Espiritual Fe

El misterio revelado de la Verdad

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Escrito por sinmedida

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6)

*Por: Juan Manuel Sanchez, estudiante de filología de la Universidad Nacional y miembro del círculo de participación católico Sin Medida.

A mediados del semestre pasado, tres compañeros y yo de Sin Medida de la Universidad Nacional participamos en el programa JES Life de la emisora Minuto de Dios. Para cerrar el programa, Nicolás Torres, el conductor, nos preguntó qué era, en la opinión de cada uno, lo que más necesitan y que más falta les hace a los jóvenes hoy. De manera individual, Mariana, Javier y Juan Camilo, mis tres compañeros, pensamos en la misma cosa: La Verdad.

Viéndolo en retrospectiva, es claro que ese episodio desencadenó una serie de eventos. No es coincidencia que el tema del campamento de Sin Medida de este semestre fuera precisamente la Verdad. Para ese campamento yo diseñé una charla kerigmática académica respecto a la Verdad. A continuación, voy a remitir el contenido de esa charla, dedicándola particularmente a Paula, a Javier, a Helena, a Jorge y a otros amigos quienes circunstancialmente no estuvieron presentes cuando la di.

Más que el hecho de que nuestra Religión sea la verdadera, la Verdad es nuestra Religión.

No hace falta hacer un recorrido histórico sobre las diferentes posturas en torno a la verdad ni hacer un exhaustivo diagnóstico a nuestra situación actual. El papa Benedicto XVI describe muy bien el fenómeno al llamarlo “la Dictadura del Relativismo”. Nos encontramos en una situación en la que no basta con defender el valor de verdad de cierto enunciado, sino que hasta debemos demostrar que existe una verdad. E incluso ante esto, no faltará quien lo acepte, pero que niegue la posibilidad de acceder a esa verdad, y así.

¿Qué es la verdad? ¿Podemos acceder a la verdad, conocerla? Son preguntas de las que se encarga la epistemología, cuyo estudio puede complejizarse progresivamente y ya cientos de filósofos lo han hecho pasando por los sofistas presocráticos, Aristóteles, Descartes, Kant, etc. Sin embargo, sin complejizar innecesariamente la cuestión, la verdad es lo que es.

La verdad remite al ser de las cosas, y la verdad de un enunciado remite al valor de existencia de cada uno de sus constituyentes. De esta manera, partimos de la epistemología a la ontología, la rama de la filosofía que indaga por el ser. Y hasta el momento parece que avanzamos sin mayor complicación, pero sabemos que estas cuestiones son complejas, porque ¿qué es el ser? El ser es el ser.

Es observable que la naturaleza da cuenta de una inteligencia sapientísima que es responsable de ella. Lo creado es bueno.

Tal vez resulte tautológico, pero ciertamente el ser se define a sí mismo. Y esto representa un laberinto sin salida y una causa perdida para aquel que idolatra a la razón. Sin embargo, es distinto el caso del cristiano, cuya razón está iluminada por la fe, y en quien razón y fe, como dijo San Juan Pablo II, son dos alas de una misma ave. El ser es el ser, y donde muchos tristemente encuentran un muro infranqueable, está realmente nada menos que Dios por Nombre propio, YO SOY EL QUE SOY, con el que se presentó a Moisés desde la zarza (Éxodo 3:14).

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La observación de la naturaleza da cuenta de Él: Dios, atribuirle el orden de la naturaleza al ensayo y al error contradice precisamente ese orden observable, y atribuírselo al azar es mucho más irracional que considerar la infinita sabiduría que ha creado todo, o bien puede deberse a una percepción de la naturaleza que no reconoce ese orden al que aludo… eso tiene su refutación, pero será tema de otro artículo. Por el momento, asumamos que es observable que la naturaleza da cuenta de una inteligencia sapientísima que es responsable de ella. Lo creado es bueno.

Eso que se concluye del uso de la razón también hace parte de la Revelación y de la Fe, siete veces ve Dios la creación en el primer capítulo del Génesis y dice que es buena. Con esto se nos completa un trípode, de Verdad y Ser a los que se les suma el Bien; epistemología, ontología y también ética. Esta última es particularmente atacada por el relativismo, desde siempre, incluso su etimología no remite al bien, sino a la costumbre, pero como suelo decir, las etimologías no son definiciones.

