.

Esto se ve más claramente desde la institución misma del sacramento eucarístico. En la última cena, que fue la primera eucaristía, Jesús consagró un solo pan y un solo cáliz lleno de vino. Jesús partió el pan y se lo dio a todos los doce apóstoles, sin que Jesús haya tenido que hacer una nueva consagración de cada uno de esos fragmentos de pan. Esto demuestra que la consagración obrada por Jesús lo había hecho presente tanto en todo el pan y en todo el vino, como en cada una de sus partes o fracciones.

Esta realidad eucarística nos es confirmada también por el enorme cuidado o por el celo con el que la Iglesia, desde un principio –desde la Iglesia primitiva–, ha tratado el pan eucarístico: la Iglesia siempre ha evitado que los fragmentos eucarísticos  cayeran al suelo o se dispersaran.

Tertuliano, hacia el año 211, escribía:

“Estemos atentos a que nada del pan y del vino caiga al suelo”.

La Iglesia también ha formulado esta doctrina en la secuencia de la misa del Corpus Christi compuesta por Santo Tomas de Aquino:

“Bajo diversas especies, que son accidente y no sustancia, están ocultos los dones más preciados. Su Carne es alimento y Su Sangre bebida; mas todo entero está bajo cada especie. Se recibe íntegro, sin que se le quebrante ni divida; recíbese todo entero…

Cuando se divide el Sacramento (las especies eucarísticas), no vaciles, sino recuerda que Jesucristo tan entero está en cada parte como antes en el todo (es decir, toda la hostia consagrada). Ninguna partición hay en la sustancia, tan sólo hay partición de los accidentes, sin que se disminuya ni el estado, ni la estatura del que está representado”.

Dicho de otra manera, la división de las especies eucarísticas consagradas no implica la división de Jesucristo. Si de hecho Él está presente donde estuvo la sustancia del pan y del vino, la división (que afecta sólo a los accidentes) no implica la fragmentación de Jesús. De modo que quien comulga con un fragmento de pan consagrado, por más pequeño que sea, o con una gota de vino consagrado recibe a Jesucristo entero, en su totalidad, no una parte de Él, o un fragmento de su cuerpo.

P. Henry Vargas Holguín.


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Sobre el Autor

Padre Henry Vargas

Padre Henry Vargas

Sacerdote colombiano incardinado a la Diócesis de Urgell en España. También ha colaborado con Aleteia en España y en Colombia

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