Fe

¿De las cruzadas qué hay de mito y de verdad?

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Escrito por Padre Henry Vargas

¿Las cruzadas fueron guerras de religión, pretendiendo la conversión forzada de los musulmanes o su supresión? ¿Los ejércitos cruzados fueron agresores no provocados? ¿Los ejércitos cruzados fueron maleantes codiciosos o colonialistas medievales?

Antes que todo hay que tener en cuenta que la unanimidad o el parecer de una mayoría no es necesariamente garantía de veracidad ni de objetividad ni de precisión.

Son muchas las leyendas negras en relación con las cruzadas que la mayoría de la gente, sin conocer la esencia de las mismas y por desinformación, las cataloga como ciertas. Pero todo lo que la inmensa mayoría de la gente “cree” o dice “saber” sobre las cruzadas no es cierto. 

Las cruzadas no fueron “guerras santas”; aunque sí fueron unos duros encuentros bélicos entre los cristianos y los musulmanes. Y en este choque sin duda alguna, como en todo conflicto bélico, ha habido por parte y parte abusos y excesos; aunque, en el caso del ejército cruzado, dichos excesos hayan sido casos aislados o marginados y por tanto no institucionales u originados propiamente por el conjunto del ejército cruzado.

En todo caso, estos hechos deben ser evaluados en el marco de la normal dinámica de la guerra; pero sin olvidar que ha habido una legítima razón, incluso teológica, que ha justificado la acción cruzada.

Antes que todo miremos qué eran las cruzadas. Las cruzadas fueron, única y exclusivamente, una respuesta cristiana a las conquistas de las tierras cristianas por parte de los musulmanes, no tenía otra finalidad; es decir, las cruzadas fueron ocho campañas militares organizadas por la Iglesia, entre los siglos XI y el XIII, para reconquistar Jerusalén y Tierra Santa del dominio musulmán.

Recordemos que todo comenzó en el año 638 cuando el califa Omar decide invadir y conquistar la ciudad de Jerusalén. Esta ciudad ya era, desde hacía más de tres siglos, cristiana. Poco tiempo después, los seguidores del profeta Mahoma invaden y destruyen las iglesias de Egipto y luego las del norte de África, llevando a la casi extinción el cristianismo.

Luego, durante los años 1070–1090, se llevó a cabo la conquista turca de toda Asia Menor que era cristiana y hacía parte del Imperio Bizantino. Circunstancia que obligó a Alejo I Comneno, emperador bizantino de Constantinopla,  a pedir ayuda al Papa de ese entonces, el Papa Urbano II. Y aquí el Papa convoca la primera cruzada, en el año 1095, para reconquistar estas tierras y a expulsar a los turcos.

Sin embargo, su objetivo no fue sólo reconquistar Asia Menor sino también recuperar otras tierras que habían sido cristianas y que se perdieron a causa de las yihad islámicas, tierras entre las que se incluía Tierra Santa.

De manera pues que las cruzadas occidentales surgieron en defensa contra la yihad islámica (invasión, agresión), que pretendía y pretende acabar con el cristianismo.

Las cruzadas buscaron también proporcionar un ambiente seguro a los peregrinos cristianos que visitaban los lugares santos expulsando a los musulmanes de los territorios cristianos.

Veamos ahora los mitos que giran alrededor a las cruzadas.

Mito 1: Dicen que las cruzadas son una especie de yihad en versión cristiana. ¿Pero las cruzadas fueron como la yihad islámica que es expansionista con la pretensión de conquistar a los no musulmanes para imponerles el régimen musulmán? De ninguna manera. A diferencia de la yihad, el fin de las cruzadas, como ya hemos visto, no era expandir el cristianismo ni, menos aún, expandirlo a través de conversiones forzosas so pena de muerte. El cristianismo desde sus inicios siempre prohibió las conversiones forzosas de cualquier tipo; la conversión por la espada no es lógica, no es viable. Las cruzadas no eran para acabar con el Islam.

