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Dos “papás” gays en Pato Aventuras cortesía de Disney

DuckTales
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Escrito por Redacción R+F

“Además de aparecer como el ejemplo de una familia feliz, también se presentan al público como una pareja con un corazón de oro, ya que ha llegado a adoptar a la mejor amiga de “su” hija. Esto es propaganda arco iris, pero los autores de DuckTales han ido más allá…”.

Este artículo fue escrito por Giuliano Guzzo, y publicado en La Nuova Bussola Quotidiana. Por su evidente interés y actualidad, y las implicaciones que esta serie tiene en la vida familiar, lo hemos traducido y lo ofrecemos aquí a nuestros lectores.

En la serie “Pato Aventuras”, aparecieron dos “papás” gays –dos patos– con dos hijas y cada uno usando la camiseta con las palabras “Estoy con papá”. ¿Una sorpresa? No del todo. Este es otro frente de la causa Lgbt de Disney, donde ya en la década de 1990 –como reveló el entonces CEO Michael Eisner–, el 40% de los empleados eran gays.

Desde hace unos días, Disney ha sido un poco más arco iris. La consagración final a la causa Lgbt de la productora de dibujos animados, ya considerada progresiva durante años, tuvo lugar durante la tercera temporada de DuckTales, una serie animada de televisión desarrollada en 2017 por Matt Youngberg y Francisco Angones, pero inspirada en una caricatura del mismo nombre producida por Walt Disney Company desde 1987. En resumen, no estamos hablando de un producto Disney de nicho, sino de un verdadero orgullo de la casa que, como se dijo, con razón puede ser considerado arco iris.

Sí, porque en Pato Aventuras sucedió que aparecieron dos padres gays, dos patos que ni siquiera tenían una sino dos hijas: Violet Apollonia Sabrewing –un personaje que apareció por primera vez en la segunda temporada de la serie– y su mejor amiga, Lena.

Esta última, se explica a los espectadores, fue adoptada por los dos padres, que por lo tanto, además de aparecer como un ejemplo de una familia feliz también se presentan al público como una pareja con un corazón de oro, ya que ha llegado a adoptar a la mejor amiga de “su” hija.

Esto sería suficiente, en una inspección más detallada, para hablar de propaganda arco iris, pero los autores de Pato Aventuras han ido más allá, hasta el punto de la exageración.

En su debut en la caricatura, de hecho, los dos patos lucían una camiseta –cada uno indicando la del otro– con la misma inscripción: “Estoy con papá”, están con papá. En resumen, incluso los más duros y escépticos están llamados a rendirse: Disney realmente ha elegido quedarse con el mundo lgbt. Pero “se puede hacer más”. Por lo tanto, la “familia” de Violet Apollonia Sabrewing es sólo el comienzo de lo que está por venir.

“Estoy con papá” dicen las camisetas de los hombres homosexuales, para que a los niños no les quede duda de que se trata de una “familia LGTB”.

Por lo tanto, parece necesario, en este punto, una reflexión. Se puede partir de la consideración de que ha habido un “giro” disneyano, sólo que no lo es. De hecho, mientras que es cierto que el registro del arco iris pertenece a Arthur –famosa caricatura de la red pública Pbs, con picos de 10 millones de audiencia, que el año pasado incluso emitió un matrimonio gay– por otro lado la proximidad de Disney al mundo gay se remonta a alrededor de un cuarto de siglo. Lo cual, no es una elucubración católica destinada a desacreditar a nadie, sino una certeza incontrovertiblemente documentada.

La referencia, aquí, es a un video –también apareció en línea– de una conferencia celebrada en 1998 en la Universidad de California por Elizabeth Birch, ejecutiva de 1995 a 2004 de la Human Rights Campaign, la organización Lgbt más grande de Estados Unidos. Bueno, en este video, después de asegurarse de que no había periodistas en la audiencia y probablemente sin saber que estaba siendo filmada, Birch informa sobre un intercambio de chistes que tuvo con Michael Eisner, CEO de Walt Disney Company durante más de veinte años, al que dijo que el 30% de sus empleados eran gays, pero él la corrigió: “Estás equivocada, Elizabeth, son el 40 por ciento“.

Atención: hablamos de 1998, así que se trata de toda una ‘era geológica’ con respecto al progreso y las conquistas de los Lgbt de los últimos años. De ello se deduce, si consideramos este precedente escandaloso, que no hay ninguna novedad introducida con DuckTales. Ante todo, estaba lidiando con la oficialización de una sospecha desagradable sobre la esclavitud de las caricaturas a causas políticas y propagandísticas. Pensando con el deseo, por escrito, por supuesto, todavía esperamos estar equivocados.

Desde este punto de vista, sería bueno que Walt Disney hiciera un buen detrás de las escenas, como cuando, en 1999, había anunciado oficialmente que había retirado 3,4 millones de copias de la cinta de video de The Adventures of Bianca y Bernie debido a algunos marcos en los que, en cualquier momento, apareció una mujer en topless. Un episodio considerado como un serio traspié, y por el que precisamente la casa se disculpó. Pero nos tememos que no ocurrirá lo mismo con DuckTales, cuyo guiño a la causa Lgbt tiene todo el sabor de la intencionalidad. Las familias están advertidas y, ojalá, se pongan en alerta para que estén, al menos, medio salvadas.


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