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Espiritual Fe

¡Católico!; o damos buen fruto o nos encuentran llenos de cizaña.

¡Difunde la cultura de la Vida!

Las circunstancias en la vida a veces nos ponen frente a la tentación de considerar sin más a unos como malos y otros como buenos, esto sucede con frecuencia en el plano de las visiones que tenemos de la vida dependiendo del veneno ideológico que se inocule, el cual busca garantizar los partidismos que deshumanizan.

“El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue”.


Mt 13, 24-30

Esos totalitarismos de un pensamiento único, muy de moda en nuestro tiempo, marcado por el odio y la desconfianza con todo y con todos se hace evidente y terminan siendo más que prejuicio un juicio, que conduce a fijar etiquetas con facilidad, permítanme pensar que mientras los buenos sembradores en la familia, la academia, en la política y hasta en la Iglesia dormían en esta noche oscura de nuestro tiempo, el enemigo salió a sembrar nuevamente su mala semilla, en este caso; su neo-marxismo cultural por identificar alguna.

Ayer por ejemplo con gran dolor ciudadano veía en noticias como al Presidente de la República de Colombia era etiquetado a gritos como asesino, por un puñado de alienados, cuando junto a su esposa marchaba por la víctimas que nos duelen porque toda vida es sagrada e inviolable, sin embargo; desde lo razonable, hay que ser muy necio y estar muy envenenado ideológicamente para cuestionar así a un hombre que no ha empuñado un arma y que asumió el reto de servir en un convulsionado país que tiene sembrada tanta coca como cizaña, siendo este el mayor generador de violencia – no el único- en nuestras regiones.

Ahora, cuando nos colocamos las gafas del Evangelio como hoy nos propone San Mateo para tener la visión concreta del hombre, podemos captar que malas no son las personas sino la cizaña, una cizaña que el enemigo del sembrador y de la buena semilla sembró en un descuido en nuestro campo, precisamente en el mismo lugar donde fue sembrado el trigo.

¿Pero quién sembró en nosotros tanto odio, prevención, rabia, juicio y engaño? ¿Quién entenebrece nuestra manera de relacionarnos hasta deshumanizarnos y siembra el caos como heridas, temores y miedos desde donde reaccionamos no pocas veces atropellando la verdad y la dignidad del otro?    

Es bueno recordar que Dios nos hizo a su imagen y semejanza (Gn 1, 27), y en el campo o en el terreno de nuestra vida tenemos la impronta de nuestro Hacedor y Padre quién cuando nos formó selló su obra amorosa con un “muy bien”, dice la Palabra: Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien” (Gn 1, 30). Podemos tener la certeza de que en nuestra existencia Dios mismo ha sembrado buena semilla, y toda la bondad que hay en nosotros con seguridad nos ha venido de Dios, de su siembra que siempre es la mejor.

Pero en un mundo adormecido que confunde la cizaña con la bondad del  trigo por su aspecto aparente y engañoso sin advertir la diferencia, es urgente recordar que es muy valioso el terreno y la buena semilla, y que por ello es asediado  por un enemigo venenoso cuya arma es sembrar el sutil engaño y la mentira.

No es extraño que gente buena crea que la cizaña de las pseudo libertades como la eutanasia, el aborto y la ideología de género son un buen fruto, cuando lo cierto es que intentan destruir el campo, es decir; los vientres y la verdad natural y biológica de los cuerpos para así ahogar el buen trigo que hay en la vida de todo ser humano. A ese enemigo le interesa la ruina de la vida.

El final de la parábola es nuestra indestructible esperanza, pero también una advertencia; El Señor que es paciente sabe esperar el momento, no apresura los tiempos para arrancar la cizaña que puede también estropear el trigo. Dios aguarda, nos concede tiempo de Misericordia, tiempo hasta la ciega, ya no habrán sembradores sino segadores: Dios reclamará nuestro buen fruto, ojalá que nuestra vida tenga hoy el buen trigo que produce su Gracia y su Palabra, porque sí la mala semilla cunde nuestra vida de cizaña será arrancada y atada para quemarla. Así de claro es el Evangelio.

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