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Espiritual

Siete secretos para acercarte más a Dios

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Escrito por sinmedida
¡Difunde la cultura de la Vida!

«La santidad no se expresa plenamente en acciones o en prácticas concretas, sino en una disposición del corazón que nos hace pequeños y humildes en los brazos del Padre, conscientes de nuestra propia debilidad e impotencia, confiados hasta la locura en su amor paternal».

Santa Teresita del Niño Jesús

¡Difunde la cultura de la Vida!

Por Andreína Álamo

Estudiante de Estadística en la Universidad Nacional (Colombia), y catequista. Participante del grupo Católico Interuniversitario Sin Medida.


Todos en algún punto de nuestra vida nos hemos sentido lejos de Dios, tal vez sea porque nuestra fe flaqueó y dudamos de su existencia, o porque hicimos a un lado la oración, puede ser porque nos dejamos vencer por la tentación o simplemente le hablamos y no oímos su respuesta. ¡Pero no es el fin del mundo! Incluso los más grandes santos de Nuestra Iglesia Católica pasaron por esto, y el sufrir estos períodos de aridez o sequedad espiritual con paciencia fue un gran motivo de alegría para El Señor.

Antes de enunciar estas siete (7) formas de acercarnos a Dios, quiero que entiendas que lo primero es depositar tu confianza en su Amor, y para esto debes comprender un poco el misterio de su amor y, por ende, el por qué Cristo se sacrificó por nosotros:

Juan nos dice en el primer capítulo de su evangelio: “todo fue hecho por Él y sin Él nada se hizo”, fue por medio de Cristo que se hizo la obra de la Creación. Dios nos creó por amor, y creó toda la tierra para que nosotros tengamos dominio sobre ella. ¿Qué es, pues, la creación si no la muestra de amor más grande? Ni los ángeles, siendo tan superiores, dominan la tierra y menos el cielo, pero ¡nosotros sí! Dios decidió amarnos con predilección y darnos la misión de dominar su creación.

Con esto podemos comprender el por qué el ser humano es la única criatura a la que Dios amó por sí misma. También dejo en claro que nuestra fe no crecerá si no somos conscientes de su amor en todo momento, así no podamos sentirlo. De todas formas, comprender este amor no es fácil, es un misterio, al fin y al cabo; pero que sea un misterio no significa que nunca lo entenderemos, sólo significa que debe sernos revelado.

Ahora sí, a continuación te presento “7 formas de acercarnos a Dios”, ten en cuenta que no es un instructivo; son 7 acciones que, en mi caso personal, me han ayudado a avivar mi fe.

1. Reconocer tu pequeñez:

Como dije anteriormente, Dios nos ama infinitamente y por eso dejó que domináramos toda su creación, pero esto no quita el hecho de que somos diminutos ante toda esta gran obra, y tampoco quita el hecho de que nuestra misión principal no es dominar la tierra sino honrar a Nuestro Padre; porque fuimos creados por Él y para Él y, en esa medida, no podemos tomar su lugar en absolutamente nada.

Reconocer nuestra pequeñez es saber que Dios nos ama de manera perfecta, y que sólo por eso, Él merece que lo amemos y que nos esforcemos cada día por perfeccionar ese amor, pulirlo y hacerlo similar al suyo.

Es luchar constantemente por agradar a Nuestro Padre con cada una de nuestras acciones, por pequeñas que sean, sin importar si lo logramos o no, pues Él no ve el éxito de la obra sino el esfuerzo, la intención y el sufrimiento.

2. Confesión constante:

¿Cuántas veces no hemos pensado en la pena que nos da contarle nuestros pecados a un padre? O, por otro lado, ¿Cuántas veces no hemos dicho “no necesito confesarme ahorita”? Estas preguntas impiden que confiemos en Cristo y en su misericordia.

La primera pregunta nos lleva al miedo, un miedo que no es obra de Nuestro Padre sino del demonio, un miedo que nos quita la paz, puesto que su única intención es alejarnos de Dios.

Cristo mismo dijo a Santa Faustina: “Que el pecador no tenga miedo de acercarse a mí, me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas”. ¡Enhorabuena! Dios no sólo puede perdonarnos, sino que quiere hacerlo.

