Espiritual Fe

Amar a Dios y al Prójimo.

Tengamos presente que sí es posible amar a Dios con todo el corazón, con todo el alma, con todas las fuerzas, con todo el ser, dado que el Señor no se ha quedado a una distancia inalcanzable sino que ha entrado y entra en nuestra vida, como nos enseñó Benedicto XVI al comentar su primera encíclica; «Dios es Amor» un 15 de Agosto del 2006:

El Señor nos sale al paso de cada uno de nosotros: en los sacramentos a través de los cuales actúa en nuestra existencia; con la fe de la Iglesia, a través de la cual se dirige a nosotros; haciéndonos encontrar hombres, tocados por Él, que nos trasmiten su luz; con las disposiciones a través de las cuales interviene en nuestra vida; también con los signos de la creación que nos ha regalado”.

Insiste Benedicto XVI: «No sólo nos ha ofrecido el amor, ante todo lo ha vivido primero y toca a la puerta de nuestro corazón en muchos modos para suscitar nuestra respuesta de amor».El amor no es solamente un sentimiento, pertenecen a él también la voluntad y la inteligencia.

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».


Mt 22, 34-40

Con su Palabra, Dios se dirige a nuestra inteligencia, a nuestra voluntad y a nuestros sentimientos, de modo que podamos aprender a amarlo “con todo el corazón y con toda el alma”. El amor, de hecho, no nos lo encontramos ya listo de repente, sino que madura; por así decirlo, nosotros podemos aprender lentamente a amar de modo que el amor comprometa todas nuestras fuerzas y nos abra el camino de una vida recta.

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En referencia al amor al prójimo, Benedicto XV nos recuerda que sí podemos amarlo si somos amigos de Dios. Si somos amigos de Cristo queda cada vez más claro que Él nos ha amado y nos ama, aunque con frecuencia alejemos de Él nuestra mirada y vivamos según otros criterios.

Pero si la amistad con Dios se convierte para nosotros en algo cada vez más importante y decisivo, entonces comenzaremos a amar a aquellos a quienes Dios ama. Dios quiere que seamos amigos de sus amigos y nosotros podemos serlo”.

Sobre el Autor

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Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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