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Espiritual Fe

¿Una fiesta litúrgica en honor de Dios Padre? Testimonio de un Obispo…

Dios Padre
Escrito por Redacción R+F
¡Difunde la cultura de la Vida!

Estas son las razones que dio a favor, al concluir la indagación canónica sobre esta revelación privada, el Obispo de Grenoble S. E. Monseñor Alexandre CAILLOT.

¡Difunde la cultura de la Vida!

Advertencia:

El 29 de marzo de 1967 entró en vigor un decreto de la Santa Sede, a partir del cual no es necesario ningún permiso eclesiástico para publicar revelaciones, visiones, milagros o para ir a los lugares de apariciones no reconocidas aún. Por lo tanto, la referencia que se hace a las revelaciones mencionadas, así como las mismas, no requieren de permiso especial para ser difundidas. Según dicho decreto, “Cuando se trata de revelaciones proféticas, el Papa es el único juez”.

No obstante, en todas las situaciones deben observarse la prudencia, la rectitud de intención y los procedimientos estipulados por la Santa Sede para su aprobación. Mientras tanto, acogemos e invitamos a seguir el criterio de San Pablo, cuando exhorta: “No apaguéis el Espíritu; más bien, probadlo todo y quedaos con lo bueno”.


Lectores de distintos países nos han instado a hablar de la Fiesta que, de manera privada, celebran y promueven en honor a Dios Padre, de acuerdo con algunas revelaciones privadas dadas a la Superiora de una Comunidad religiosa.

Al respecto –sin comprometer nuestra opinión ni a favor ni en contra–, y esperando que en su momento la Iglesia dé un dictamen sobre tal posibilidad, publicamos el texto de un Obispo que tuvo a su cargo la investigación canónica de los hechos, y que dio su concepto favorable a tal iniciativa, respondiendo y despejando las dudas sobre las distintas objeciones que pudieran suscitarse desde el punto de vista teológico.

El siguiente es el texto de su carta:

Hacer conocer y amar a Dios Padre

Traído del testimonio del Obispo de Grenoble S. E. Monseñor Alexandre CAILLOT al momento de concluir la indagación canónica sobre la Madre Eugenia Elizabeta Ravasio.

La misión que se le confió a Madre Eugenia fue clara y desde el punto de vista doctrinal me parece legítima y oportuna. Misión exacta: Hacer conocer y honrar a Dios Padre, sobre todo instituir una fiesta especial pedida a la Iglesia en Su nombre.

La investigación ha encontrado que la fiesta en honor del Padre se insertaría en todo el culto católico, conforme al movimiento tradicional de la oración católica, que es una Ascención hacia el Padre, mediante el Hijo, en el Espíritu, como lo prueban las oraciones de la misa y la oblación litúrgica del Padre en el Santo Sacrificio.

Además es extraño que aún no exista ninguna fiesta especial en honor del Padre: la Trinidad es adorada como tal, el Verbo y el Espíritu Santo son adorados en su misión y en sus manifestaciones exteriores, solo el Padre no tiene una fiesta propia que llamaría la atención del pueblo cristiano sobre su persona.

Como arrojó una encuesta que se realizó entre numerosos fieles de diferentes estratos sociales y hasta entre sacerdotes y religiosos, el hecho de la ausencia de una fiesta litúrgica en Su honor se atribuye a que “el Padre no es conocido, no se le reza, no se piensa en Él”. Quien dirigió la encuesta descubre también, con sobresalto, que un gran número de cristianos se alejan del Padre porque ven en Él un juez terrible; prefieren dirigirse a la humanidad de Cristo, ¡y cuántos se dirigen a Jesús para ser librados de la cólera del Padre!

Una fiesta especial tendría como primer efecto restablecer el orden en la piedad de muchos cristianos y volverles a conducir al encargo del Salvador: “Todo lo que pidieran al Padre en mi nombre”…Además, “Oren así: Padre Nuestro que…”.

