Fe

¿A la hora de votar sabes cómo no botar tu voto?

¿A la hora de votar sabes cómo no botar tu voto?
Escrito por Padre Henry Vargas

¿A LA HORA DE VOTAR SABES CÓMO NO BOTAR TU VOTO?

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29). Y quien obedece a Dios puede gobernar pero siendo consciente de que toda autoridad legítima procede de Dios y debe someterse totalmente a Él (Jn 19, 11).

La política, dentro de una sana democracia, es más que necesaria y es buena; es una de las mejores vías de servir al bien común. Según la doctrina social de la Iglesia, la Política es una de las formas más altas de concretar la caridad, porque es la manera más contundente de trabajar por el reino de Dios.

“Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política” (Christifideles laici, 42). Es, pues, un deber del cristiano participar de los diferentes procesos electorales para poder incidir, como Iglesia, en la vida de la sociedad.

“El Concilio exhorta a los cristianos, ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico” (Gaudium et Spes, 43). El buen cristiano, pues, no se debe esconder en la sociedad, debe participar responsable y activamente en la vida democrática de cualquier país tanto para elegir como para ser elegido. Los cristianos debemos participar en la política como ciudadanos responsables, por el bien de todos.

La Iglesia, que está llamada a ser luz del mundo, insta a sus hijos, que también son luz del mundo y sal de la tierra (Mt 5, 13-14) a semejanza del Divino Maestro, a transformar el mundo desde una fe correcta a través, sobre todo, de la vida política como servidores públicos. Recordemos la función de la sal y de la luz: La sal preserva de la corrupción y la luz es la verdad que brilla. La solución a la corrupción no es negar o destruir la política sino participar en ella con principios éticos y cristianos, pero con autoridad moral.

Y la Iglesia es imparcial y en este sentido nunca propone nombres concretos ni para que hagan política ni para que sean elegidos; como tampoco, menos aún, la Iglesia funda partidos políticos y ningún partido representa a la Iglesia. La Iglesia es respetuosa de la conciencia y de la capacidad de pensar y discernir del ciudadano.

Los fieles pueden militar en el partido que crean más conveniente y dar su voto libremente a la persona candidata que mejor responda a sus convicciones personales, con tal de que dichas convicciones sean compatibles con la sana doctrina, tengan en cuenta la ley moral natural, y que objetivamente sirvan al bien común de la sociedad.

La Iglesia le pide a los fieles que elijan a alguien que tenga una vida personal íntegra que garantice, al menos, un mínimo de fidelidad a los valores cristianos tanto en la propia vida como en su eventual gestión en caso de ser elegido. La misión de la Iglesia ha de ser doble: ayudar a formar en sus hijos una conciencia social, y orientar, con los principios éticos y morales, sobre los derechos y deberes políticos de los fieles.

En todo caso el ciudadano, sobre todo el buen cristiano, debe tener claro quién será, de todos los candidatos, la mejor opción, tanto para gobernar un país, como una región o un municipio. Los criterios para dar el voto por alguien serán siempre los mismos; criterios que más adelante mencionaremos.

Es imprescindible que los ciudadanos, especialmente los bautizados, que ponen su nombre a consideración de la ciudadanía sean personas competentes, altruistas e intachables. En el caso de que alguna persona de Iglesia quiera proponer su nombre a consideración de los electores se le pide fidelidad al evangelio y al magisterio de la Iglesia. Pero también es imprescindible que los ciudadanos que votan también se hagan responsables de las decisiones que toman con su potestad de elegir.

La Iglesia, pues, invita al elector cristiano a que observe, escuche, consulte, piense y luego tome la decisión más acertada en conciencia, pero sin dejarse manipular por nadie.

En algunos países donde reina la democracia, que, como la misma palabra lo indica, es el gobierno del pueblo, ya se han realizado elecciones; y en otros países los ciudadanos se aprestan en un futuro a celebrar elecciones y, en consecuencia, ejercer el derecho al voto. ¿Pero qué considerar para votar de manera acertada? ¿Qué condiciones debe cumplir una persona que es candidata?

1.- Indagar por la vida privada de la persona. Que sea una persona que tenga control de su vida porque quien no es capaz de gobernarse no gobernará bien una familia,  y así es improbable que pueda gobernar bien una jurisdicción territorial o que legisle sin destruir los valores cristianos.

2.- Que sea una persona que, por su historial, se le haya visto interés y buenas acciones a favor de la comunidad donde haya crecido o vivido.

3.- Que sea una persona que no busque en la política un medio de sustento o para enriquecerse; por tanto que no tenga ningún interés económico para sí misma ni lícita ni, menos aun, ilícitamente. Que esa persona siempre haya buscado servir al pueblo, y no servirse de él.

4.- Que sea una persona que no haga campañas con mera palabrería hablando de solas ideas, aunque hable bonito. Recordemos que ‘el papel aguanta todo’. La persona debe hablar a partir de problemáticas concretas, que exigen una acción rápida, real y viable, y que proponga soluciones que dicha persona misma lleve a cabo en su eventual periodo de gobierno; no conviene dejar obras inconclusas. Que sea una persona que tenga la capacidad de mostrar metas específicas. 5.- Que sea una persona que posea capacidad de diálogo y escucha; que tenga, además, el liderazgo suficiente para que sea, en este mundo pluralista, factor de cohesión social entre todos los ciudadanos sin excluir a nadie.

6.- Que sea una persona que demuestre, a través de su trayectoria, que el interés será solo el de ser servidora de lo público que busque exclusivamente el bien de una comunidad.

7.- Que sea una persona que tenga visión de futuro. Que no solo solucione problemas presentes sino que se anticipe a solucionar problemas a futuro. Que tenga claro el modelo de desarrollo que le conviene a la jurisdicción territorial que pretende gobernar y vaya trabajando por él.

Es obvio que una persona que reúna las anteriores condiciones es muy difícil de encontrar. El pueblo debe escoger al menos a la persona más idónea entre las menos idóneas, la persona que más se acerque a estos ideales.

Hasta ahora hemos visto las condiciones que deben cumplir las personas que se quieren proponer para un cargo público de elección popular. Pero también, en consecuencia, tengamos en cuenta por quién, definitivamente, no votar.

Aunque la persona candidata cumpla todas o la mayoría de los anteriores requerimientos conviene no votar por quien:

1.- Se la pase haciendo una campaña sucia haciendo quedar mal, con justa razón o sin ella, a los demás contendores.

2.- Haga una campaña política demasiado ostentosa. No quien ‘grite más’, es quien más tiene la razón. Una persona que no haga ‘shows’ para atraer el voto.

3.- Se le compruebe malas prácticas para buscar votos, como, por ejemplo, la compra de votos.

4.- Sea una persona orgullosa o hipócrita. Es bien sabido que ciertos candidatos están con la gente durante la campaña electoral; pero una vez son elegidos se encierran en sus oficinas y se vuelven déspotas.

5.- Sea una persona que haya sido condenada por los diferentes entes de control o que, a la hora de las elecciones, tenga investigaciones en curso. Hasta que la persona no resuelva su situación no debe proponer su nombre a consideración del electorado.

6.- Sea una persona fundamentalista y/o esté centrada en una ideología cualquiera. No votar por alguien a la que se le compruebe que favorece dogmas contra las enseñanzas de la Iglesia.

7.- Sea alguien que no esté preparado para el cargo que se postula. El primer acto de corrupción es postularse a un cargo, o aceptar un cargo, para el cual la persona no se ha preparado.

P. Henry Vargas Holguín

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