Fe

¿Es posible entablar un dialogo con el demonio?

A6
Escrito por Padre Henry Vargas

Cuenta la leyenda que tres religiosos iban de camino por un bosque cuando en esas se les apareció el demonio. Y el demonio, tratando de hacer caer en pecado a los religiosos, les dice: “Yo tengo el poder de cambiar algo del pasado. ¿Díganme qué quieren que yo modifique o cambie?”

El primer religioso, pensando en la tragedia que ha significado para la humanidad el pecado original, le contesta: “Yo le impediría hacer caer a Adán y a Eva en pecado para que la humanidad no se alejara de Dios”.

El segundo religioso fue más allá y le contestó al demonio: “Yo le impediría desde un principio alejarse de Dios y condenarse eternamente”.

El tercer religioso, que era el más sabio, el más experimentado y el más sensato, en lugar de responderle al demonio simplemente se arrodilló y rezó: “Señor, líbrame de la tentación de preocuparme por lo que pudo haber sido y no fue”. Y el demonio desapareció furioso.

Los otros dos religiosos, muy sorprendidos, le preguntaron a su compañero: “¿Y por qué has actuado así?” El compañero les contesta: “Lo hice sencillamente por tres motivos:

1.- Porque nadie en el mundo tiene el poder de cambiar el pasado.

2.- Porque el demonio no está en absoluto interesado en ayudarnos, sino en aprisionarnos en el sufrimiento al centrar la atención en los pecados y errores del pasado tanto propios como ajenos, haciéndonos dudar de la misericordia de Dios. De esta manera nos impide vivir a plenitud el presente anticipando o preparando, día tras día, el futuro.

3.- Y porque no debemos nunca dialogar ni razonar ni establecer ningún tipo de cercanía con el demonio.

Moraleja: 

1.- El presente es el único tiempo que tenemos a disposición para modificar el futuro desde la gracia divina para colaborar con Dios y lograr la propia salvación.

2.- Nunca se dialoga con el demonio, como lo hizo Eva, porque él vence siempre; y vence porque es el padre de la mentira, como lo llama Jesús (Jn 8, 44), y es más inteligente que nosotros. Quien dialoga con el demonio siempre sale perdiendo. El demonio tiene “una voz seductora, opuesta a Dios que, por envidia,  los  hace caer (a nuestros primeros padres) en el mal” (Catecismo, 391).

Los santos  y el magisterio de la Iglesia han evidenciado el modo de obrar del demonio que engaña y seduce, y que, a pesar de estar ya derrotado, sigue actuando y en consecuencia sigue representando un peligro. 

El demonio es como un perro amarrado que, a veces aparentado estar calmado, juguetón y tranquilo te muerde si se le acercas a acariciarlo congraciándote con él. 

El dialogo con el demonio no es un intercambio de palabras, no es una comunicación verbal.

El dialogo con el demonio empieza con la aceptación de la tentación (cuando le oyes y actúas) y/o cuando le permites al demonio concesiones aunque sean pequeñas. Cuando se dialoga con el demonio es cuando se cae en pecado. El demonio, presentándole el fruto prohibido a nuestros primeros padres, le dijo a Eva: Cómelo, es bueno, es bonito, nadie se dará cuenta, hazlo y seréis como dioses, tendréis poder.

Y así haciéndole caso al demonio, aceptando la propuesta del demonio mediante la tentación, es como se cae poquito a poquito en el pecado y se avanza por esta vía hacia donde no conviene.

La tentación es una experiencia espiritual y profundamente interior de todo ser humano. Es una invitación a abandonar el camino que nos lleva a Dios, que es Jesucristo (Jn 14, 6), para conseguir algo que no nos conviene aunque tenga apariencia de bueno, exitoso, placentero, necesario. Conviene recordar que el demonio hace el mal con apariencia de bien, de legalidad o de lógico.

Siempre somos tentados con sutileza y con criterios humanos en el campo de nuestras debilidades, allí donde más se nos puede confundir; somos tentados para satisfacer los deseos más profundos.

El demonio, a través de la tentación, aprovecha las heridas sin sanar, busca llenar vacíos y satisfacer de la manera incorrecta alguna de nuestras necesidades que muchas veces son creadas.

Ver venir la tentación es algo fundamental para poder hacerle frente al demonio. Porque si tú no la ves venir, si no conoces sus maneras y sus estrategias, lo más probable es que caigas ingenuamente en pecado.

La tentación siempre nos lleva a desconfiar de Dios y de todo lo intrínsecamente ligado a Él, a dudar de los que tenemos al lado, a idolatrar a algún dios o ídolo que nos aleja de la salvación.

El demonio pretende acabar con el amor, la familia querida por Dios, la felicidad, lo moral, la calidad de vida, la salvación, la calidad de persona, la verdad, lo justo, etc. ¿Cómo? Confundiendo el amor con placer o con el sexo, la familia con cualquier tipo de convivencia, la felicidad con el bienestar material, lo moral con lo legal, la calidad de vida con nivel de consumo, la salvación con poseer cosas, calidad de persona con éxito profesional, la verdad con la opinión de la mayoría, lo justo con lo legal y con lo políticamente correcto, etc..

P. Henry Vargas Holguín.

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