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Fe

¿Visiones y ‘mensajes’?: ¡Ya “Dios nos ha hablado en Cristo”!

Bautismo de Jesus
Edwin Botero Correa
Escrito por Edwin Botero Correa
¡Difunde la cultura de la Vida!

Esto dijo San Juan de la Cruz con respecto al papel de las visiones y revelaciones de Dios en la antigüedad, y por qué hoy no deberían los cristianos “comunicarse” con Él de este modo.

La admonición contrasta con la tendencia actual a orientar la vida desde este tipo de prácticas y deja al descubierto una falta de fe, puesto que ya Dios habló definitivamente a través de Cristo, quien ES La Palabra.

No en vano, fue la mismísima Virgen María quien indicó:

“Hagan todo lo que Él les diga”.

Juan 2, 5

Pero, ¿realmente lo hacemos? ¿Atendemos a Su enseñanza? ¿Nos dejamos Amar por Él? Practicamos los Mandamientos? Si lo hiciéramos, el mundo no estuviera en la confusión y caos en los que está, y nadie andaría buscando “oráculos”, ante el silencio de los que están obligados a hablar: a denunciar la mentira y a enseñar la Verdad.

De modo, pues, que lo primero y esencial –antes que esperar “mensajes” o vivir en pos de “visiones” y “revelaciones”, sin despreciar las profecías (1 Tes 5, 19)– es hacer la Voluntad de Dios, expresada por Jesucristo.


“Dios nos ha hablado en Cristo”

* San Juan de la Cruz,
“Subida al monte Carmelo” (II, 22, 3-4)

La principal causa por la cual en la ley antigua eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios, y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen visiones y revelaciones de Dios, era porque entonces no estaba aún fundada la fe ni establecida la ley evangélica; y así, era menester que preguntasen a Dios y que él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora en otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía y hablaba y obraba y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella. Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces.

Porque en darnos, como nos dio, a su Hijo –que es una Palabra suya, que no tiene otra–, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.

Y éste es el sentido de aquella autoridad, con que san Pablo quiere inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés, y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo:

«Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y maneras, ahora a la postre, en estos días, nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez».

Hebreros 1, 1-2

En lo cual da a entender el Apóstol, que Dios ha quedado ya como mudo, y no tiene más qué hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos el todo, que es su Hijo.

Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera:

«Si te tengo ya hablado todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra cosa que te pueda revelar o responder que sea más que eso, pon los ojos sólo en él; porque en él te lo tengo puesto todo y dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas».

«Porque desde el día que bajé con mi espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd (Bautismo de Jesús: Mateo 3, 17; Transfiguración de Jesús: Mateo 17, 1-6; Marcos 9, 1-8; Lucas 9, 28-36), ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas, y se la di a él; oídle a él, porque yo no tengo más fe qué revelar, más cosas qué manifestar. Que si antes hablaba, era prometiéndoos a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien, como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles».


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