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Política y religión: ¿en orillas distintas?

Escrito por Invitado

Imagen tomada de: http://www.forumlibertas.com.

Por: Clemencia Salamanca y Martha Flórez, precandidatas al Senado por el movimiento Vida por Colombia.

La Iglesia Católica, como signo y salvaguardia de la persona humana, por razón de la misión a ella encomendada, ha manifestado reiteradamente y con mayor empeño en el último siglo, desde Pío XI hasta Francisco, que la política es el más alto grado de caridad, y en efecto así lo es, ya que su “criterio básico está en la consecución del bien común”[1] y su finalidad presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral y al bienestar social[2].

Fundamentada en los principios del pensamiento social cristiano, la política se hace capaz de generar corrientes inmanentes de vida, verdad y amor en las que -como ciudadano- yo doy, pero no pierdo lo que doy, al contrario, me enriquezco con el don, como cuando una madre ama al hijo, el hijo recibe el amor de la madre y la madre crece en el amor[3].

No obstante, hoy por hoy, este vocablo se encuentra tan desprestigiado y devaluado que es prácticamente “impronunciable” para el pueblo colombiano, y la “gente de a pie” ve sospechoso a quien pretende ejercerla, pues considera que ineludiblemente efectuará la representatividad confiada para sus propios intereses, traicionando la confianza entregada con el voto y aprovechando el poder conferido únicamente con la finalidad de abusar, robar al pueblo y hacer alianzas perversas en contra del mismo.

Si a esto se suma el agravante de que la “clase política” se observa monopolizada y protegida por un sistema judicial y ejecutivo que igualmente es visto con alguna frecuencia como corrupto, es más que evidente que ningún ciudadano quiera participar en la política para no verse involucrado ni sentirse “cómplice” de estas intrigas y bajezas[4]. Esta visión distorsionada tuvo su razón de ser en que ella se transmutó en simple lucha por el poder, desligándose de la ética[5], y en que la estructura del Estado colombiano, desde sus inicios, no correspondió con la realidad fáctica del cuerpo de la Nación.

Ahora bien, para los fieles creyentes, surge aún otro escollo: ha crecido en ellos la idea preconcebida de que la Iglesia no debe meterse en política y que la religión pertenece al ámbito de lo estrictamente privado, llamado por algunos el “truco del laicismo”, puesto que la supuesta “neutralidad” del Estado nunca es tal y la imposición de criterios laicistas se convierte en una especie de “confesionalismo ideológico”, que viene a ser, precisamente, el mismo abuso del que se acusa a la otra parte[6].

Estas tres razones fundamentales (el descrédito, el temor a “empantanarse” y el “truco del laicismo”) impiden en gran medida al creyente considerar su participación en política, fermentando una idea equivocada de separación entre religión y política que puede ser peligrosa y contraria a la misma fe, ya que propugnaría un laicismo agresivo y no una laicidad positiva.

Trabajar en la política como servicio y deber

Aunque la comunidad política y la Iglesia son autónomas, ello no es impedimento para que esta ejerza su misión entre los hombres sin traba alguna dando su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político.[7] Es más que conocido su importante papel de referente moral y su tarea de liderazgo y mediación, la cual le es reiteradamente solicitada por la misma comunidad internacional.

Es por esto que el Papa Francisco ha instado a los pastores a oler a oveja y acompañar a los fieles laicos en la vida pública, como lo señaló el 19 de marzo de 2016 ante la Pontificia Comisión para América Latina frente a la pregunta de qué significa para los pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública: “…significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular todos los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres”.

El Sumo Pontífice ha invitado a los laicos a participar activamente en la política, porque involucrarse en esta es una “obligación” para un cristiano. “Nosotros no podemos jugar a Pilato, lavarnos las manos (…) La política es demasiado sucia, pero yo me pregunto: ¿por qué es sucia?, ¿por qué los cristianos no se han involucrado con su espíritu evangélico?”. Y añadió: “es fácil decir: ‘la culpa es de aquel’… pero yo, ¿qué cosa hago? ¡Es un deber! ¡Trabajar por el bien común es un deber de un cristiano! Y muchas veces para trabajar el camino a seguir es la política”.

Así, los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la «política», y tienen el derecho y el deber de participar en la misma[8], ya que tienen la obligación de observar las realidades que oscurecen el plan de Dios en nuestras vidas para ayudar a quitar la venda de los ojos, pero no con el objetivo de ganar debates o discusiones, sino de iluminar con la Luz de Cristo para “…desactivar los odios, y renunciar a las venganzas, y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno…”[9].

Nace el movimiento Vida por Colombia

Grupo de líderes provida y ciudadanos que integran Vida por Colombia/Cortesía.

Grupo de líderes provida y ciudadanos que integran Vida por Colombia/Cortesía.

Estas palabras del Papa Francisco, en el contexto de su visita en septiembre pasado a Colombia, nos proporcionaron herramientas valiosas para desarrollar un programa que permitiera hacer posible este sueño de la cultura del encuentro fraterno a través del surgimiento de “Vida por Colombia”, el cual fue presentado oficialmente en octubre en el Primer Congreso Nacional de Liderazgo Político, que realizaron en La Ceja (Antioquia) el Consejo Nacional de Laicos y la Conferencia Episcopal de Colombia, con el apoyo de la Universidad Católica del Oriente. El objetivo fue sensibilizar sobre la necesidad de que los laicos católicos asuman un liderazgo y una participación activa en el ámbito político del país, como un derecho y un deber frente a la defensa de la fe, la familia, la vida y los valores éticos, morales y religiosos de los colombianos[10].

Asumir este reto ha sido valioso, porque nos ha permitido acercarnos unos a otros; “callejear”, entrever el delineamiento de una nueva Colombia que surgirá si nos comprometemos con empeño a dar el siguiente paso, aunque resulte difícil: lograr que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia[11].

Acudamos al llamado del Santo Padre: los creyentes y ciudadanos de buena voluntad debemos comprometernos en la reconstrucción de la patria, ofreciendo nuestros brazos y pies al Cristo doliente de Bojayá.

Ya no es hora de lamentos inútiles, sino de pensar que si actuamos seremos instrumentos para la reconstrucción de nuestra nación. Permítenos entonces preguntarte, con afecto fraterno, en el momento actual de nuestra patria: ¿que estás haciendo tú para que la política retome su rumbo?

*Te invitamos a hacer parte de nuestro equipo de Vida por Colombia. Puedes contactarnos llamando al celular 3008319752 o en nuestro Fanpage.

Nota relacionada:

Su diálogo sincero, en libertad, es muy importante: Papa a católicos en política

[1] Christi fideles-laici.

[2] Laudato sii.

[3] El Estado Auténtico.

[4] http://enciclopedia_universal.esacademic.com/politiquear.

[5] El Estado Auténtico.

[6] La laicidad positiva del Estado colombiano, Vicente Prieto∗.

[7] GS 76.

[8] Christi fideles-laici.

[9] Gran Encuentro de oración por la Reconciliación Nacional. Villavicencio (Colombia), 8 de septiembre de 2017.

[10] http://es.gaudiumpress.org/content/90136-Colombia–1er-Congreso-Nacional-de-Liderazgo-Politico-sobre-el-laico-en-la-vida-publica#ixzz4y4blUnrP.

[11] Gran Encuentro de oración por la Reconciliación Nacional. Villavicencio (Colombia), 8 de septiembre de 2017.