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Saludo de Navidad y Año Nuevo

Sagrada Familia Nino Jesus1
Escrito por Redacción R+F
¡Difunde la cultura de la Vida!

La gozosa esperanza de la Navidad que trajo consigo el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y de su Santo Sacrificio Redentor, de su Gloriosa Resurrección y Ascensión, mantienen viva la Promesa: el Señor no se ha olvidado de nosotros, nuestro Dios vive y nos insta: “En el mundo tendréis tribulaciones. Pero no tengáis miedo: Yo he vencido al mundo”.

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Apreciados lectores, seguidores y amigos:

Reciban de todo el equipo de Razón más Fe, nuestro cordial y sentido saludo de Navidad y de Año Nuevo.

El 2020 fue un año excepcional, particularmente en el ámbito de la fe. Por primera vez en la historia vimos cómo la declaratoria de pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud sirvió como pretexto y justificación por parte de los distintos tipos de autoridades para la suspensión de las celebraciones litúrgicas en el mundo, justo en la Semana Santa, en la Pascua de Resurrección, en la Navidad y en el inicio del Año Nuevo, en el que celebramos la fiesta de la Maternidad Divina. Además, la suspensión de la libertad religiosa ha dado pie a injerencias y abusos, mientras los creyentes soportan con resignada paciencia el verse privados de los Sacramentos, fuente de la Gracia.

El mundo se agitó por cuenta del vandalismo y de pseudo movimientos pretendidamente libertarios pero en la práctica anárquicos, violentos e incendiarios. Extrañamente, la pandemia no fue óbice para que hordas de enajenados quemaran templos, destruyeran infraestructura o atacaran a partidarios de fuerzas políticas conservadoras respetuosas de la tradición, de la familia, del orden, de los valores y de la fe.

La ideología de género ha copado el espectro no sólo informativo, sino político. Los gobernantes –salvo honrosas excepciones en dos o tres países– parecen tener todos una misma agenda y un único designio: imponer a como dé lugar la nefanda ideología de género, despojando a los padres de sus derechos, violentando a los niños, degradando instituciones como el matrimonio y la familia, y –en fin– contemporizando con la perversión hasta el punto de torcer los datos de la realidad llamando “bien” al mal.

No obstante este infausto año de apostasía, de persecución, de negación y de silencios culpables, Dios contempla a la humanidad mientras ve desarrollarse los acontecimientos y cumplirse en medio de todo este maremagnum su amoroso designio de salvación. Sin lugar a dudas, este ha sido un año de pruebas, que a su vez ha puesto a prueba las expectativas de todo el mundo.

Pero, aún así, Dios nace en el silencioso y apartado recogimiento del pesebre. La estrella, literalmente, ha brillado de nuevo en el cielo, recordándonos que si al hombre se le niega o se le oculta la Luz de la Fe, Dios enciende y junta sus luceros en el cielo para confirmarnos con su espléndido y excepcional brillo que todavía hoy continúa naciendo y viviendo entre los hombres, entregándonos la Luz de la Verdad, amonestándonos, también incomodándonos y sacudiéndonos para que despertemos del letargo y lo reconozcamos en medio de la oscuridad de la noche y salgamos a su encuentro. También hoy, Dios continúa llamando.

La estrella de Belen
La estrella de Belén

No sabemos cómo será el 2021. Demasiados hechos suscitan expectativa: la imposición de una vacuna mundial, el anhelado fin de la pandemia y la vuelta a la normalidad, el panorama político-social, la anunciada renuncia al papado por parte de Francisco según su biógrafo oficial…, y un sin fin de hechos más que dan para toda suerte de especulaciones y posibles escenarios.

No sabemos cómo será, y ya nadie se atreve a vaticinar un “feliz año”, aunque todos lo deseemos. Sólo Dios, en su infinita Sabiduría y Providencia, es quien lo tiene claro y sabe cómo regir y corregir “a esta pobre humanidad agobiada y doliente”, por una parte, pero también rebelde e indolente, por otra.

Pero la gozosa esperanza de la Navidad que trajo consigo el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y de su Santo Sacrificio Redentor, de su Gloriosa Resurrección y Ascensión, mantienen viva la Promesa: el Señor no se ha olvidado de nosotros, nuestro Dios vive y nos insta: “En el mundo tendréis tribulaciones. Pero no tengáis miedo: Yo he vencido al mundo”.

En la reafirmación de estos Santos Misterios y de esta indefectible promesa, que son el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza, vivamos unidos al Amor y en el Amor de Dios Omnipotente las fiestas santas de la Navidad que comienzan este 25 de diciembre y, con ellas, mantengamos la gozosa expectativa en el cumplimiento de los Designios Divinos del año por venir.

Para cada uno, un saludo de felicitación por el nacimiento de Dios, cuyas delicias son estar entre los hijos de los hombres, y que Dios arrope todos sus buenos deseos, propósitos y anhelos para el año 2021.


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