Espiritual Fe

La enseñanza de la Fe y su praxis Cristiana.

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Escrito por Miguel Salvador

Solo quien se compromete con esta coherencia cristiana sale de la tentación de vivir en el egoísmo en que puede cerrase hasta en la plegaria cuando solo súplica por las cosas que demanda para sí, y olvida pedir la gracia de ser alguien creíble en su fe, y ante todo; alguien conveniente para bien de la salvación de los demás como lo hizo Santa Faustina: “Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti… Que tu Misericordia Señor pase a través de mi corazón al prójimo”.

“Siempre serán ricos para ser generosos”.

2 Co 9, 6-11.

Santa Faustina Kowalska (1905 – 1938), reconocida como la secretaria de la Misericordia, fue canonizada por el Papa San Juan Pablo II en el Jubileo del año 2000, y es nuestra compañera de camino y patrona en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia; su vida y lucha es una inspiración para cuantos seguimos un camino de conversión en la espiritualidad de la Misericordia como una forma concreta de encarnar el Evangelio.

Obediente al Señor y a su confesor consignó en cuadernos lo que hoy constituye un diario de sus encuentros con Jesús Misericordioso, ofreciéndonos su comprensión del camino de la misericordia plenamente ajustado al Magisterio perenne de la Iglesia. Su diario se titula “la Divina Misericordia en mi alma”, y en el numeral 163 contiene una plegaria que diariamente como sexto paso de la oración personal, dirigimos a Jesús suplicando nuestra conversión:    

“Cuantas veces respira mi pecho, cuantas veces late mi corazón, cuantas veces pulsa la sangre en mi cuerpo, esa cantidad por mil, es el número de veces que deseo glorificar Tu misericordia, oh Santísima Trinidad.

Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor.  Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable     misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo…”

Ese deseo de ser un vivo reflejo de la misericordia de Jesús, compromete a dar valor –además de la ortodoxia, es decir; a la recta enseñanza de la fe Católica sobre todo en nuestro tiempo marcado por el relativismo- a la ineludible exigencia de la “praxis de la fe”; a la recta vivencia de la misma, porque el testimonio es respuesta certera sobre todo en nuestro mundo que se cierra incluso a la razón, y solo el testimonio vivo; la autentica misericordia, puede penetrarlo con la intensidad de la luz de la caridad en la verdad.

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Se trata entonces de un reforzamiento en el talante testimonial/martirial que puede ocasionar que se amplíen los límites de la razón en el incrédulo o el inconverso; ¿cuántos médicos y enfermeros abortistas han dado un paso de conversión al percatarse de la oración persistente de los Provida frente a los abortuarios?, ¿cuántos abandonaron esa tragedia de la complicidad con el aborto por el trato misericordioso con el que fueron misericordiados por quienes les ofrecieron un argumento sólido, un saludo, un abrazo sin violencia o agresividad?, por ello, es posible hablar de ortodoxia y ortopraxis de la fe cristiana, de pensamiento y acción, conocimiento y vivencia: aquí San Pablo nos animará: “siempre serán ricos para ser generosos”.

El testigo es un apologista vivencial de la fe católica, y es aquel que transparenta a Jesús con su vida y en ella hace perceptible el esplendor de verdad de su cristianismo en su creer y acontecer cotidiano, porque “la fe por fuerte que sea sino está acompañada de las obras es muerta” (St 2, 14-26).

Solo quien se compromete con esta coherencia y consistencia cristiana sale de la tentación de vivir en el egoísmo en que puede cerrase hasta en la plegaria cuando solo súplica por las cosas que demanda para sí, y olvida pedir la gracia de ser alguien creíble en su fe y ante todo; alguien conveniente para bien de la salvación de los demás como lo hizo Santa Faustina: “Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti… Que tu Misericordia Señor pase a través de mi corazón al prójimo”.

Nuestra fe exige su justa praxis y no admite excusas o justificaciones ante el mandato de enriquecer a otros ejerciendo la misericordia mediante la Acción, la Palabra y la Oración porque siempre seremos ricos para ser generosos (DSF No.742). No olvidemos: ¡siempre estará en nuestro poder, hacer la obra de la caridad que es natural a nuestra fe!.

Sobre el Autor

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Miguel Salvador

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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