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Benedicto XVI y sus alumnos toman la palabra: «Crisis del sacerdocio, la respuesta es Cristo».

Edwin Botero Correa
Escrito por Edwin Botero Correa

«El significado final de los actos humanos refiere a la salvación o a la condenación eterna».

Joseph Ratzinger

Las notas de Benedicto XVI «tocan las profundidades de la crisis actual, que en última instancia es una crisis de fe en la existencia del Dios trascendente. Una crisis en la cual las fuerzas primordiales del bien y el mal se enfrentan en casi todos los niveles de la Iglesia».

ACI STAMPA ha publicado una relación puntual del último encuentro-simposio entre los antiguos y nuevos alumnos de Joseph Ratzinger / Papa Benedicto XVI, más conocidos como los «Schuelerkreis», efectuado los días 27 y 28 de septiembre de 2019 en Roma, y que este año tuvo como novedad, además de la sesión de estudio privada, una pública.

El tema abordado fue el de la crisis del sacerdocio, para el cual se tomaron como base y fueron analizadas y profundizadas las notas escritas por Benedicto XVI y publicadas este mismo año en relación con «La Crisis de los Abusos en la Iglesia».

En ellas, el Papa llama la atención sobre el vacío que está en la raíz de la misma, y aún en la actual crisis de identidad del sacerdocio y de la vida consagrada, y señala que se trata de la relegación de Dios, por lo cual estas crisis denotan su ausencia no sólo en la Teología sino en la vida de fe y, por lo tanto, en la pérdida de sentido y de dirección de la propia vida. De esta manera, se explica y se concluye cómo se ha eclipsado el cumplimiento de la misión de la Iglesia de procurar la Salvación de las almas, llevándolas a la plenitud de la Verdad. Tarea que corresponde restablecer y para la cual se afirman aquí criterios fundamentales.

Dejamos ahora en manos de nuestros lectores esta excelente y puntual síntesis de tan importante reunión, realizada por Andrea Gagliarducci.

Traducido para Razón + Fe por Edwin Botero Correa


Dos días de reuniones: una parte privada, en el esquema tradicional de los «Schuelerkreis» y luego, por primera vez, una reunión pública. Los alumnos de Ratzinger toman la palabra

Benedicto XVI durante un almuerzo Schuelerkreis en 2007 – Foto: papst.de

Por Andrea Gagliarducci

CIUDAD DEL VATICANO, 30 de septiembre de 2019 / 9:00 AM (ACI Press).

La respuesta es Cristo. La teología de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI lo dice, todo centrado en la verdad. Y lo dicen, siguiendo al maestro, sus alumnos, los miembros del viejo y el nuevo Schuelerkreis, quienes por primera vez toman la palabra en Roma en un simposio público, con una declaración final sobre el sacerdocio.

Joseph Ratzinger nunca quiso crear una escuela teológica. Es demasiado humilde para pensar que podría ser un maestro. Y, sin embargo, un círculo de estudiantes se reunió a su alrededor, el Ratzinger Schuelerkreis, coordinado por el Padre Stephan Horn, quien había sido el asistente de Ratzinger. Todos los años, este círculo se ha reunido con Ratzinger desde que su maestro se convirtió en arzobispo de Mónaco, y luego prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, y más tarde Papa. A pesar de sus compromisos, Benedicto XVI siguió siendo profesor, amante del debate y de la búsqueda de la verdad.

Cuando se convirtió en Papa emérito, ya no presidía las reuniones. Pero él continuó guiándolos. Mientras tanto, a los antiguos doctorados se les unieron estudiantes nuevos y jóvenes que se enamoraron de la teología de Ratzinger. Los «Nuevos Schuelerkreis», que ya celebraron varios simposios, se establecieron en círculo, mientras que la Fundación Ratzinger y luego la Biblioteca Ratzinger dieron un nuevo impulso al estudio del pensamiento de Benedicto XVI. Por primera vez, el 28 de septiembre, celebraron un simposio público en Roma, después de la reunión privada anual con los miembros de Schuelerkreis.

La crisis del sacerdocio

El tema elegido fue el del sacerdocio. Un tema crucial, que los estudiantes de Benedicto XVI examinan cuidadosamente, considerando también el contexto del que provienen muchos de ellos: esa Iglesia de Alemania de la que surgió la declaración de Colonia de 1989 que tenía como objetivo otorgar la comunión a los divorciados y vueltos a casar, y que ahora quiere celebrar un sínodo para discutir los temas de la doctrina de la Iglesia.