Cabe aclarar que esto lo hace mediante un sacerdote, porque a ellos Él mismo les encomendó esta tarea. Y que la condición es el dolor por nuestros pecados, el arrepentimiento, el propósito firme de no ofenderle más y la reparación por el daño causado o la injusticia cometida.

La segunda pregunta no es más que soberbia. Tenemos que conocernos y admitir que pecamos constantemente, por eso debemos pedirle al Espíritu Santo que nos muestre esos pecados de los que no somos conscientes; porque el pensar: “no tengo nada qué confesar” o “no tengo nada qué decirle al sacerdote”, no significa que no hayamos pecado, significa que tenemos un pecado tan recurrente que ya es prácticamente invisible a nuestros ojos.

Confesarnos debe ser siempre un motivo de alegría, pues en El Catecismo de La Iglesia Católica, podemos ver que el sacramento de la reconciliación también es llamado sacramento de la conversión, porque gracias a él rechazamos el pecado y volvemos a Cristo. Él mismo nos dice que produce más alegría un pecador que se arrepiente que noventa y nueve justos, y también nos dice que un pecador arrepentido ocasiona una gran alegría en los ángeles del Señor. ¡Así que no dudes en confesarte constantemente!, pues es un gran honor ser motivo de fiesta en el cielo.

3. La Eucaristía:

La Eucaristía es de los mayores regalos que nos dio Jesucristo, está por encima de todos los sacramentos y nos permite perfeccionar nuestra vida espiritual. Es una gran arma que tenemos los cristianos para luchar contra el enemigo y el pecado, además nos recuerda el sacrificio de Cristo y alabamos a nuestro Padre por medio de su Hijo.

Cristo, como ya mencioné, también fue partícipe en la obra de la creación, Cristo es verdadero Dios, así que siempre ha estado, está y estará presente en el mundo hasta el fin de los tiempos. En el antiguo testamento estuvo presente como figura, en el nuevo testamento como acontecimiento y ahora lo tenemos presente como sacramento, allí radica la vital importancia de la Eucaristía.

Cristo está presente en nuestros días como sacramento porque está verdaderamente en el pan y el vino, no es un mero simbolismo. En el evangelio de Juan podemos leer:

«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

Juan 6, 51

Como creyentes no podemos dudar de la verdadera presencia de Cristo en la Eucaristía, quien revive y actualiza su sacrificio una y otra vez por el perdón de nuestros pecados; así viviremos en comunión con Él y nos reconciliaremos con nuestro Padre.

Por lo tanto, la Eucaristía no debe ser una costumbre, sino una necesidad, pues como dijo Juan Pablo II:

«Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración».

Por lo tanto, el ir a misa y no comulgar, implica, no solo privar a nuestra alma de semejante gracia, sino que también implica dejar plantado a Cristo.

4. Lectura de la Palabra:

Una forma excelente de sentirse cerca de Dios es leyendo su Palabra, pues a pesar de ser escrita por seres humanos, lo que encontramos en La Biblia no tiene otro autor diferente de Dios.

La Palabra de Dios está viva, es actual, eficaz y no perece, incluso en diferentes momentos de tu vida el mismo versículo puede decirte diferentes cosas. La Palabra es aplicable en cualquier situación y por tal motivo debe ser nuestra fiel compañera, es ella la que nos ayudará a que crezca nuestra vida interior.

La Escritura nos acerca a Dios, en ella vemos todo lo que Él nos ha revelado, y más aún, nos hace conscientes de su amor. Además, allí encontramos la historia de la salvación, historia que no continúa en la siguiente página sino en nuestros corazones.

Si queremos ser santos debemos apoyarnos en la Palabra, ella “es como la lluvia que cae en la Tierra y la hace fecunda” si la leemos detenidamente, no sólo con nuestros ojos, sino con nuestro corazón, seremos tierra fértil que permitirá el nacimiento de frutos al Señor.

5. Buscar a la Virgen María:

Maria y el Nino Jesus
María y el Niño Jesús

María es la mayor fuente de consuelo, es nuestra madre por excelencia, es un modelo perfecto de santidad y también superó grandes pruebas, así que nos comprende como nadie. No nos olvidemos de María, es más, si nos sentimos lejos de su hijo, nada mejor que empezar por acercarnos a su madre.

