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#ElBesoDeLaAlcaldesa fue vulgar y sobretodo obsceno

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Escrito por Redacción R+F

La fascinación de la opinión pública progresista con el beso de Claudia López, más allá de su supuesta defensa del amor y la igualdad, radica en el poder icónico y transgresor de los valores morales de la parte más conservadora de la sociedad, que los progresistas desprecian.

El video ampliamente difundido por Caracol en horario familiar, representa visualmente el triunfo de la moral sexual hedonista e individualista sobre la moral sexual cristiana, que al reconocer la existencia de un orden moral natural, no puede sino condenar la homosexualidad, al igual que a cualquier otra conducta que lo desconozca (“los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” dice el Catecismo de la Iglesia católica en el punto 2357).

La cuestión no es que se dieran un beso (pues nadie pretendería prohibirlo), sino que se difundió al público, en un horario familiar y a través del principal canal de comunicación del país.

Así entraron a colonizar un espacio en muchos hogares cristianos, a través de un gesto que hace no muchos años habría sido pacíficamente calificado de “obsceno”, transmitiendo así la ideología y la moral del movimiento gay que representan.

La nueva “normalidad”

La imagen del beso de Angélica y Claudia está destinada a representar más que el triunfo de un movimiento ideológico o político, el símbolo de un cambio de época, que inició con el escandaloso beso de Margarita Rosa de Francisco y Amparo Grisales en la novela “Los pecados de Inés de Hinojosa” y que se terminó de consolidar con el de la nueva alcalde y su pareja, cuando el escándalo ya no corre por cuenta del beso si por quienes, como la periodista española Salud Hernández, se atrevieron a criticarlo.

Escena de la novela «Los pecados de Inés de Hinojosa» de RTI Televisión (1988), dirigida por Jorge Alí Triana y basada en una novela colonial de Próspero Morales Pradilla.

Eso no quiere decir que el país haya asumido pacíficamente la ideología de género, pues el país seguirá por mucho tiempo dividido entre quienes la ven como la cumbre de los derechos y las libertades, y quienes la rechazan por irracional e inmoral.

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Lo que pasa es que la minoría que la promueve tiene hoy el poder político, gracias a la efectividad de su propuesta cultural y movilización social, mientras que la minoría que se opone está arrinconada y a la defensiva, incapaz de convencer ni liderar a una mayoría sociológica que poco a poco va acostumbrándose a los nuevos paradigmas morales.

Vulgar y obsceno

Por fuera de la burbuja ideológica progresista, el gesto de Claudia y Angélica resultó sorprendente y chocante. Y hay buenas razones para ello.

Para quienes no quieren normalizar en sus hijos un modelo de “familia” y “amor” homosexual, poco pudieron hacer ante esa exhibición que vale más que mil palabras.

Debieron sentirse asaltados por Caracol, que incluyó en su transmisión un tipo de expresiones que no suelen verse en horario familiar.

Y mucho menos podrán hacer con lo que viene: apariciones cotidianas de la pareja en medios comunicación, exhibiendo sus inclinaciones sexuales ante la admiración y las alabanzas de los opinadores progresistas, creando un efecto normalizador en la “imaginación” de los más pequeños que vale más que 10 cátedras de derechos sexuales y reproductivos.

Sin duda que desde un punto de vista de estrategia ideológica, este es el momento ideal para que la pareja haga un procedimiento de reproducción in vitro o adopten un hijo, forzando así a Duque, Marta Lucía Ramírez, Uribe y Conservadores y Centro Democrático en pleno, a extenderles sus más sinceras felicitaciones, logrando de contera que los católicos provida se den cuenta que no les queda más refugio en esos partidos políticos.

Pero incluso más allá de la preocupación por la formación de los hijos, el gesto debió parecerle molesto y chocante a muchos adultos, por el sólo hecho de ser algo antinatural.

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Cualquier persona que le de importancia a su vida interior, sabe que para vivir las virtudes es indispensable cuidar la imaginación y el afecto.

Así como la salud del cuerpo exige rechazar alimentos inconvenientes, la salud del espíritu exige rechazar imágenes, música y otros contenidos que no se sujetan a ciertos estándares morales.

Seguramente muchas feministas del abecedario (LGTtbqixyz…) se habrían rasgado las vestiduras, si un alcalde electo polígamo celebraba besando apasionada y simultáneamente a sus dos mujeres.

Les habría parecido un ejemplo devastador para los jóvenes del país, un gesto legitimador del sometimiento de la mujer, un triunfo intolerable de la cultura patriarcal.

Y un gesto así, posiblemente no habría sido transmitido por Caracol en horario triple A, luego de una decisión editorial en la que reafirmarían su compromiso con la equidad de la mujer, y su responsabilidad con la “huella cultural” de su programación.

Una celebración electoral polígama posiblemente habría quedado “fuera de escena”, porque para el feminismo es “obsceno” (según el origen griego del término, que hace referencia a lo que no podía representarse en el escenario teatral).

De la misma manera y en el sentido contrario, para un católico este tipo de gestos homosexuales son siempre “obscenos”, pueden ser tolerados en la intimidad (en el clóset), pero no público, donde se debe respetar la “moral y las buenas costumbres” cristianas.

El problema es que hay una nueva “moral” y unas nuevas “buenas costumbres” hedonistas, que exigen censurar a quien no esté de acuerdo con el exhibicionismo homosexual.

Este beso de Al Gore al recibir la nominación demócrata en el año 2000 también recibió comentarios negativos. El New York Times en una nota editorial comentó como a varios televidentes les causó «incomodidad» ver esa escena.

Finalmente, el cristianismo como forma de vida, ha valorado siempre el decoro, la modestia y el pudor en la conducta social, que entre otras cosas exige reservar las muestras de afecto apasionado a la intimidad.

Y aunque este país ya no sea el país del Sagrado Corazón sino el de las “Cuatro babys”, con su juventud aspirando a los modelos de vida y los valores morales que transmite el reagettón, que aprendió a disfrutar su letra y estética pornográfica, nada nos puede privar del derecho de decir que un beso apasionado y público para celebrar una victoria política, ya sea de dos célebres lesbianas o de una católico matrimonio heterosexual (ver otros besos de políticos heterosexuales que han causado controversia), es en nuestro concepto, bastante “vulgar”.

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