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Sin embargo, la convicción es la de tener que considerar ante todo el papel del sacerdote. El cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dijo a ACI que «la crisis del sacerdocio es una crisis de identidad, y encontrar la identidad teológica es muy importante».

Benedicto XVI aprecia mucho la expresión de San Agustín, quien recuerda cómo en la Biblia a Juan el Bautista se le llama voz, mientras que a Jesús se le llama Palabra«.

Cardenal Kurt Koch

El cardenal Koch recuerda que «Benedicto XVI escribió un volumen completo sobre el sacerdocio, de 900 páginas, profundizando este tema en la visión del Concilio Vaticano II». Para Benedicto XVI, agregó, «el sacerdote es ante todo el anunciador de la Palabra de Dios, pero también es el que celebra los sacramentos. Benedicto XVI aprecia mucho la expresión de San Agustín, quien recuerda cómo en la Biblia a Juan el Bautista se le llama voz, mientras que a Jesús se le llama Palabra».

Los dos días de Schuelerkreis

La segunda parte del Simposio fue pública y tuvo una participación notable, con muchas solicitudes. Pero, ¿qué sucedió el 27 de septiembre, cuando los miembros de Schuelerkreis y Neuer Schuelerkreis se reunieron?

El profesor Christoph Ohly, uno de los organizadores de los dos días, le dijo a ACI Stampa que hubo tres informes, lo que condujo a un debate animado y profundo.

«El primer informe, dijo, fue dado por el padre Vincent Twomey, irlandés, miembro de Schuelerkreis, quien analizó el último escrito de Benedicto XVI sobre abusos en la Iglesia. El padre Twomey destacó que el escrito está dividido en tres partes, de las cuales la parte preponderante es la relativa a la ausencia de Dios. Sin embargo, indicó, las críticas no incluyeron la centralidad de esta parte. Con razón, Benedicto XVI señaló que las críticas son precisamente una elocuente demostración de tal vacío, la ausencia de Dios».

El segundo informe fue realizado por el abad de Heiligenkreuz Maximilan Heim, miembro de Neuer Schuelerkreis. Habló de los impedimentos a la vocación sacerdotal, que se fundamentan sobre todo en la falta de una cultura de adoración y del sentido de lo sagrado. Pero –añadió el profesor Ohly– el abad Heim «también indicó las grandes puertas para alcanzar la vocación, que son

  • la oración,
  • la santidad,
  • el acompañamiento espiritual para los jóvenes,
  • una doctrina clara,
  • una predicación fuerte y
  • la vida sacramental».

Finalmente, el profesor Karl-Heinze Menke, un teólogo muy estimado por Benedicto XVI, tomó la palabra. Se esperaba que presentara un informe sobre el «Sacerdocio Ministerial en la Iglesia», pero él más bien se refirió a la crisis de la Iglesia en la perspectiva alemana, pues el debate en Alemania, con la «tirata d’orecchi» (jalón de orejas) de la Congregación de los Obispos sobre los proyectos sinodales del cardenal Marx, ha entrado con fuerza precisamente en el tema del sacerdocio. El profesor Ohly informó que el profesor Menke hizo una analogía entre la situación de la Iglesia en Alemania y las Cinco Heridas de la Iglesia descritas por el Beato Antonio Rosmini (la división del pueblo por parte del clero; la educación insuficiente del clero; la desunión de los obispos; el nombramiento de obispos abandonados al poder laico; y la servidumbre de bienes eclesiásticos).

El profesor Menke, explica el profesor Ohly, «ve la cristología como el antídoto para estas heridas: si no confesamos a Cristo como el Dios encarnado, como el Hijo de Dios que sufrió y que resucitó, entonces Él pierde significado para la Iglesia, y a su vez también la Iglesia pierde significado». Así, el profesor Menke también ha destacado el consecuente peligro del funcionalismo que se infiltra en las filas de la Iglesia.

