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¿Es usted un bogotano «mandado a recoger» o un meteórico bogotano «cool»?

Francisco Flórez
Escrito por Francisco Flórez

En esta sociedad bogotana, tan cambiante y convulsa, es difícil distinguir entre los viejos dinosaurios que se van y los entusiastas lagartos que los reemplazan, todos combinados en este frenético mar de transformaciones culturales. El lector encontrará una guía útil para separar una odiosa casta de cachacos anacrónicos, tacaños y neuróticos, de otra floreciente  raza de “neo rolos”, dueños del presente y del futuro de nuestra capital.

¿Es Ud. un bogotano descendente, anacrónico, «mandado a recoger»?

Quiere más a la muchacha de toda la vida que a la propia madre.

Le sigue diciendo “muchachas” a las empleadas domésticas, así ya sean venerables ancianas.

Siente mucha más simpatía por los viejos empleados de la finca que por la gran mayoría de sus primos.

Tiene en su cabeza una frontera muy estricta que separa la Sabana de Bogotá del resto de Colombia.

Ha tenido discusiones con amigos y serias dudas para establecer si los pueblos al norte de Ubaté hacen parte o no de la Sabana de Bogotá.

A pesar de un bachillerato decente en donde vio los diferentes mares  y cordilleras que conforman un país tan diverso, para usted Colombia sigue estando compuesta de solo dos regiones: Bogotá y “la tierra caliente”.

Distingue a la perfección un arequipe hecho en paila de cobre de uno comprado en el supermercado.

Tiene en su casa medio bulto de mazorca, zanahoria o papa R-12, rastrojeada en su finca o – muchas veces- rastrojeadas por su cuidandero en forma clandestina del predio vecino.

Conoce el verbo “rastrojear”.

Saluda a diario a los porteros de su casa y del club como si fueran viejos amigos a quienes no veía hacia años.

Conoce a todos los meseros del club por su nombre, conversa largo y tendido con cada uno de ellos, y de hecho le parece que son más gente y mejor portados que la gran mayoría de los socios.

Prefiere cuchuco de trigo o ajiaco a suhi o foi gras.

Solo pide agua de la llave, jamás de botella, ¡mucho menos con gas!

Se va de vacaciones en fechas laborales.

No dice me voy de vacaciones, sino “nos fuimos a veranear”.

“Veranea” en la Sabana de Bogotá, a 10 grados centígrados, en una finca que queda en medio de unos invernaderos de flores y unas bodegas de “papas margarita”.

En ese potrero que aún conserva un pomposo “Hacienda San Jorge” en la entrada, Ud. juega croquet.

Lo tiene absolutamente sin cuidado la limpieza de su automóvil, que además tiene más de un rallón.

Va al matrimonio de los cuidanderos de la finca, lo sientan en la mesa principal, pasa feliz, y luego le cuenta a sus amigos como la pasó de bien en la fiesta de Uldarico y Jacinta.

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Su día siempre empieza tarde – después de las 10:30 am- debido a un crónico problema de sueño y/o de espalda.

Solo largas sesiones dentro del baño turco pueden mitigar, paliativamente, ese terrible dolor de espalda.

Una dosis de whiskey, especialmente durante el happy hour, también puede mitigar, paliativamente, ese terrible dolor de espalda.

Las pocas veces que se aventura al mar o a una piscina, lo hace con zapatos y camisa de cuello, esta vez desabotonada hasta el tercer botón.

El nieto del administrador de su abuelo está millonario y el tamaño de su casa, cuenta bancaria y automóvil es inversamente proporcional a sus equivalentes.

Trata de usted a sus padres y la exaltación del cariño llega con un “su merced”.

Trata de usted a sus amigos y la exaltación del cariño – tras varios whiskeys- llega con un “mi chino adorado”.

La amplia nómina laboral que se paga en su familia es desproporcionada al verdadero y pírrico negocio que manejan, pero como sale más costoso despedirlos y pagar la indemnización, hay que conservarlos mientras usted ruega que les salga la pensión.

Le parece medio de segunda cualquier deporte que implique sudar, salvo que sea a caballo.

Usa pijama.

En las navidades de su casa no hay ni Papá Noel, ni renos ni muñecos de nieve, solo el niño Dios, voladores y se acabó.

Le gustan los toros pero aborrece la gente que va a verlos, y siempre que sale de la Santamaría asegura que esta vez sí, la plaza perdió toda su seriedad.

Cuando lo invitan pide wiskey Buchanan’s pero si ud paga pide Black and White.

Hace largas diatribas sobre lo bueno que es el whiskey Black and White.

Más de un consocio ha comentado, con malicia, que ud está haciendo del club su propia oficina.

Solo viaja a Cartagena cuando tiene la certeza de que no se encontrará con nadie.

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¿Es Ud. un bogotano ascendente, a la moda, «cool«?

Solo viaja a Cartagena cuando tiene la certeza de que se encontrará a todo el mundo.

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No tiene ni idea de toros, pero va religiosamente a la plaza por el ambiente y la gente que se topa.

Presume de levantarse muy temprano todas las mañanas.

Se opera la nariz.

Dice “cuñado” en vez de “el marido de mi hermana”.

No pierde oportunidad para dar un discurso en matrimonios, grados o entierros.

Gasta más en zapatos tenis que en zapatos formales.

Gasta en general muchísimo en ropa deportiva y cuando sale a trotar Ud. parece una publicidad ambulante y luminosa de “Nike”.

A su hijo, desde bebé, lo embutió en una sudaderita marca “adidas”, con tenis y cachucha compañera.

Las únicas marcas que lo entusiasman más que las deportivas son las de automóviles y motocicletas.

Presume de “quedarse el fin de semana en pijama” aunque en realidad Ud. no utiliza pijama, sino unos pantalones de sudadera motosos con una camiseta sin mangas.

Cuenta chistes de curas y de monjas, con varias palabrotas entre anécdotas.

Le parece sofisticado el budismo, el yoga, la meditación zen y cualquier rito oriental que no tenga nada que ver con la religión católica.

Abusa de los términos “lobo”, “gente bien” y “mal gusto”.

Monta en moto por afición, después de los treinta años.

Maneja por la ciudad una camioneta cuatro por cuatro de menos de 20 años.

Es déspota con el servicio doméstico y con los meseros.

Trata de «» en los cocteles a personas que no conoce.

Siempre ha sido un entusiasta promotor del gobierno de turno.

Su plan predilecto en ambientes sociales es hablar de sus negocios.

Asiste religiosamente a catas de vinos y presume de ser un gran conocedor y “enólogo”. Huele la copa antes de ingerirlo.

El gimnasio es su templo.

Le gusta el arte moderno. Peor, ¡le gusta el arte moderno colombiano!

¡Compra arte moderno colombiano!

Asume cada fiesta gringa con frenético entusiasmo, desde el día de San Valentín pasando por “Thanksgiving” hasta “Halloween”.


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