Espiritual Fe

¡Seamos Laicos comprometidos como Aquila y Priscila!

El comienzo de Apolo en la Iglesia Primitiva nos invita a considerar esos rostros entusiastas y anhelantes que requieren ser acompañados, son hermanos que nos piden que seamos para ellos lo que fue Aquila y Priscila para Apolo.

“Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios”.

Hch. 18, 23- 28

Contamos con gente maravillosa en la Iglesia que distingue aspectos de nuestra religión pero que no conoce de cerca la belleza y riqueza de su fe Católica en Jesús: éste era el caso de Apolo, un cristiano de la segunda década después de la Pascua que sin conocer a fondo el camino cristiano, se puso de pie en la Sinagoga y compartía lo que distinguía sobre Jesús, era elocuente  y muy versado en las escrituras, pero parece que le faltaba ese pegamento que pone la palabra predicada no en el oído sino en él corazón.

Apolo tenía elementos pero aún le faltaba lo significativo; requería ordenar tantas ideas y entrelazarlas, apuntar sus intenciones nobles con acierto y seguridad, debía integrarse todo y pasar de la creencia a ser un hombre de Iglesia, pasar de ser un fiel a un hijo muy amado sintiéndose familia nueva en Jesús, pasar de tener una voz a tener la Palabra.

Apolo requería esa conversión que tenemos pendiente muchos católicos, pasar de tener datos y conceptos a vivir la experiencia de Jesús, la vivencia cristiana en comunidad, porque sin ello –αγάπη- la vida de del creyente es frágil e improbable, una campana que resuena.

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El comienzo de Apolo en la Iglesia Primitiva nos invita a considerar esos rostros entusiastas y anhelantes que encontramos en nuestras comunidades, rostros de hermanos que nos piden ser para ellos lo que fue aquel matrimonio para Apolo: “Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios”.

Oremos: Amado Padre,  gracias por el ejemplo de tantos católicos comprometidos que a imagen de los laicos Alquila y Priscila, son fecundos en su paternidad y maternidad espiritual, ellos, seducidos por tu Hijo Jesús, han dado un sí valiente para acompañar y hacer crecer en otros la vida auténtica, Gracias Señor porque en el corazón de tantos laicos anónimos, existe un desborde de gratitud y alegría que los compromete con la causa de tu Reino. Amén

Sobre el Autor

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Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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