Benedicto XVI

La sesión pública del Ratzinger Schuelerkreis

La sesión pública del 28 de septiembre terminó con una declaración de todos los participantes, dedicada específicamente al papel del sacerdote, que consiste precisamente en poner a Cristo en el centro. «En tiempos de crisis y de dolorosa purificación eclesial –enfatizan los participantes– las reformas estructurales no traen curación y ayuda: lo que las trae es el testimonio de la fe auténticamente vivida. Solo cuando la mirada común se orienta hacia Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, puede renovarse la Iglesia».

Los participantes recuerdan que la teología de Ratzinger establece claramente que «en el seno de la Iglesia hay quienes viven una vida de santidad», y por esto hay que estar agradecidos «por cada testigo de esta santidad, en el matrimonio y en la familia, en la vida consagrada y en todas las otras formas también presentes hoy en la Iglesia».

El sacerdote, dicen los miembros del Schuelerkreis, «no es un funcionario; más bien, cumple la misión de Dios al ser Cristo» (In Persona Christi). En resumen, «el sacerdote, de manera sacramental, representa a Cristo como el Buen Pastor», y «en esta relación personal entre Cristo y la Iglesia, entre el sacerdote y el creyente, según la doctrina de la Iglesia, se encuentra la razón fundamental del hecho de que el sacerdote representa sacramentalmente a Cristo. Él no representa a Cristo como lo haría un embajador; más bien es una representación real, cuyo criterio decisivo es el seguimiento de la cruz».

Por esta razón, la presencia de Cristo en la vida del sacerdote debe ser «reconocible y efectiva en la vida diaria», y es a partir de aquí que «vienen las obligaciones de obediencia y celibato para el Reino de los Cielos, obligaciones que son la expresión humana y espiritual de la conformación sacramental del sacerdote a Cristo. En consecuencia, la ordenación sacerdotal implica el seguimiento personal de Cristo, mientras que el pecado es el escándalo que oscurece su credibilidad».

Durante la sesión pública, el profesor Kal Heinz Menke recordó que «el ministerio sacramental en la Iglesia es objeto de críticas, no solo a partir del escándalo sobre el abuso y las nuevas discusiones sobre el celibato o la ordenación de mujeres», sino por el hecho de «existir tendencias teológicas que cuestionan la sacramentalidad de la Iglesia en general y la diferenciación entre el sacerdocio ministerial de los ordenados y el sacerdocio común de todos los bautizados».

La profesora Marianne Schlosser a su vez enfatizó que «según la concepción católica, la ordenación sacerdotal significa no solo conferir una función en la Iglesia, sino también el llamado al seguimiento personal de Cristo, el Buen Pastor». Por esta razón, agrega, «la vida célibe parece ser conveniente en muchos aspectos (Presbyterorum Ordinis 16): es la forma de vida de Jesús que dio su vida por la humanidad hasta la muerte». Además, «el celibato es un testimonio elocuente de esperanza fiel en la vida eterna. Al renunciar al matrimonio y a la propia familia, en el sacerdote debe crecer un amor generoso por la familia de Cristo, así como la adhesión personal al Señor».

La relación del padre Twomey

De particular interés es el informe del padre Twomey durante la parte reservada del Ratzinger Schuelerkreis del 27 de septiembre. El padre Twomey dedicó su análisis al texto que Benedicto XVI escribió sobre la crisis de abuso sexual por parte del clero. Texto que no estaba exento de ataques y críticas, a lo que Benedicto XVI respondió con una carta en la que señaló que la cuestión de Dios era central en su texto, aunque sus críticos nunca lo mencionaron.

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El padre Twomey también señala esto, subrayando que se ha vuelto más crítico con dicho texto mediante una lectura sistemática, simplemente porque tiene una parte argumentativa que en algunos casos aparece débil, por lo que puede ser objeto de ataques, como ha sucedido. Pero la verdad es que el texto se desarrolla de modo coherente palabra por palabra, mientras las críticas se pueden separar fácilmente.

Las críticas se centraron principalmente en la primera parte del texto, en la que se habla sobre cómo la revolución sexual de 1968 afectó la incidencia del abuso.

El padre Twomey afirma firmemente que Benedicto XVI no «negó que hubo abusos antes de 1968, y ciertamente sabía de las severas sanciones a los abusos previstos por el código de 1917», y que al mismo tiempo «nadie que vivió en la década de 1960 puede negar que la revolución sexual caracterizó un cambio de era», y prueba de ello son «las muchas organizaciones que florecieron en la década de 1970 para promover la pedofilia como una opción aceptable, no con poca frecuencia con el apoyo de sacerdotes católicos».

