Espiritual Fe

Hoy es la Fiesta de Santa Faustina.

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de Santa Faustina Kowalska, Religiosa Polaca, nació el 25 de Agosto de 1905 y nos comunicó el mensaje poderoso de la Misericordia de Dios que exige nuestra respuesta de conversión ineludible. Al acercarnos a su diario espiritual captamos que la Misericordia Divina es buena noticia y NO ES COMPLICIDAD; por el contrario, es exigencia de vida para todos los seguidores de Jesucristo.

El 5 de octubre de 1938, después de largos sufrimientos, de afrontar tantas tormentas interiores y exteriores partió a los brazos del Padre Misericordioso. En el año Santo Jubilar del 2000 fue canonizada  por el Papa de la Misericordia San Juan Pablo II, quien estableció el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Divina Misericordia”.

Como miembro de la Familia Espiritual de la Casa de la Misericordia, agradezco al Señor el testimonio de nuestra compañera de camino que nos inspira, ella es una intercesora constante en nuestra labor misionera, nos ha alcanzado gracias innumerables en nuestro 30 años de camino al servicio de la salvación de las almas en la Iglesia.

Santa  Faustina avanzó en su meditación sobre el atributo de la Misericordia Divina y como respuesta concreta del hombre al Amor de Dios, su diario espiritual “la Divina Misericordia en mi alma” y específicamente aquel “ayúdame a ser misericordioso” del numeral 163; nos permite encontrar como ella  tomó responsablemente el compromiso de vivir la misericordia.

Santa Faustina ha sido valiente y se ha evaluado y moldeado en el espejo de la Misericordia, bajo la orden de “pintarla en su alma”, recibiendo la confirmación de Jesús como definitivo camino de conversión (DSF 49).

Cuando Santa Faustina vive este proceso y lo hace plegaria,  ya han pasado 6 años desde aquel encuentro primero con la Imagen Resucitada de Jesús en la intimidad de su celda en el convento aquel 22 de Febrero de 1931; en cierta forma, hacia 1937 había una Faustina depurada en su fe pero aún combativa en los mismos propósitos de superar las realidades que la estancaban cristianamente y que opacaban la praxis de caridad en su manera de relacionarse, nuestra Santa oraba así:

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable negativamente de mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras, para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas.

Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio.  Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo.  A nadie le rehusaré mi corazón.  Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad.  Y yo misma me encerraré  en el misericordiosísimo Corazón de Jesús.  Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.  Que tu misericordia, oh Señor, repose dentro de mí. Amén

DSF 163.

Me gusta pensar que no se trataba solo de meros pensamientos bonitos que escribía en sus cuadernos, o simple poesía de un alma sentimental, ante todo era su proyecto de vida, su trabajo interno del día a día, su anhelo de vivir más en la virtud; Los santos no se quedan en la apariencia, ellos siempre combaten a muerte contra todo aquello que les impide dar mayor y mejor testimonio cristiano.

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Santa Faustina, no bajaba los brazos en querer dar una respuesta más fidedigna en clave de misericordia, fue en ese punto de madurez donde quiso entregarnos este propósito de su configuración con el Jesús que contemplaba. Dar esta lucha, era permanecer en el camino de conversión que le aseguraba pintar en su alma la Imagen de Jesús Misericordioso.

Por otra parte; en un contexto más amplio, Santa Faustina como mujer de su época, ve a Dios revelarse en lo concreto y entiende necesaria su respuesta; históricamente sabemos sobre el ambiente de desconfianza que sumergía a la humanidad de aquella época entre dos guerras mundiales que había sentenciado a los hombres como enemigos.

Lo que acontecía era una desconfianza generalizada entre unos y otros que minaba la libertad y destruía vidas humanas. Abrazar la confianza en la Misericordia del Padre Eterno, como emprender el camino espiritual por ser un vivo reflejo de Su Misericordia, era aparecer en un mundo bélico como presencia de corderos en medio de lobos; como una presencia desarmada. misionera en un mundo en conflicto.

Ante el reduccionismo que se sometía la vida humana porque los hombres no valían más que para la guerra, para la confrontación y no para la armonía o la convivencia criistiana; suenan decisivas esas palabras de Jesús a la humanidad a través de la Santa: “La humanidad no en encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a Mí misericordia” (DSF 300).

Faustina es una mujer de su época que experimenta los avatares que ésta suponía, una tragedia humana de tal magnitud  para un corazón femenino y religioso que tiene el deber de irradiar la Salvación de Cristo, es al final una oportunidad, un contexto provocador de camino y soluciones. No es descabellado pensar que Santa Faustina entendiera que todo el reinado de anti-misericordia que acontecía a su alrededor era posible transformarlo  sí un corazón humano se disponía, uno solo.

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Esta transformación no era la de la masa, era la de su persona y con ello bastaba a Dios para fermentar toda la humanidad. Así fue; su corazón transformado fue la cuota inicial de la gran obra que se extiende y nos abraza a nosotros en nuestros días.

Toda transformación manifiesta de Dios en la historia de los pueblos tiene su comienzo en las bases, en el corazón de sus creyentes, toda transformación acontece en lo pequeño, en lo discreto, como el método del granito de mostaza que nos narra el evangelio;  y este mensaje de la misericordia no puede ser la excepción. Dios quiere ver pintada su Imagen en el corazón del hombre y la mujer, Dios trabaja en nuestro pequeño corazón.

No se trataba entonces de cambiar estructuras sino corazones, hemos escuchado que la renovación y la reforma autentica de la Iglesia es emprendida sólo por los santos y no por los pupitrazos de los pastoralistas, es ante todo por la santidad de vida de los amigos de Jesús; era simple y sencillo como hoy, se trata de vivir la profundidad de la conversión en su justa praxis cristiana.

Sobre el Autor

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Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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