Mito 2: Los cruzados lograron convertir a muchos musulmanes. Se sabe que en el siglo XIII los franciscanos emprendieron una misión en Medio Oriente para convertir a musulmanes, pero fue sólo un intento pacífico de persuasión. Pero ese intento de la Orden Franciscana no tuvo éxito porque la ley islámica prohíbe, aun hoy, bajo pena de muerte la conversión a otra religión. Cabe anotar además que dicha misión de los franciscanos estuvo siempre desvinculada de las cruzadas.

Mito 3: Las cruzadas se pensaron y se desplegaron también en contra de los judíos. Ningún Papa pensó y/o convocó cruzada alguna en contra de los judíos.

Mito 4: Dicen que cuando los cruzados conquistaron Jerusalén en 1099, masacraron a todos o a la mayoría de sus habitantes. La realidad dice lo contrario: No olvidemos que cuando llegaron los musulmanes a Jerusalén destruyeron todas las iglesias de la cristiandad; lo mismo hicieron, por ejemplo, en buena parte de España, en el Norte de África y en Asia Menor. El Islam arrasó con todo, incluyendo a las comunidades fundadas por el mismo San Pablo.

Es más, aunque hubo una fuerte confrontación, los habitantes de las ciudades musulmanas que se rindieron a los cruzados pudieron permanecer y quedarse sin problemas, así como también se les permitió profesar libremente su fe y conservar sus propiedades.

Mito 5: Los cruzados eran solamente colonialistas con excusas religiosas. Por un lado, los Estados fundados tras la primera cruzada no eran colonias cristianas en un mundo musulmán. La presencia cristiana en dichos Estados fundados siempre fue mínima, pues la abrumadora mayoría de la población en los Estados Cruzados era musulmana.

Por otro lado, un proceso colonialista normalmente se da cuando un país poderoso y desarrollado se impone sobre uno en condiciones inferiores. No fue lo que aconteció con las cruzadas pues occidente, en la edad media, que no era una cultura dominante o poderosa, se aventuró a luchar contra el oriente musulmán que sí era una región avanzada, poderosa y rica.

Mito 6: El único interés de los cruzados, bajo una piadosa pantalla, era conquistar tierras y riquezas. Los ejércitos cruzados no se aventuraron a entrar en conflicto con el mundo musulmán movidos con fines económicos, sino que la motivación principal era expiar sus pecados y ganarse la salvación recuperando los lugares santos y la autonomía de los territorios cristianos. Es más, los mismos cruzados asumieron voluntariamente los gastos y las consecuentes privaciones porque creyeron que al ir en ayuda de sus hermanos cristianos de Oriente estarían acumulando riquezas en el cielo.

De manera que, y tal como sucede en muy buena parte con los soldados hoy en día, el cruzado iba con gusto y por decisión propia, iba a la batalla por fe y se sentía orgulloso del deber que conscientemente cumplía, pero anhelaba regresar a su hogar. Es más, los cruzados se vieron obligados a vender o hipotecar sus tierras para reunir los fondos necesarios y participar en las cruzadas pues éstas eran operaciones sumamente costosas.

Luego del espectacular éxito de la primera cruzada, con la reconquista de Jerusalén y de una gran parte de Palestina, casi todos los cruzados volvieron a sus lugares de origen. Sólo unos pocos se quedaron para consolidar y gobernar los territorios recientemente reconquistados.

Mito 7:   Las cruzadas fueron una agresión unilateral contra el Islam. La verdad es que sí existió una agresión no provocada, pero fue sólo por parte de los musulmanes en contra del cristianismo como ya hemos visto. El mundo cristiano no tenía más remedio que defenderse a sí mismo si no quería sucumbir al dominio islámico. 

Ya se sabe que los musulmanes, desde los tiempos de Mahoma, querían conquistar el mundo cristiano, logrando un éxito notable. Al terminar el siglo XI los ejércitos musulmanes ya habían invadido prácticamente dos terceras partes del mundo cristiano.

P. Henry Vargas Holguín.

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