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Hipersexualización de las niñas: normalizando la pedofilia

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Escrito por Redacción R+F

Esperemos que esta corriente encuentre una gran barrera, que Francia sea un ejemplo por su prohibición de los concursos de belleza ‘minimiss’,y que películas como Taxi Driver (1976) o Pretty Baby (1978) sean criticadas por incluir entre sus personajes niñas prostitutas de 13 años.

Hacemos eco de este artículo, publicado en un blog, que denuncia y expone las consecuencias de la hipersexualización infantil, particularmente de las niñas.

Aunque no compartimos en absoluto la premisa ideológica de la que parte la autora cuando afirma que «Este doble discurso es una nueva adaptación del patriarcado, un medio para perpetuar el machismo y el capitalismo» –frase que más parece un inserto sectario–, en todo lo demás ofrece un análisis sobrio que, aunque sencillo, enfoca muy bien el problema.

A nuestro juicio, la solución no pasa por una visión sesgada que ‘encuadra a la sociedad como «patriarcal», en la que el hombre es considerado como un animal consumista e insaciable del sexo que de múltiples maneras le puede proveer el capitalismo‘.

Esta forma de abordar el problema y de intentar resolverlo, sería peor que la enfermedad que se pretende erradicar, y llevaría a un extremo más propio de la «guerra de los sexos», que de la mutua y complementaria colaboración hombre-mujer en la construcción de la familia y de la sociedad.

Por Sabina Sp.

Festival de la Cultura Automovilística de Chutiang (China), varios modelos de vehículos de última generación se presentan adornados por chicas en bikini. Hasta aquí nada nuevo. O sí hay algo nuevo: al lado de cada joven, niñas de cinco años, ataviadas de igual manera, maquilladas y adoptando posturas artificialmente sexis.

Realmente, ¿es un hecho novedoso esta hipersexualización de las niñas?

Otro ejemplo: Millie Bobby Brown aparece en la lista de las cien actrices más sexis de la revista “W”. La protagonista de Stranger Things tiene 13 años.

Si algo tienen de original ambos ejemplos es la reacción social casi unánime que han despertado, el rechazo y la indignación por objetivar a niñas y adjudicarles atributos sexuales impropios de su edad. Pero, ¿obedecen estos hechos, como tratan de justificarlo algunos, a una técnica de mercado del sistema capitalista con la que aumentar ventas y llegar a públicos cada vez más jóvenes?. No, no es así. O al menos, no es la única explicación.

Hace más de una década, la Asociación de Psicología Americana (APA), publicó un artículo denunciando la sexualización de las niñas y advirtiendo del peligroso mensaje que se estaba lanzando: el erotismo proporciona beneficios sociales. Además, son numerosas las aportaciones que alertan sobre las consecuencias psicológicas y emocionales que van desde la baja autoestima y la distorsión del autoconcepto, hasta trastornos alimenticios y depresiones.

No en vano, el Parlamento Europeo lo define como el enfoque instrumental de la persona mediante su percepción como objeto de uso sexual al margen de su dignidad, valorando su calidad personal en función de su atractivo. Es decir, se otorga un valor social a la persona en relación con el nivel de deseo sexual que despierte, y añade que se impone una sexualidad adulta a las niñas, las cuales no están emocional, psicológica, ni físicamente preparadas para ello. La hipersexualización de las niñas es una forma de violencia hacia ellas.

Quienes son sexualizadas son las directamente perjudicadas pero no son las únicas, el resto de la sociedad está recibiendo un mensaje:

se está diciendo a los niños y a los adultos que las niñas están a su disposición, que son objetos, se está educando el tipo de deseo. Según un informe de la UE, la sexualización de las niñas contribuye al aumento de abusos sexuales, y propicia las conductas sexuales agresivas y la violencia.

Resulta curioso, por tanto, asistir a este despliegue de doble moral. Por un lado se condena la pederastia, y actos como el de Primark, al lanzar una línea de sujetadores con rellenos para niñas a partir de 7 años, son rechazados por ser una forma clara de favorecer la sexualización infantil. Mientras por otro, se promueven peligrosamente nuevos métodos que convierten a las menores en cuerpos sexualizados a destiempo y con actitudes adultas que se premian socialmente. Criticamos la alegoría de la pederastia que hace Kubrick en su película sobre “Lolita”, y a la vez la calificamos de obra de arte no apta para mentalidades puritanas.

Este doble discurso es una nueva adaptación del patriarcado, un medio para perpetuar el machismo y el capitalismo. Un método engañoso por el que se critica un hecho éticamente aberrante mientras se amplía el rango de lo que socialmente estamos dispuestos a aceptar. Tal y como describe la técnica de la ventana de Overton, se trata de cambiar la actitud popular hacia conceptos considerados inaceptables, de tal modo que acaben siendo normalizados.

Esperemos que esta corriente encuentre una gran barrera, que Francia sea un ejemplo por su prohibición de los concursos de belleza minimiss,y que películas como Taxi Driver (1976) o Pretty Baby (1978) sean criticadas por incluir entre sus personajes niñas prostitutas de 13 años.

La reacción debe ser unánime, la sexualización de las niñas es violencia, y como tal, se deberá luchar para protegerlas, no para lo contrario.


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