Al mismo tiempo una fiesta litúrgica en honor del Padre los ayudaría a dirigir sus miradas a Aquel que el apóstol Santiago llamaba “el Padre de Luz”, del cual proceden todos los dones. Acostumbraría a las almas a tomar en cuenta la Bondad Divina, los beneficios de Dios, su providencia paterna y que esa Providencia es la de Dios Trino, común a las tres Personas y que Dios expande sobre el mundo los tesoros inefables de su Misericordia infinita.

Parecería, a primera vista, que no haya ninguna razón especial para honrar al Padre en particular, ¿pero no ha sido el Padre que ha mandado a Su Hijo al mundo? Si es sumamente justo darle culto al Hijo y al Espíritu Santo por sus manifestaciones exteriores, ¿no sería justo y obligatorio darle gracias a Dios Padre, como lo motivan los prefacios de la Misa, por el regalo que nos hizo de su Hijo?

El objeto de esta fiesta especial se delinea de forma clara: honrar al Padre, agradecerle, alabarlo por habernos dado a Su Hijo; en una palabra como dice el mensaje: Honrarlo, agradecerle y alabarlo como autor de la Redención.

Darle gracias a Aquel que ha amado tanto al mundo como para dar a Su Hijo único, para que todos los hombres, reunidos en el cuerpo místico de Cristo, en este Hijo, se hagan también hijos en Él.

En el momento en el cual el mundo, turbado por las doctrinas del laicismo, del ateísmo y de las modernas filosofías no conoce más a Dios, el verdadero Dios, ¿No haría esta fiesta conocer a muchos el Padre que vive y que Jesús ha revelado, el Padre de misericordia y de bondad? ¿No contribuiría a hacer crecer el número de adoradores del Padre, en espíritu y en verdad, que Jesús ha anunciado?

En el momento en que el mundo, abatido por las guerras homicidas va experimentando la necesidad de un principio sólido de unión para el acercamiento de los pueblos, esta fiesta aportaría una gran luz. Enseñando a los hombres que ellos en el cielo tienen al mismo Padre. Aquel que les ha regalado a Jesús hacia el cual los atrae para formar el mismo cuerpo místico, en la unidad del mismo Espíritu de amor.

En el momento en que tantas almas, agotadas y cansadas por las pruebas de las guerras podrían añorar avocarse a una vida interior profunda, ¿No sería esta fiesta capaz de «moverlas desde adentro» para adorar al Padre que está en lo secreto y para ofrecerse en una oblación filial y generosa al Padre, fuente única de la Trinidad en ellos?

¿Tal fiesta no conservaría el hermoso movimiento de vida sobrenatural que arrastra a los hombres hacia la infancia espiritual y hacia la vida filial con el Padre mediante la confianza, el abandono a la Voluntad Divina y el espíritu de fe?

Por otra parte, cualquiera que sea la decisión de la Iglesia respecto a esta fiesta, hay una cuestión de doctrina que surge. Ilustres teólogos piensan que la doctrina de las relaciones del alma con la Trinidad tiene que profundizarse y que ella podría ser para las almas, una fuente de luz sobre la vida entre el Padre y el Hijo, de la que habla San Juan y sobre la participación de la vida de Jesús, hijo del Padre, y especialmente a su amor filial por Él.


Nota: De acuerdo con la revelación privada, la Fiesta en Honor de Dios Padre se celebra el día 7 de agosto o el primer Domingo del mismo mes, y a esta la antecede una novena o –de manera más específica– un octavario (Devoción de ocho días).

Una de las cosas que llama la atención sobre la propuesta de esta fiesta litúrgica en honor de Dios Padre, es el contenido de las lecturas de dicho día que, sin tocar lo prescrito en el Ordo, coinciden perfectamente con lo que en la revelación privada se pide que se reflexione y celebre (Tomando en cuenta que cuando ésta fue dada, no existía aún la Misa “Novus Ordo”).

Nuestros lectores dejan los siguientes vínculos “en caso de que tengan curiosidad de saber más” (Nosotros reiteramos la necesidad de la Prudencia y Discreción, pero “sin apagar el Espíritu”):

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