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Somos miembros de la Familia de Dios.

Qué buena noticia para todos nosotros los bautizados; no estamos solos, no existe un tú o un yo aislados, somos un nosotros, la nueva Familia en Jesús (Lc 8, 21), ¡Somos miembros de la Familia de Dios!.

Sois ciudadanos de los santos y miembros de la Familia de Dios»

Ef. 2, 19-22


Ante una humanidad que vive en orfandad los creyentes hemos de entender y vivir esa verdad de que no somos huérfanos, somos parte de una familia sostenida por el amor paternal de Dios; «mirad qué amor tan grande nos ha tenido al llamarnos sus hijos, pues ¡lo somos! (1 Jn 3, 1).

A esta nueva familia el Señor ofrece la garantía del ciento por uno si priorizamos decidirnos por el Reino en el presente, y en el mundo venidero se nos otorgará la vida eterna (Mt 19, 29. Mc 10, 30).

Aunque obtengamos cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y haciendas como consecuencia de la decisión de seguir al Señor, también se nos advierte el justo polo a tierra de las persecuciones que comporta seguir al Hombre libre y santo que lucha contra el establecimiento del tiempo presente; el Crucificado (Jn 15, 18).

Nuestra familia bendecida, cuenta con una Paternidad única y absoluta (Mt 23, 9); la del Padre Nuestro Providente y Misericordioso que nos perdona, levanta y custodia (Mt 6, 9). Solo en él, esta familia encuentra fecundidad espiritual para crecer y encuentra la seguridad y firmeza que llena y define nuestro ser, por eso nos dice:

“Aunque las montañas cambien de lugar mi amor por ti nunca cambiará (Is 54, 10), Te he amado con amor eterno y gratuito (Jr 31, 3), Tú eres mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias (Mt 3, 17).

Estas confesiones paternales y amorosas, no deben ser olvidadas sino asimiladas en nuestras fibras más profundas para que experimentemos la alegría de la comunidad joánica que supo confesar desde el fondo de su experiencia: “nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él» (1, Jn 4, 16). Ese amor amor en el que hemos creído nos hizo hermanos, nos hizo Iglesia en la unidad del Espíritu Santo.

Sobre el Autor

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Miguel Salvador Fernández Ospino

Nació en Fundación, Magdalena. Esposo y padre de Familia, servidor de la Iglesia Católica en la familia espiritual de la Casa de la Misericordia. Actualmente se desempeña como Coordinador General para la Pastoral de su Comunidad.

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