El profesor Twomey desea destacar que Benedicto XVI hizo hincapié en «el colapso de la teología moral católica de la época, que hizo que la Iglesia estuviera indefensa frente a este ataque cultural masivo contra la moral tradicional en los años sesenta y setenta».

Esta contrapuesta ‘teología’ moral niega «que cualquier acto pueda ser intrínsecamente malo» y, por lo tanto, «niega la moral objetiva y las normas absolutas», un principio que, combinado con una comprensión de la sexualidad que considera «la fertilidad como un accidente del acto conyugal, ha llevado al surgimiento de una nueva moral sexual en contradicción con la tradición moral católica».

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Para probar estas afirmaciones, el profesor Twomey recuerda el estudio encargado por la Sociedad Teológica Católica de América, el llamado Informe Kosnik, que mostró que «la teología contemporánea estaba yendo más allá del enfoque tradicional y proponiendo separar ‘moralidad y sexualidad’, proporcionando así excusas para la masturbación, la convivencia, el adulterio, la homosexualidad e incluso el bestialismo, y además con la pretensión de que se convierta en un enfoque estándar para la enseñanza de la teología moral.

Luego estuvo el asunto de los clubes gay en los seminarios. El padre Twomey enfatiza que la Santa Sede envió dos visitas apostólicas, que no tuvieron los resultados deseados: la primera fracasó ante un manto de silencio; la segunda no tuvo resultados tangibles, hecho atribuible a «el nombramiento de obispos de acuerdo con un mal entendido criterio conciliar», cuya consecuencia evidente fue que no tomaron medidas.

Pero la pregunta central es la cuestión de Dios. La muerte de Dios trajo consigo el hecho de abogar por una nueva era de libertad, pero «en realidad esbozó el fin de la libertad», porque «si no hay un propósito en la vida, si no hay un propósito fijo, no hay forma de distinguir el bien y el mal, no es ni hay verdadera libertad».

Y así, hay un mundo occidental en el que «Dios está ausente de la vida pública», el mal se «da por sentado» (se asume como algo normal) y, por lo tanto, el daño se vuelve incalculable, como sucedió con la pedofilia, que desde que se teorizó como algo legítimo se ha vuelto algo cada vez más común.

El padre Twomey señala que existe el riesgo de asumir que «son los señores de la fe» en lugar de «ser renovados y guiados por la fe», mientras que la Iglesia de hoy es «ampliamente considerada como un cierto tipo de aparato político»; y se habla en categorías casi exclusivamente políticas, algo que también se aplica a los obispos, quienes formulan sus ideas de la Iglesia del mañana casi exclusivamente en términos políticos.

Twomey señala que para Benedicto XVI, olvidar a Dios no es «un» problema, sino «el problema». Las notas de Benedicto XVI sobre el abuso no son una nostalgia y un volver a batallas perdidas, porque la cuestión de la teología moral es un tema muy actual, y esto «es evidente si miramos las controversias que rodean el Sínodo de los Obispos sobre la familia», mientras es patente que «la causa de desmantelamiento del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia este año se deriva precisamente de la interpretación de Amoris Laetitia».

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La Humanae Vitae de Pablo VI también fue acusada de estar lejos de la «vida real». Pero dicha encíclica fue un hito, y la forma en que fue recibida (o más bien rechazada) dejó ver «ante todo un rechazo a la autoridad de la Iglesia para enseñar principios morales».

Pero, como lo destaca Ratzinger,

«El significado final de los actos humanos refiere a la salvación o a la condenación eterna».

Joseph Ratzinger

Y es por esta razón, concluyó Twomey, que las notas de Benedicto XVI «tocan las profundidades de la crisis actual, que en última instancia es una crisis de fe en la existencia del Dios trascendente. Una crisis en la cual las fuerzas primordiales del bien y el mal se enfrentan en casi todos los niveles de la Iglesia».

Sobre el Autor

Edwin Botero Correa

Edwin Botero Correa

Comunicador Social - Periodista.
Estudios, Formación y Experiencia en Comunicación, Filosofía y Humanismo, Desarrollo Humano, Gerencia, Doctrina Social de la Iglesia, Educación y Pedagogía.

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