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Tras el atentado, un camino a la polarización

Bogotá se sacudió nuevamente con las esquirlas del terrorismo… Mientras las horas pasan, asciende a 21 el número de muertos y 68 el número de heridos. Toda Colombia se une en torno a la memoria de los hombres y mujeres caídos en la sinrazón de terrorismo y acompañamos a sus familias en este duro momento.

Tras el acto criminal...

Tras el acto criminal, a manos de José Aldemar Rojas, cabecilla del Ejército de Liberación Nacional, ELN, con más de 25 años de trayectoria delincuencial como explosivista y entrenador para ese grupo narcoterrorista, quedan sobre la mesa cuestionamientos, apenas naturales, sobre la actual situación de las negociaciones con esta guerrilla y las consecuencias para el Estado y el Gobierno.

Sin duda alguna, lo acontecido este jueves 17 de enero en la capital del país es una declaración contundente de la capacidad de guerra que aún ostenta el ELN y su convicción de no negociar con el estamento.

La cobarde muerte dada a 20 colombianos desarmados en un claustro universitario castrense (el 21 es el autor material) es tan solo una flecha más en la larga trayectoria de ataques y muertes causadas por el grupo criminal y que no ha cesado su actuación, pese a que, en la presidencia de Juan Manuel Santos, se instalara en Quito la mesa de diálogo para la terminación del conflicto, que después fuera trasladad a la Habana y que está hoy oficialmente cerrada por el ánimo combativo del grupo subversivo.

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Basta recordar que entre febrero de 2017 y finales de 2018 este grupo terrorista no cesó sus actuaciones en el territorio, contándose en más de 400 sus acciones violentas, miles sus afectados y en millones las pérdidas generadas a bienes públicos y privados, esto sin dejar de lado el daño medioambiental por las constantes voladuras al Oleoducto Caño Limón – Coveñas y el oleoducto Transandino, que generan constantes perjuicios a los ecosistemas.

Ni siquiera en el marco de la mesa de negociación detuvieron por completo sus actuaciones criminales y los ataques a la población civil. Mas aun, hoy, con los pronunciamientos de “Pablo Beltrán”, jefe negociador del ELN, queda claro que, al igual que sucedió con las FARC, el Ejército de Liberación está igualmente dividido, descoordinado y puede especularse que sin mando consolidado, respecto de sus actuaciones criminales, todo esto, en referencia al pronunciamiento que realizó Beltrán para desvincular al ELN de este atentado, mientras las evidencias, exmilitantes de esa fuerza criminal y otros sectores de dicha guerrilla confirman la autoría poniendo de manifiesto la desarticulación del “COCE” Comando Central del ELN y sus frentes.

¿Gobierno en jaque?

Para nadie es un secreto que el mandato de Iván Duque no avanza tan rápido y convincente como se anhelaba por sus electores y que su favorabilidad se ha visto menguada por las duras medidas económicas que el desfalco estatal de la anterior administración dejó.

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Sin embargo, menos notoria ha sido una posición prudente, conciliadora y sobre todo silenciosa respecto de las negociaciones con los grupos criminales… posición que ha labrado desde el primer día de su gobierno ante la inminente oleada de ataques de todos los sectores políticos, buscando la consolidación o reforma de lo inicialmente pactado con las FARC, y la recepción de una mesa de diálogo inestable con el ELN.

Desde entonces, las voces de incumplimiento por parte de las FARC, la “desaparición” de la vida pública de algunos de sus cabecillas y su incumplimiento de los deberes contraídos con el acuerdo, en especial con el tribunal de impunidad, por ellos diseñado, ha causado el resquebrajamiento de las fuerzas vivas del país y una notoria polarización, que le comenzarán a pasar factura al actual presidente. 

En los días venideros deberá decidir cuál es el papel que jugará para la historia, ante la amenaza creciente de una guerrilla sin ideales que se niega a perecer y la discursiva imperante de la paz a cualquier precio, aun hasta poner de rodillas a la institucionalidad y la democracia al servicio de los victimarios.

La excesiva cautela, esa tibieza de carácter, nada bueno augura en los meses por venir, en tanto la administración central está dejando espacios en blanco en el territorio, donde se rearman estructuras criminales, donde las FARC no han dejado de ser una amenaza y el ELN esta ávido por demostrar su fuerza… y cabe decir que levantar la mesa de diálogo, en pausa ya desde hace tanto, no es medida suficiente para las circunstancias apremiantes que convocan a nuestra institucionalidad.

Camino a una nefasta polarización

Después de los acontecimientos trágicos, ha comenzado a leerse en distintos muros en las redes sociales un discurso polarizado entre los colombianos -como lo evidencian diferentes hashtags en la foto principal de esta artículo-, que reviven las confrontaciones que otrora trajo el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y que mantuvo al borde a las extremas ideológicas del país (si acaso existen realmente).

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Desde que se tuvo noticia de los atentados, comenzaron los señalamientos en contra del presidente, sus vínculos con el expresidente Uribe; se declaró como un retorno a los tiempos de mayor violencia, aduciendo que los mismos ocurrieron en tiempos del gobierno Uribe y en fin, un sin número de estribillos que solo redundan en que se ha elegido un presidente para la guerra y los ciudadanos que votaron por él son cómplices de dicha guerra.

¿Cuánto daño puede hacer un solo hombre al desconocer el voto de su pueblo y con ello desconocer a las mayorías? Santos trazó un rumbo para Colombia que aun a la historia se le dificulta escribir, el día que, a pesar del triunfo del NO en aquel plebiscito, continuó con los pactos con las FARC, comprometió el erario inexistente y condenó al fracaso lo pactado.

Pero siguen y seguirán los señalamientos al actual presidente y así se conducirá a Colombia a un resultado nefasto, estará el presidente y aquellos azuzadores de esos discursos polarizantes, llevando al país a unos comicios presidenciales en poco más de  tres años que, probablemente, darán por vencedor a algún candidato de centro, disfrazado, o a uno de centro izquierda suficientemente convincente.

En total, “el uno” les allana el camino por falta de determinación y “los otros” hacen lo propio, incendiando discursos como si de conciencias se tratara, conmoviendo a incautos jóvenes de que estamos en guerra y el cambio nos hará iguales a todos (falaz).

El inesperado ganador

A pesar de los trágicos acontecimientos en la Escuela de Cadetes General Santander ha sido notoria la juiciosa labor de la Fiscalía, ha de ser porque con ello Néstor Humberto Martínez logró posar la atención de los medios en otra historia que no fuera la suya…

Hasta hace un par de días se convocaba a marchar pidiendo su renuncia por los sonados casos de Odebrecht, por sus silencios sobre hechos determinantes y todas las suspicacias alrededor de este expediente, y hoy, incluso se escucharon vítores y reconocimientos a su acelerada respuesta ante la crisis.

Sin duda alguna, salió ganando con el dolor que toda Colombia siente hoy.

*Imagen principal: foto publicada por El Espectador y adaptada por Razón+Fe. Refleja la polarización que ya se está viendo en redes sociales. 

Sobre el Autor

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Jorge Luis Yarce Tamayo

Abogado-Comunicador Social-Periodista.
Candidato a Magister en Estudios Políticos e Internacionales
Analista Político. Docente universitario.
Bogotá. - Medellín.

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