Espiritual Fe

La crisis de la vocación

“Él les respondió: “¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos, sino una sola carne”.


Mt 19,3-12

 “En el principio” y “pero al principio”; es la palabra reiterativa que a modo de luz, Jesús recuerda a sus interlocutores para dar una respuesta certera sobre la cuestión de la indisolubilidad matrimonial que hoy nos presenta Mateo en el Evangelio, y en general sobre la capacidad que tiene el hombre para dar una respuesta adecuada, generosa y fiel a la causa del Reino que está muy unida e implica el misterio del matrimonio y la familia.

Remitirnos a ella nos recuerda el proyecto de Dios, su querer primigenio o su voluntad, para no quedarnos patinando en nuestros caprichos y justificaciones, ya que en estas últimas se encuentra la dureza del corazón que consideró Moisés para acceder a tales pretensiones que desdibujan el interés del principio, esas pretensiones a un nivel radicalizado y escandaloso las afrontamos cuando notamos que existe una crisis de la vocación en el hombre actual que no quiere comprometerse con lo estable y duradero por su corazón vacilante, superficial  y ante todo inmaduro:

“Él les contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así”.

Mt 19, 3-12

Precisamente en el relato del génesis, advertimos como la creación del hombre y mujer está más cerca del orden de Dios cuando se afirma que fue hecho a imagen y semejanza Divina (Gn 1, 26), es decir; su semejanza está más cercana a Dios y por el contrario no se habla de semejanza alguna con los animales (1, 27), de forma que somos capaces de grandes empresas por amor, de vínculos estables y razonables.  

Relacionados  Colombia defiende la vida: hablan los protagonistas...

La creación del varón y la hembra, como su estrecho vínculo, quedan manifestados cuando se esclarece que el hombre y la mujer dejarán a padre y madre para convertirse en una sola carne (Gn 2, 24), a esta unión radical y posible para ambos, Jesús agrega; “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”, por que se trata de una alianza radical e indisoluble como la que tiene Cristo y su Iglesia, esta relación fue inferida por San Pablo al utilizar ese símil que evoca el amor que se entrega, el amor extremo y de alianza (Ef 5, 25-33).      

Sobre el Autor

Avatar

Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.