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Espiritual Fe

¡En Él vivimos, nos movemos y existimos!

¡Difunde la cultura de la Vida!

La oración personal cotidiana con la Palabra nos compromete a identificar “la Voz de la Misericordia cada día”, se trata de advertir un versículo de las lecturas que propone la Iglesia en su liturgia o permitir que ese versículo nos escoja a nosotros, nos lea, experimentando su impacto que ilumina, anima o confronta la realidad de nuestra vida.

¡Difunde la cultura de la Vida!

Esa experiencia debe conducirnos a expresarle al Señor nuestra alabanza o plegaria, nuestro arrepentimiento y adoración. Hoy por ejemplo, el salmista me invita a la alabanza: “Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime. Su majestad sobre el cielo y la tierra” (Sal. 148), mientras la primera lectura me conecta con el asombro y la gratitud al recordarme que el Señor “no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch. 17, 15.22; 18, 1).

Oremos con la Palabra hoy:

Alabado seas Señor en esta jornada que tu Misericordia nos concede vivir, bendito sea tu Santo Nombre ahora y por siempre. Tú, mi Hacedor y Padre amoroso creaste el mundo y cuanto contiene, en ti vivimos, nos movemos y existimos, no podemos escondernos de tu amor, no podemos escapar a tu caricia presente en la brisa, el rayo de sol y la llovizna, no podemos escapar de tu tierno y realista abrazo en cada trozo de la Palabra cotidiana y en el Sagrario donde nos aguarda tu Amor Enviado como Pan fresco que nos acompaña. Tú, Señor, eres nuestro sustento, en ti vivimos, nos movemos y existimos.

Señor, no nos retires tu aliento, porque quedan tantas cosas pendientes, aprendizajes con los cuales crecer y madurar, tantas reconciliaciones aplazadas que afrontar, vicios por superar, pecados por derrotar, alegrías qué celebrar: Señor, sigue tratándonos según tu Misericordia y no como merecen nuestros pecados.

Concédenos dar pasos hacia la verdad y la auténtica libertad en nuestra sociedad, hacia el perdón y las relaciones más cristianas, acrecienta nuestro vigor para no rendirnos ante la cultura de la muerte, concédenos responderte con mayor virtud y santidad para ser una Iglesia más tuya y menos mundana, concédenos amor por nuestra Patria, que seamos hoy más que nunca la tierra de tu Sagrado Corazón, porque en ti vivimos, nos movemos y existimos. Amén.

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