6. Acude a tu ángel de la guarda:

“Pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos; te llevarán en sus brazos, para que tu pie no tropiece en piedra”.

Salmo 91

Versículos como estos hay muchísimos, y todos confirman lo mismo: Dios envía a sus ángeles para que nos cuiden en todo momento. Desde la concepción nos asigna un ángel de la guarda.

Este ángel se encarga de cuidarnos y de llevarnos a Dios, él nos guía y vela por nuestra salvación. Así que, si se lo pedimos, él puede ser una parte crucial en nuestra salvación, muchos piensan que sólo sirve para sacarnos de situaciones de peligro o para librarnos de pesadillas, pero no, eso sería menospreciar todo lo que él puede hacer por nosotros, pues si se le pide con fe, puede incluso ayudarnos a vencer vicios, alejarnos del pecado, construir virtudes y llegar a ser santos.

Aunque también vale resaltar, que no se le debe adorar, ni poner nombres, mucho menos dejarles ofrendas, pues son ellos quienes trabajan para nosotros, esa fue la misión que les encomendó Dios.

7. Practicar la caridad:

La caridad, contrario a lo que muchas personas piensan, no es sólo hacer actos de caridad. La caridad es vivir a plenitud el mandamiento nuevo que Cristo nos regaló: “Ámense los unos a los otros como yo os he amado”.

Así que la caridad, no es sólo ayudar a una persona, es amarla por el simple hecho de que es tan criatura o hijo de Dios como yo. Una vez reconocida su condición de hijo de Dios, el ayudarle irá más allá de lo que comúnmente llamamos “pesar” y se convertirá en amor. No nos acercamos a Dios al ayudar a una persona por considerarla inferior a nosotros, esto es el pesar; nos acercamos a Dios al amar, porque Él es amor.

Ahora, ¿cómo practicarla? Lo mejor es empezar por las obras de misericordia, intentar al menos hacer una de cada una anualmente, pero mi mayor recomendación es empezar por los que nos rodean, no es necesario costear un viaje a África para ayudar a quienes lo necesitan, las calles de nuestro país están llenas de personas que buscan ayuda.

Cuando digo “los que nos rodean” no hablo sólo de personas necesitadas cercanas a nosotros. Si estás leyendo esto es porque te has encontrado con Dios, sabes lo importante que es la salvación y lo importante que es ser santos. Entonces, amar a los demás, también es esforzarnos por la salvación de cada uno, empezando por nuestros padres, hermanos, hijos, amigos, etc. Es reconocer que sentir el amor de Dios es algo tan hermoso, que todos deberían sentirlo, ¡y que alegría dará al Señor que ese amor lo hayamos transmitido nosotros!

Madre Teresa de Calcuta Caridad
Madre Teresa de Calcuta – Caridad

Ahora ya tienes 7 formas de acercarte más a Dios, pero si solo pudiera decirte una, sería el amor. Porque para acercarnos a Dios debemos ser conscientes de cuánto nos ama, debemos confiar en su amor, amarlo como Él nos ama; y si logramos amarlo, seremos capaces de amar a todos sus hijos, a todas sus criaturas y a la creación entera.

Este amor es un amor lleno de esfuerzos, sabemos que implica luchar cada día por perfeccionarlo; pero vale la pena, porque es un amor que nos hará libres, que nos dará vida eterna, un amor que nos hace uno con Cristo. Es un amor que, una vez alcanzado, nos mantendrá siempre unidos a Él.

Agradecimientos especiales a Gloria Pedraza, Patricia Esponda y Jessica Pérez.

BIBLIOGRAFÍA

  1. ESPAC (2018). Cristología. Módulo 2.7. Xpress Kimpres SAS.
  2. ESPAC (2018). Sagradas Escrituras-I. Módulo 2.4. Xpress Kimpres SAS.
  3. Iglesia Católica (1997). Catecismo de la Iglesia Católica. Librería Editrice Vaticana.
  4. Kowalska, F (2001). Diario. Editorial de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.
  5. Biblia de Jerusalén.
  • Fotografía del encabezado tomada por @rodlong. Recuperado de http://unsplash.com/

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