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No aticemos los odios en el conflicto entre Rusia y Ucrania

Bloqueo a Rusia
Escrito por Invitado

¿Qué pensar sobre la Guerra en Ucrania? Es difícil matizar tanta información, pero lo cierto es que no conviene alimentar el odio.


Por: Francisco E. González, cientista político nicaragüense. Hizo un diplomado en Liderazgo y Gerencia Política impartido por la George Washington University. Apasionado por la filosofía y la psicología cognitiva.

Hace unos días atrás, una amiga me preguntó qué pensaba yo sobre las sanciones que se estaban aplicando en contra de las instituciones deportivas rusas por parte de las potencias occidentales. Le dije que me parecía injusto y absurdo, porque una cosa eran las decisiones que Putin había tomado, decisiones con las que probablemente, no todos los rusos estaban de acuerdo; y otra cosa era el tiempo, el esfuerzo, los recursos y el ingenio que los deportistas lícitamente habían invertido para competir en los torneos internacionales.

Sin embargo, descubrí que no solo el deporte se había visto afectado por las sanciones. La banca rusa, por ejemplo, fue excluida del sistema financiero internacional conocido como SWIFT. Francia ordenó confiscar las propiedades de las personas sancionadas que se encontraran en su territorio. «Los conciertos de músicos rusos que no se distancian de Putin, como el director de orquesta estelar Valeri Gergiev y la cantante de ópera Anna Netrebko, han sido cancelados en todo el mundo»; reportaba el DW de Alemania, mientras que Disney y Paramount decidieron dejar de llevar películas a los cines de Rusia.

De igual manera, la Universidad Biccoca de Milán en Italia había prohibido el estudio de las obras del literato Fiodor Dostoievski, mientras que en Inglaterra el gobierno tomó posesión del Chelsea Football Club porque pertenecía al ruso Roman Abramovich. Esta apropiación le impide al equipo londinense la compra­-venta o renovación de jugadores y la asistencia de aficionados al estadio. Otras disciplinas deportivas rusas como el atletismo, el tenis, y el patinaje también se han visto afectados. A raíz de tales decisiones por parte de los países occidentales, llegué a la conclusión de que la cultura o el deporte no deberían verse afectados por la invasión rusa sobre Ucrania porque en lugar de ayudar a resolver el problema, atiza la disputa fomentando el odio a lo que provenga de Rusia.

Fiodor Dostoievski el prolifico escritor ruso

Fiodor Dostoievski el prolifico escritor ruso

Decir esto no implica defender la injusticia sobre Ucrania. Pero tampoco consentir las sanciones contra la cultura, la música o el deporte de Rusia porque sencillamente es absurdo. Antes bien, si nos detenemos sin apasionamientos en lo que el buen ingenio ruso ha producido, encontraremos, por ejemplo, que la tradición intelectual rusa desarrolló el concepto Sobornost, que de acuerdo a sus propios intérpretes, probablemente se inspiró en la introducción al Credo de la liturgia desarrollada por San Juan Crisóstomo donde leemos:

«Amémonos los unos a los otros de modo que podamos unánimes confesar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo».

De este modo, el filósofo Nikolai Loski definía Sobornost como «la combinación de la libertad y la unidad de muchas personas sobre la base de su amor mutuo a los mismos valores absolutos».

Otros intérpretes ven en esta idea el equivalente de lo que en occidente llamamos comunidad. Nosotros entendemos que las comunidades tienen un fondo común de valores por los que se sostienen a lo largo del tiempo. Y tales valores podrían ser perfectamente universales. Así, muchos son los valores o principios de aplicación universal que nos caería muy bien en estos momentos convulsos practicar. Por ejemplo, uno de los más importantes es la verdad, porque a las potencias occidentales hoy les hace falta revisar su propia memoria, para que se acuerden de las invasiones, que empezando por Estados Unidos; también han llevado a cabo.

Igualmente principios como la imparcialidad y la objetividad en este conflicto, que ya ha dejado mucho dolor, podrían venirnos a bien, porque tenemos que mirar el problema sin la pasión que muchas veces va anejada a este tipo de situaciones y dramas humanos. Sabemos que están los que esgrimen argumentos a favor de la invasión sobre Ucrania y aquellos otros que toman las represalias contra todo lo que parezca ruso. Pero ambas posturas nos conducen al fomento del odio entre estos pueblos que en el fondo, son pueblos de hermanos, emparentados por el vínculo mismo de su humanidad en común.

Por nuestra parte nosotros los cristianos debemos recordar las palabras de Cristo: «Vosotros sois la sal de la tierra, mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Para nada vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen los hombres». Monseñor Juan Straubinger en su comentario a este pasaje decía que con esta figura el Señor nos inculcaba el deber de cuidarnos del mal ejemplo. Así que en este conflicto debemos optar por la justicia y la verdad, por la imparcialidad o la objetividad, principios universales que se adecúan bastante bien a la definición que Nikolai Loski nos hiciera saber. Pero también le daríamos algo de ejemplo a aquellos que en este tipo de situaciones, lo que mejor saben hacer, es atizar el odio entre unos contra otros.

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