La Verdad es aquello que Es, y aquello que Es es el Bien. El bien no es el algo que impone un dictador barbudo desde las nubes, ni lo que a un grupo de ancianos en Roma se les va ocurriendo, no es un precepto arbitrario.

Y así como Verdad, Ser y Bien se interrelacionan, también lo hacen sus opuestos. Lo opuesto al Ser es el no ser, y aunque parece inútil discurrir sobre lo que no es, sí lo experimentamos, como frío, la oscuridad o el silencio, que no son cosas que existan realmente, sino que son la inexistencia de calor, luz y sonido respectivamente. Así, el mal no es algo, sino la inexistencia de bien; y si la verdad es aquello que es, aquello que no es es la mentira.

De esta manera, defender la Verdad tiene implicaciones éticas directas. Todo mal que vemos hoy en nuestra sociedad es la priorización de la emotividad a la reflexión consciente de los valores de verdad aplicados a dilemas éticos. Y siendo Dios El que Es, la consecuencia directa es una separación de Él, pero vivir en consecuencia a la Verdad, que es lo que Es y en últimas es Él, lo tiene a Él como recompensa, aquí y para la eternidad.

Pero no queda por fuera el hecho de que nuestra emotividad existe, y si existe, no es mala, sino buena. Por tanto, es bueno que se manifieste, si está en congruencia con la Verdad, el Ser y el Bien. Pero somos seres libres, tenemos una voluntad propia superior a la de los astros, arrastrados por la gravedad, o de los animales, que siguen patrones instintivos a los que no pueden sobreponerse. La libertad es buena, porque no sería bueno que fuéramos esclavos del Bien, y es una manifestación de Dios que lo prefiramos por voluntad propia, aunque esto implique la posibilidad de rechazarlo. Es en esto donde tiene origen la mentira a la que se suceden todas las mentiras “No moriréis, (…) seréis como dioses” (Génesis 3:4-5). De donde el ser humano se constituye a sí mismo como punto de referencia del bien y del mal, se hace dios.

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La Verdad no es un objeto que se conoce, sino un sujeto, una Persona que se da a conocer.

Sin embargo, así como hemos visto que Él que Es es Dios, la Verdad y el Bien, que son, también participan de Dios en su Trinidad. El Ser que da el ser a todo ser es el Padre; la Verdad, que Es, es el Verbo por quien todo fue hecho (Juan 1:1-3), porque cuando Nuestro Señor Jesucristo dijo ser el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:16), no lo dijo por hablar bonito, era literal, la Verdad es el Hijo, la Segunda Persona; y el Bien es el Espíritu de Dios que se movió sobre las aguas, el Espíritu Santo. Ser, Verdad y Bien no son objetos, sino Personas, tres Personas de una misma naturaleza divina, la Santísima Trinidad.

Y ante la caída del ser humano, producto de una mentira, la Persona de la Verdad, de naturaleza plenamente divina adopta una naturaleza plenamente humana. Jesucristo. Y se somete a todo lo que padecemos, incluso a la tentación, sin caer en el pecado (Mateo 4:1-11 Lucas 4:2-13), incluso la muerte, que es el no ser de la vida, y la vence. Y luego envía al Espíritu Santo que es el Bien y que reparte todas las gracias para prevalecer todo mal originado en la mentira a la que nuestra naturaleza caída es propensa, y que renueva nuestro Ser, nos hace nuevas criaturas para la Eternidad. Ese es el misterio revelado de la Verdad. La Verdad no es un objeto que se conoce, sino un sujeto, una Persona que se da a conocer. Una persona de naturaleza divina que tuvo a bien, por amor a nosotros, asumir nuestra naturaleza humana para que no fuéramos más esclavos de una mentira que destruye nuestro ser. Esto es una Buena Noticia, la mejor de todas. Esto es el Evangelio, y esto es una adaptación y un pequeño resumen de lo que creemos en medio de un mundo que por todos los frentes malinterpreta nuestra Fe.

Y no faltará quien, incluso después de todo esto se pregunte ¿cómo saben que es verdad? ¿cómo saben que su religión es la verdadera? Y finalizo diciendo que más que el hecho de que nuestra Religión sea la verdadera, la Verdad es nuestra Religión.

Referencias

Imagen 1-2 : Google imagenes

Imagen destacada: Base de datos SIN MEDIDA. Verum Camp

Sobre el Autor

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Grupo de Jóvenes católicos llamados a vivir la fe dentro de la realidad universitaria para formar identidad católica a través del servicio y el amor.

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