Espiritual Fe

¡Ir tras las huellas de Jesús!

“Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios.  Los dos discípulos, al  oírlo hablar así, siguieron a Jesús,  «Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí – que quiere decir, «Maestro» – ¿dónde vives?” «Les respondió: “Venid y lo veréis”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.

Jn 1, 35-39

El Evangelista San Juan nos permite apreciar el impacto que produjo la Persona de Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron; Juan y Andrés. Sin embargo, todo comienza con una pregunta precedida por una actitud: Y al ver que venían detrás les dice: ¿Qué buscan?” . A esa pregunta siguió la invitación de seguir sus huellas: “Vengan y verán” (v.39)

Dios nos llama a vivir nuestra experiencia de fe a través del seguimiento de Jesús. Precisamente en el decreto “Perfectae Caritatis” del Concilio Vaticano II, se nos presenta el seguimiento de Jesús como norma última y regla suprema de la vida. (PC 2a).

Un ejemplo esclarecedor del seguimiento lo encontramos en San Francisco de Asís; el comprendió que lo prioritario y fundamental para su vida era sobre todo seguir las huellas de Nuestro Señor Jesucristo, es decir: poner el pie donde Él lo puso (literalmente) y esto solo es posible sí nos tomamos en serio el evangelio. Esto fue tan claro para San Francisco que en su Segunda Regla define la identidad de un fraile menor en su comunidad así; “La regla y vida de los hermanos menores es guardar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo…”

Este seguimiento en San Francisco lo ha hecho el santo de todos los tiempos, del cual los papas repetidamente se han referido como el “Alter Christus”, es decir; el otro Cristo. Todo esto porque se propuso de forma sencilla, heroica y comprometida a vivir el Evangelio y hacer del Seguimiento de Jesús el centro.

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Se trata entonces de Seguir al Señor, ir tras sus huellas, poner nuestros pies y nuestra vida en las huellas de Jesús, hemos de sentir las profundidades de las pisadas del Señor, sentir la hondura de su amor al vivir, al amar, al perdonar, al orar, al conformar la familia de hermanos para construir el Reino de Dios. Precisamente el Documento de Aparecida nos dice:

“La naturaleza misma de cristianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la presencia de  Jesucristo y seguirlo. Esta fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron llenos y fascinados de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante todo como los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones”.

DA 244

El texto bíblico nos aclara como en el discipulado Jesús va transmitiendo su estilo de vida a los discípulos y cómo ellos lo asumen. El verso 39 nos descubre un rasgo del discipulado; ir detrás del Maestro, seguirlo, pero es un seguimiento que supera un simple ir detrás o abandonar la casa como aquella vieja realidad que queda superada, porque  seguirlo “es quedarse con Él desde aquel día” (Jn 1, 39).

Se trata de un permanecer con Él, lo cual implicaba una convivencia continuada, los discípulos no sólo tenían que aprender unas enseñanzas, una teoría, una serie de leyes y recomendaciones, sino que debían vivenciar, ser testigos, meter en la propia carne la experiencia de su amor y su enseñanza.

Pero esa decisión de quedarse con Jesús no es fácil, parte de una pregunta clave en la vida: ¿Qué buscan? o ¿Qué buscas? es decir, ¿Qué estoy buscando con mi vida y con lo que hago en este preciso momento ante Jesús? Jesús esperaba de cuantos pretendían seguirle que lo tuviesen bien claro.

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Definir esto, será preciso a fin de que el discipulado no termine como sucedió con Judas Iscariote, en una traición de la relación hasta la desesperación (Lc 22, 21) o con Ananías y Safira; en una mentira, mediocridad e incapacidad de darlo todo (Hch 5, 1-11).

Nuestra respuesta tendrá que ver con un estilo de vida diferente en donde sea posible un cambio desde dentro, y ello se llama conversión sincera del corazón, lo cual permitirá que Cristo se refleje y nuestro testimonio sea creíble. Así se puede inferir a partir del texto, que hacerse detrás del Señor no supone necesariamente ser discípulo suyo como lo expresa el gesto y la claridad de Jesús en el verso 39, no es algo que habilitemos a mera liberalidad y antojo por nuestra parte,  por el contrario, es preciso que Jesús se vuelva, los mire e inicie el diálogo, es decir, se trata de entrar en comunicación con el Señor: «Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?”.

Se trata de entrar en ese diálogo fundamental en el que Jesús ahonda en el corazón del hombre y sacude su conciencia para inserir el evangelio. El discipulado es una conversación profunda, e ininterrumpida, donde suceden los interrogantes existenciales, el discipulado no será una apariencia cosmetológica donde el cristianismo no se encarne en profundidad.

La vida con Jesús es una nueva realidad. No se puede asumir el estilo de vida de Jesús sin ser honesto en ese diálogo. Cada uno tiene que aclarar el sentido último de su camino interior, sentir la necesidad fundamental de ponerse ante el Señor y comprometer la integralidad de la vida.

Sobre el Autor

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Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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