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El Papa agradeció por las puertas abiertas del “Hospital de Campo” a víctimas y victimarios

Escrito por Redacción R+F

El Papa Francisco hablando con María Cecilia Mosquera, a quien le regaló un rosario. Foto tomada de www.papafranciscoencolombia.co. 

La directora de la Fundación Víctimas Visibles, la periodista Diana Sofía Giraldo, sostuvo un emotivo encuentro este viernes 8 de septiembre en la Nunciatura Apostólica con el Sumo Pontífice, quien llegaba de Villavicencio del Gran encuentro de oración por la reconciliación nacional y la beatificación de un obispo y un sacerdote colombianos, mártires de la violencia y el conflicto armado.

Las palabras que el Papa Francisco expresó en Villavicencio ante víctimas y victimarios del conflicto armado sirvieron de preludio a lo que se viviría en la noche, haciendo hincapié en que no puede haber paz sin verdad, justicia ni misericordia:

“También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Jesús vino para eso: hay esperanza para quien hizo el mal. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse”.

“La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz (…) La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón”.

“Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, y renunciar a las venganzas, y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.

A su llegada a la Nunciatura Apostólica lo esperaba la Fundación “Víctimas Visibles”, que acoge a víctimas y victimarios de las Farc, el ELN, las AUC y agentes del Estado para ayudarlos a reconciliarse, entre otras acciones, a través del retiro espiritual “Hospital de Campo”, curando las heridas del alma que ha abierto la violencia.

“Dios es nuestro director, los médicos son los sacerdotes, el quirófano es el sacramento de la confesión, los enfermos somos todos, los enfermeros son las víctimas, los camilleros son victimarios que oran por las almas de las personas a las que hicieron daño. El método de diagnóstico es único: el apostolado de la oveja y la medicina, Su Misericordia”, le explicó la periodista Diana Sofía Giraldo, Directora de la Fundación, al Papa. Él, conmovido, expresó minutos después: “gracias por el ‘Hospital de Campo’. Gracias porque las puertas fueron abiertas y siguen abiertas”.

A renglón seguido la voz la tuvo María Cecilia Mosquera, quien vio morir quemados a su marido y sus tres hijos durante la voladura del oleoducto de Machuca (nordeste de Antioquia) por parte del ELN en 1998. Su voz no tembló durante el testimonio, aunque tuvo el valor de admitirle al Santo Padre que todavía no ha podido perdonar del todo y le pidió su intercesión ante Dios para que él le diera la gracia de perdonar. “Después de lo que pasó, me entregué mucho a Dios y como ese dolor es tan duro, me entregué de alma y corazón. Eso es muy duro, pero con la ayuda de Dios he ido paso a paso”, relató María Cecilia.

Finalmente, Norbey Echeverry, proveniente de los grupos armados y reinsertado a la sociedad civil, le entregó junto a otra persona reinsertada un nido de cigüeña al Papa como símbolo “de que, en medio de la miseria, milagrosamente se incuba la vida”, en palabras de la Directora de la Fundación.

“Lo más difícil en este proceso ha sido, de corazón, el no perdón de las víctimas, el punto que más me duele, sentirse uno culpable. En ese momento que llega esa culpa, que tú dices: ‘yo fui el que causé ese dolor’, Dios llega con su misericordia y te dice: ‘lo que te está doliendo es el precio que tienes que pagar por lo que hiciste’”, admitió Norbey, quien ‘tocó fondo’ cuando intentó suicidarse y ahora, en cambio, construye su nueva vida al lado de su mujer, paradójicamente víctima del conflicto armado.

Los integrantes de la Fundación, vestidos con capas amarillas, fueron allí un testimonio para todos los colombianos de que el camino de la reconciliación cristiana, aunque difícil, es posible.