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A la Divina Providencia, el día primero del mes

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Escrito por Redacción R+F

La Devoción a la Divina Providencia consta de unas breves y eficaces oraciones que se dirigen a la Santísima Trinidad como manifestación de Fe y confianza en Ella. Se recitan al comienzo de cada mes, poniendo en Sus Manos todos nuestros asuntos y necesidades.

En la actual situación, ¿todavía hay quien dude de la Providencia de Dios? Si la cuarentena se extiende, pidamos a Dios que extienda su brazo misericordioso.

Los únicos requisitos son
la Conversión de corazón y la Fe en el Altísimo

ACTO DE CONTRICIÓN

Si un corazón contrito y humillado, si un pecador perverso, arrepentido, si un hombre ciego, loco, prostituido, si un esclavo perpetuo del pecado, puede aguardar perdón de un juez airado, puede aplacar a un Padre al que ha ofendido, puede desagraviar a Dios que ha sido su Creador, Redentor crucificado: hoy se postra a sus plantas con temor, hoy implora su Gracia y su Bondad, mirando sus excesos con horror; el perdón solicita a su maldad, el indulto le pide un pecador; y esto espera por gracia y por piedad.

Rezar
Tres Padre Nuestros gloriados y un Credo.

ORACIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA

Santísima Trinidad, ¡Oh, Divina Providencia!, concédeme tu clemencia por tu infinita bondad.

Arrodillado a tus plantas, a ti de toda caridad portento, te pido para los míos, casa vestido y sustento.

Concédeles la salud, llévalos por buen camino, que sea siempre la virtud la que los guíe en su destino. Tú eres toda mi esperanza. Tú eres el consuelo mío. En lo que mi mente alcanza, en Ti creo, en Ti espero, en Ti confío.

Tu Divina Providencia se extienda en cada momento para que nunca nos falte casa, vestido y sustento, ni los santos sacramentos en el último momento. Amén.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Dios Santo, Poderoso, Inmenso: desde el Trono de vuestra Majestad, dirigid una mirada compasiva a este gusano de la tierra que, postrado y lloroso, demanda vuestra clemencia:

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos: llenos están los cielos y la tierra de vuestra Gloria y en medio de tanta grandeza, ¿escucharéis mis gemidos….? Sí, porque sois mi Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, pongo en Vos mi fe, confieso mi redención y espero el cumplimiento de vuestra Palabra.

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¡Con cuánta ternura, Señor, repito: Santo, Santo, Santo. Señor, mi corazón se dilata y siente un regocijo extraordinario; mi fe de tal manera se aumenta, que estoy seguro, cierto, de que seré feliz.

Hoy he dicho: Santo, Santo, Santo. Pues la peste no emponzoñará mi pobre aliento; la desnudez, la miseria, el hambre, no llegarán a mis puertas; el rayo no caerá sobre mi cabeza; el huracán, el temblor, la centella y el incendio me respetarán; y mis enemigos temblarán a mi presencia, pues verán en mi frente el auxilio divino; mis labios y mi lengua que os han alabado, estarán tranquilos; y en mi corazón descansará la paz, la resignación y la conformidad en un todo con vuestra Suprema Voluntad. En mis enfermedades repetiré mil veces: ¡Santo, Santo, Santo!, y este dulce nombre será mi escudo.

Dios mío, tened piedad de mí, sed mi amparo y concededme que no se separe de mis labios vuestra alabanza, y que si hoy fuere llamado a juicio, tenga en mi favor haber repetido constantemente: ¡Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria!

La Divina Providencia se extienda a cada momento para que nunca nos falte casa, vestido, salud y sustento.

Amén.


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