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EE UU advirtió al Papa no renovar los pactos secretos con China

Pompeo y Francisco
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Escrito por Redacción R+F

Resulta significativo que, al pedírsele al Señor que reprendiera e hiciera callar a sus discípulos que anunciaban el Reino de Dios, éste respondiera:

«Os digo que si éstos callan gritarán las piedras»”.

Lucas 19, 38 – 40

Pues bien, algo semejante parece estar ocurriendo ahora.

Según lo registró Infovaticana el pasado 21 septiembre de 2020 a través de su columnista Carlos Esteban, “Hoy expiran los pactos secretos provisionales llevados a cabo por el cardenal Parolin y negociados por el ex cardenal McCarrick entre Pekín y la Santa Sede, y el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, ha advertido contra su ratificación.

Estos pactos, cuyo contenido se desconoce, pero por cuyos “frutos” se deduce una claudicación de la Iglesia ante el aparato estatal comunista chino que desde su entrada en vigor se ha dedicado a perseguir a los católicos, a derribar templos y a nombrar sus propios “obispos”, han sido objeto de debate e impugnación en el resto del mundo, y de no pocos sufrimientos para los católicos fieles en dicha nación.

Sobre ellos ha hecho una seria e importante advertencia el gobierno de los Estados Unidos a la Santa Sede, instándole a no renovarlos por su carácter, efectos nocivos y, sobre todo, porque con ello “se pondría en riesgo la autoridad moral del Vaticano“.

Veamos este artículo, del que hemos destacado la nota con el importante pronunciamiento de Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo.


“El Vaticano pondría en riesgo su autoridad moral si renovara el acuerdo”, ha declarado en una nota oficial el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, que visitará la Santa Sede el próximo día 29. Geopolítica, sí, pero Pompeo ha usado argumentos que se han venido repitiendo con creciente perplejidad desde que hace dos años se firmara el pacto provisional:

“La Santa Sede llegó a un acuerdo con el Partido Comunista de China, esperando ayudar a los católicos chinos. Pero el abuso de los fieles por parte del partido comunista Chino solo ha empeorado”.

Es difícil negar que es un argumento de peso, con los datos en la mano que hemos ido desgranando estos dos años de pesadilla para la Iglesia clandestina china -la única legítima hasta entonces- y que no se ha cansado de denunciar el arzobispo emérito de Hong Kong, cardenal Joseph Zen.

La nota hace explícita parte de la situación:

“Dos años después, está claro que el acuerdo chino-vaticano no protegió a los católicos de la persecución del Partido, sin mencionar el terrible trato que el Partido reserva a otros cristianos, budistas tibetanos, seguidores de Falun Gong y creyentes de otras religiones.

El informe anual de 2019 del Departamento de Estado sobre la libertad religiosa proporcionó un ejemplo sorprendente con la historia del padre Paul Zhang Guangjung, quien fue golpeado y luego «desaparecido» por negarse a unirse a la Asociación Patriótica de Católicos Chinos, dirigida por el Partido Comunista. Y este es solo uno de los muchos ejemplos”.

Pompeo, naturalmente, no puede hacer referencia a lo que el pacto puede haber supuesto para el destino de la Iglesia y su unidad, de modo que incide en la ‘autoridad moral’ del Pontífice romano.

“La Santa Sede tiene la capacidad y el deber únicos de centrar la atención del mundo en las violaciones de derechos humanos, especialmente las cometidas por regímenes totalitarios, como el de Pekín.

A fines del siglo XX, el poder del testimonio moral de la Iglesia ayudó e inspiró a quienes liberaron a Europa Central y Oriental del comunismo y a quienes desafiaron los regímenes autocráticos y autoritarios en América Latina y Asia Oriental.

Ese mismo poder de testimonio moral debería seguir utilizándose hoy contra el Partido Comunista Chino”.

La Santa Sede, bajo el pontificado de San Juan Pablo II, se convirtió en un referente moral indudable en la lucha por el alma de Occidente contra el totalitarismo comunista, y este es el ‘capital moral’ que la Iglesia se arriesga a destruir al apoyar una tiranía como la china con estos acuerdos.

“La historia nos enseña que los regímenes totalitarios solo pueden sobrevivir en la oscuridad y en silencio, cuando sus crímenes y brutalidades no se ven ni se condenan”, afirma la nota.

“Si el Partido Comunista de China pone de rodillas a la Iglesia católica y a otras comunidades religiosas, se fortalecerán los regímenes que no respetan los derechos humanos y se incrementará el costo de las tiranías persistentes para todos aquellos fieles valientes que honran a Dios ante el autócrata de turno”.

Pompeo acaba el mensaje con un ruego dirigido a las autoridades de la Iglesia universal:

“Ruego a la Santa Sede, y a todos los que creen en la chispa divina que ilumina toda la vida humana, que al tratar con el Partido Comunista de China recuerden las palabras de Jesús en el Evangelio según Juan: La verdad os hace libres”.


Hasta ahí el artículo de Carlos Esteban, recogiendo el importante, oportuno y sensato pronunciamiento del gobierno de los Estados Unidos, sobre una cuestión que, en lugar de sanar, ha abierto y ha hecho sangrar aún más esta dolorosa herida que no sólo afecta a la Iglesia y a los Católicos oprimidos y perseguidos, sino a la humanidad, porque es a Dios mismo a quien se intenta reprimir cuando se persigue a su Iglesia, como lo señala sin ambages el texto bíblico que relata la conversión de Saulo, luego el Apóstol San Pablo:

Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevar presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres. En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo resplandeció de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía:

―Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

―¿Quién eres, Señor? —preguntó.

―Yo soy Jesús, a quien tú persigues –le contestó la voz–. Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.

Los hombres que viajaban con Saulo se detuvieron atónitos, porque oían la voz, pero no veían a nadie.

Hechos 9, 1-7.

Finalmente, otro breve pasaje en el que se relata la entrada de Jesús a Jerusalén, cuando descendía del Monte de los Olivos, resulta significativo, por cuanto al pedírsele que hiciera callar a sus discípulos que anunciaban el Reino de Dios diciendo: «Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas», éste dio dio una respuesta tajante:

“Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Respondió: «Os digo que si éstos callan gritarán las piedras»”.

Lucas 19, 38-40

Pues bien, algo semejante parece estar ocurriendo ahora.


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