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“La misa es un mitin en el Vaticano”: duro cuestionamiento luego de la visita del proabortista Presidente de Argentina.

Edwin Botero Correa
Escrito por Edwin Botero Correa
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Hay preocupación, y es apenas obvia. No sólo es el escándalo de la Comunión sacrílega –una afrenta a Dios– sino la instrumentalización ideológica de la Santa Misa convirtiéndola en un formato para la exaltación y la convalidación de un populismo político. En la mismísima tumba del apóstol Pedro.

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Hoy se pronuncia el analista Andrea Zambrano, en La Nuova Bussola Quotidiana, pero no es el único. Sólo que en esta ocasión, señala cómo la Santa Misa es usada ideológicamente, como un “mitin” político. Con antelación, el domingo 2 de febrero, fiesta de La Presentación de Nuestro Señor Jesucristo y de La Virgen de La Candelaria, lo hizo de manera clara y contundente el padre Santiago Martín, fundador de Los Franciscanos de María, afirmando: «En la misma tumba de San Pedro se ha cometido un sacrilegio… SEÑOR, NO ENTIENDO POR QUÉ PERMITES ESTO EN TU IGLESIA…».

Traducido por Edwin Botero Correa

Homilía del P. Santiago Martín, el 2 de febrero de 2020.

ECCLESIA02/06/2020
Andrea Zambrano

«No solo la comunión sacrílega. La misa para el presidente argentino Fernández en las cuevas del Vaticano fue un concentrado de consignas ideológicas que delinean una deriva inquietante: la misa perdió a Dios para hacerse un reclamo político. En la homilía del obispo Sorondo, Perón se “santifica” y se acerca al papa Bergoglio mientras aparece en el altar una foto de un sacerdote montonero. Pero hay un obispo que se rebela contra este sacrilegio bajo los ojos de San Pedro».


No solo la comunión sacrílega del presidente de la nación abortiva. El peronismo argentino aterrizó en Roma y también ocupó la liturgia en una misa ideológica y política convocada por los periódicos argentinos misa peronista. Es la nueva frontera de la práctica actual: dado que lo trascendente se está alejando cada vez más, la política ha ocupado su espacio. Bajo los ojos de San Pedro, cuyas extremidades pobres atormentadas por los romanos, a pocos pasos del altar. Lo que debe perdurar: una misa política celebrada por el canciller de confianza del Papa Francisco, el obispo argentino Sánchez Sorondo, que parece haberse animado, después de la bestialidad de China como país donde se aplica la doctrina social de la Iglesia, también para una reforma peronista y en clave privada de la misa. Recuerdos personales y elogios del caudillo que fue excomulgado por la Iglesia por sus conocidos masónicos y su lucha contra la Iglesia, con la creación de una especie de Iglesia nacional, a excepción de una rehabilitación posterior.

La celebración es siempre la misma: 31 de enero. Pocos minutos después de la reunión entre el presidente Alberto Fernández y su pareja (soltera) con el papa Francisco, los dos son retratados mientras hacen la comunión. Pero él (Fernández) es abiertamente abortista y vive more uxorio. Y esto, a pesar de que Dios, como ironía, no vence a nadie, la lectura del día informó el episodio del adulterio de David con Betsabé al final del cual se dice “Palabra de Dios” y el Salmo dijo que “yo Reconozco mi culpa, siempre recuerdo mi pecado”.

Pero antes de que se consumara la sacrílega comunión de Fernández, la misa ya había emprendido una excursión peronista.

Comenzando con la imagen colocada en el altar, la de Carlos Mugica, un sacerdote marxista, tercer hombre de la Teología de la Liberación que es considerado, aunque nunca abrazó la lucha armada, el asistente espiritual de los Montoneros. Fue asesinado en 1974, pero no parece que tenga la bendición de colocarlo en el altar como un ejemplo para los católicos.

La homilía de Sorondo es verdaderamente ejemplar para mostrar qué nivel ha alcanzado al tomar posesión de la liturgia para sus propios fines políticos.

Acostumbrado a alabar al régimen chino, no tuvo problemas para alabar a Perón y entre recuerdos personales y bromas, también encontró el tiempo para revelar una cercanía entre el Papa Francisco y el caudillo: «Lo que Perón nunca imaginó fue que Argentina podría haber tenido un Papa. Y un Papa cercano a él», dijo.

En resumen, Sorondo no solo ha revelado las simpatías peronistas de Bergoglio, que de ninguna manera es misteriosa o indecorosa, lo extrañaríamos, sino que también ha presentado en forma homilética un rasgo de unión entre el camino de la Iglesia y el de la Nación: «Ha hecho tanto que debemos continuar por ese camino».

No es coincidencia que la Misa también se llamara “de reconciliación”, incluso si no está claro de qué, dada la situación irregular del Presidente. Quizás la reconciliación entre la Casa Rosada y Santa Marta dadas las relaciones heladas que siempre han existido con el predecesor de Fernández, Mauricio Macri.

Ciertamente, Sorondo es un partidario peronista, solo que usa la masa para hacernos saber: “Dios nos está mostrando un camino importante, que quiere revivir a Argentina y que se levanta de una vez por todas”, dijo. En resumen: Fernández es un hombre de Providencia y el gobierno peronista es una bendición del cielo. Palabra de Sorondo, pero no de Dios.

Esto no escapó a Monseñor Héctor Aguer, obispo emérito de La Plata, uno de los pocos obispos que últimamente tiene el coraje de hablar “apertis verbis” contra ciertas desviaciones eclesiales:

«No creo que la misa haya contribuido a la reconciliación efectiva de los argentinos, dado que muchos de ellos no quieren ver a la Iglesia tomar partido en un sector político, sea lo que sea y en el caso también tienen una opinión negativa del famoso ex presidente y su acción gubernamental (Perón, ed )”.

Monseñor Héctor Aguer, obispo emérito de La Plata, Argentina.

Una defensa completa de la doctrina litúrgica y, mientras estamos allí, también de la doctrina social de la Iglesia.

Aguer no dejó de subrayar también la sacrílega comunión del presidente Fernández y recordó que

“de lo cual se desconoce la práctica religiosa asidua y se sabe que los dos no están unidos en el sacramento del matrimonio”.

Monseñor Héctor Aguer, obispo emérito de La Plata, Argentina.

Sin embargo, aparte de Aguer, el episodio se deslizó como agua sobre el mármol del altar del Vaticano.

Sin embargo, el episodio no debe descartarse como un problema exclusivamente relacionado con la Iglesia o la política argentina. La personalización de la Misa en clave peronista responde a la necesidad precisa de mundializar el sacrificio sagrado con fines políticos e ideológicos. Hoy es Perón. Mañana puede venir otra necesidad política. Qué hacemos: ¿Estamos también preparando los misiles para el nuevo rito socialista? ¿Nos arrodillaremos ante la elevación durante el canon de la soberanía?

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