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¿Héroe o fanático? Adolescente se planta a rezar frente a desfile homosexual

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Escrito por Redacción R+F

Como un héroe ha sido tratado el adolescente de 15 años, Jacobo (Jakub) Baryła, por diversos líderes católicos, debido a su gesto de plantarse con un crucifijo y un rosario, a rezar frente a la primera marcha homosexual realizada en (Płock) Polonia,  el pasado 10 de agosto .

«Quería que muchas personas vieran esto para que reflexionen y discutan».

Jacobo Baryła

Jacobo, quien se describe a sí mismo como «católico, tradicionalista, conservador y patriota»,  cuenta que se inspiró en el ejemplo del Padre Ignacio Skorupko,  quien murió el 14 de agosto de 1920, sosteniendo una cruz similar mientras daba ánimo a los soldados que luchaban en el frente de batalla contra los bolcheviques.

Ignacio Skorupko

En un primer momento, comentó un medio polaco, se había arrepentido de hacerlo pensando en las «consecuencias sociales» que tendría su gesto, y confesó que tenía «miedo por la forma como reaccionaría la gente».

Una blasfemia fue el detonante

Sin embargo, al ver en el desfile una imagen blasfema de la Virgen de Chestokova, patrona de Polonia, a la que le habian pintado una aureola arcoiris, cambió de opinión y entró a una parroquia para pedir prestado un crucifijo.

«Caminé con la cruz frente al cordón de seguridad de la marcha homosexual, me senté en el pavimento y recé en latín el Salve Regina. Dirigí mi oración a la Madre Dios, el ideal de la pureza», narró Jacobo.

Cuando la policía le pidió que se apartara, contestó que no podía, pues el movimiento homosexual está destruyendo la fe católica de Polonia, y también está deshonrando la bandera polaca, al ponerle un arco iris que no le correspondía.

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«No pensé en el miedo. Estaba concentrado en la cruz que tenía en mis manos. Soy católico y me enfoqué en Dios, quien da la fuerza. Sentí como si Dios me estuviera dirigiendo», concluyó el joven, calificando la actuación de la policía como «impecable».

Su futuro no es la política, sino la fe

Ante las acusaciones que se le han hecho de oportunismo político, Jacobo, quien es miembro del Consejo Juvenil de su municipio, responde que él no aspira a ser político sino que quiere ser sacerdote.

«Nunca fue mi intención buscar reconocimiento social por mis acciones. Lo hice de forma natural, y ese reconocimiento fue una consecuencia, no el propósito de mi gesto», aclaró.

La admiración por su gesto lo ha convertido en ícono de la resistencia católica frente a la dictadura homosexualista y anticristiana.

La persecución judicial homosexualista

Como era de esperarse, organizaciones homosexuales inmediatamente solicitaron investigaciones penales contra la familia del joven, a la cual acusaron de adoctrinar durante largos años a su hijo, de instrumentalizarlo con fines políticos nacionalistas,  así como de poner su vida en riesgo al enviarlo a provocar una revuelta, y de permitir que asista a reuniones con personas racistas y homófobas.

Sin embargo, en una entrevista en el programa «Póker Periodístico» de la televisión pública de ese país,  Jacobo explicó  que sus padres nunca lo han adoctrinado en absoluto pues son más bien izquierdosos.

Durante esta marcha hice todo lo que pude. Defendí nuestra fe, que hoy está mezclada con barro.

Jacobo Baryła

Cuando fue confrontado por haber bloqueado una manifestación pacífica, el adolescente explicó que las denominadas marchas por la igualdad «no son pacíficas en absoluto».

Las manifestaciones pacíficas no buscan ofender a otras personas, y si lo hacen involuntariamente, en cuanto se dan cuenta no lo vuelven a hacer.

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En cambio los LGTB ofrenden casi siempre en todas sus manifestaciones,  utilizando por ejemplo una imagen de la madre de Dios con una aureola arcoiris.

«Este tipo de imágenes no me ofenden a mí personalmente, sino que ofenden a Dios», dijo en la entrevista.

El movimiento LGTB busca legitimar el pecado y normalizarlo, explicó, agregando que si bien es verdad que existe el libre albedrío, la sociedad debe hacer algo para limitar las malas conductas.

Ante la insistencia del presentador en que sus padres o alguien lo había presionado para plantarse contra la marcha gay, Jacobo contestó «Puedo jurar ante esta cruz, ante Dios, que nadie me obligó a hacerlo. Si te ayuda a creerme, lo juro y prometo».

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